La primera computadora analógica de la historia fue construida hace más de dos mil años por los griegos para predecir eclipses y los científicos modernos tardaron un siglo en entender el complejo sistema de engranajes del mecanismo de Anticitera
Recuperado de un naufragio en 1901, el artefacto es considerado la primera computadora analógica de la historia. No se ha encontrado nada comparable en los siguientes mil años de civilización humana

En el año 1901, un grupo de buceadores recolectores de esponjas encontró los restos de un naufragio romano cerca de la isla griega de Anticitera, un pequeño territorio entre Creta y el Peloponeso. Entre estatuas de bronce, monedas y ánforas, los buzos recuperaron un objeto corroído del tamaño de una caja de zapatos que nadie supo identificar.
Durante décadas, ese fragmento oxidado permaneció almacenado en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas sin que nadie comprendiera su verdadera naturaleza. Solo cuando la tecnología de rayos X avanzó lo suficiente, los investigadores descubrieron que en su interior se escondía un sistema de más de 30 engranajes de bronce interconectados con una precisión que no correspondía a ninguna tecnología conocida del mundo antiguo.
¿Qué es exactamente el mecanismo de Anticitera?
El mecanismo de Anticitera es un dispositivo mecánico construido entre el 150 y el 100 a.C., probablemente en la isla de Rodas o en Siracusa, según las hipótesis más aceptadas por la comunidad científica. Su función era modelar y predecir fenómenos astronómicos mediante un sistema de engranajes que el usuario activaba girando una manivela lateral.
No es una computadora en el sentido moderno del término. No procesaba datos digitales ni ejecutaba instrucciones programadas. Era una computadora analógica mecánica: un aparato físico que representaba ciclos celestes mediante la rotación coordinada de ruedas dentadas. Cada engranaje correspondía a un ciclo astronómico específico, y al girar el mecanismo, las agujas de sus esferas indicaban posiciones del Sol, la Luna y probablemente algunos planetas.

De acuerdo con las investigaciones del Antikythera Mechanism Research Project, liderado por universidades como Cardiff y University College London, el dispositivo podía calcular:
- Las fases de la Luna con precisión diaria
- La posición del Sol a lo largo del año
- Eclipses solares y lunares futuros mediante el ciclo de Saros (un patrón de 223 meses lunares)
- El ciclo metónico de 19 años, que sincroniza los calendarios solar y lunar
- Las fechas de los Juegos Panhelénicos, incluidos los Olímpicos
¿Cómo funcionaba un aparato tan complejo hace más de dos mil años?
El mecanismo operaba mediante la interacción de engranajes de distintos tamaños, cada uno tallado con un número específico de dientes. Al girar la manivela, el movimiento se transmitía de una rueda a otra, y cada engranaje giraba a una velocidad proporcional al ciclo astronómico que representaba.
Por ejemplo, un engranaje con 53 dientes conectado a otro de 127 dientes producía una relación de giro que modelaba con precisión el movimiento irregular de la Luna, conocido como anomalía lunar. Los griegos de esa época ya sabían que la Luna no se mueve a velocidad constante, y diseñaron el mecanismo para reflejar esa irregularidad.
La cara frontal del dispositivo mostraba las posiciones del Sol y la Luna en el zodíaco. La cara trasera contenía dos diales en espiral: uno para el ciclo metónico y otro para el ciclo de Saros. Un tercer dial más pequeño indicaba los Juegos Panhelénicos.
Todo este sistema estaba contenido en una caja de madera con inscripciones en griego antiguo que funcionaban como una especie de manual de instrucciones grabado directamente en el aparato.

¿Por qué tardaron tanto los científicos en entender qué era?
El problema fue doble. Primero, el mecanismo llegó al museo en fragmentos severamente corroídos por más de dos mil años bajo el agua. A simple vista, parecía un bloque de metal oxidado sin forma reconocible. Segundo, nadie esperaba encontrar tecnología de engranajes de esa complejidad en un contexto del siglo II a.C.
El primer avance significativo llegó en la década de 1950, cuando el historiador de la ciencia Derek de Solla Price utilizó radiografías para revelar los engranajes internos. Su trabajo, publicado en 1974, fue el primero en proponer que se trataba de un dispositivo de cálculo astronómico.
Pero la comprensión completa no llegó hasta principios del siglo XXI. En 2005, un equipo internacional utilizó tomografía computarizada de alta resolución para crear un mapa tridimensional del interior del mecanismo. Esas imágenes revelaron engranajes que no se habían detectado antes, inscripciones ocultas y conexiones mecánicas que permitieron reconstruir digitalmente el funcionamiento completo del aparato.
En 2021, un equipo de University College London publicó en la revista Scientific Reports (del grupo Nature) la primera reconstrucción digital completa del mecanismo, incluyendo un modelo funcional del panel frontal que había permanecido sin descifrar.
¿Por qué no se ha encontrado nada similar en los siguientes mil años?
Esta es la pregunta que más desconcierta a los historiadores de la tecnología. No existe ningún artefacto conocido de complejidad comparable hasta los relojes astronómicos medievales europeos, aproximadamente 1,400 años después.
Hay varias hipótesis al respecto:
- Conocimiento concentrado en pocas manos. Es posible que la capacidad de fabricar este tipo de mecanismos estuviera limitada a un taller o una escuela muy reducida, y que el conocimiento se perdiera con la muerte de sus creadores.
- Costo de producción. Fabricar engranajes de bronce con esa precisión requería habilidades metalúrgicas excepcionales y materiales costosos. No era tecnología replicable a gran escala.
- Destrucción de centros de conocimiento. La caída de los grandes centros culturales del Mediterráneo antiguo —como Alejandría, Siracusa y Rodas— pudo haber interrumpido líneas de transmisión de conocimiento técnico.
- Ausencia no significa inexistencia. Que no se hayan encontrado mecanismos similares no prueba que no existieran. Puede que otros se hayan perdido, destruido o reciclado como metal.

¿Por qué importa hoy el mecanismo de Anticitera?
El mecanismo obliga a revisar una idea muy arraigada: que el progreso tecnológico es siempre lineal. Que cada siglo es más avanzado que el anterior. Que lo antiguo es necesariamente primitivo.
Anticitera demuestra que hace más de dos milenios existía una comprensión profunda de la mecánica, la astronomía y la metalurgia que no volvería a manifestarse en un objeto físico comparable durante más de un milenio. No fue un accidente. Fue el resultado de conocimiento acumulado, observación sistemática y capacidad técnica de alto nivel.
Para la ciencia moderna, el mecanismo sigue siendo objeto de estudio activo. Su diseño ha inspirado investigaciones en ingeniería mecánica, historia de la computación y arqueología experimental. También ha generado reflexiones sobre cuánto conocimiento antiguo pudo haberse perdido sin dejar rastro.
Sigue nuestro canal de WhatsApp
Recibe las noticias más importantes del día. Da click aquí
Te recomendamos

Estados Unidos acelera la carrera armamentística con pruebas de vehículos que superan Mach 20 y pueden recorrer la atmósfera a más de 24 mil km/h reduciendo al mínimo el tiempo de reacción en conflictos

Aristóteles, filósofo griego, lo advirtió hace más de dos mil años: “El amigo de todos no es amigo de nadie”

Plutarco, filósofo griego, aconsejó sobre la amistad hace casi 2 mil años: “No necesito un amigo que cambie cuando yo cambio”

¿Qué selección es la favorita para ganar el Mundial 2026 según el superordenador de Opta Analyst y hasta dónde llegaría México?

Grupo Healy © Copyright Impresora y Editorial S.A. de C.V. Todos los derechos reservados