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Una perspectiva optimista

La redefinición de la producción y el comercio mundial provocada por la contingencia sanitaria, representa una excelente oportunidad para México y primordialmente para Sonora.

Por Alvaro Bracamonte Sierra

Antier el presidente entregó su Segundo Informe de Gobierno, como lo establece la Constitución. Por la mañana del mismo día, López Obrador también leyó un breve texto sobre el estado guarda la administración pública federal.

Como era previsible, los adversarios no se han aguantado las ganas para descalificar todo, sin siquiera darle el beneficio de la duda. Los simpatizantes, en cambio, han destacado la lucha contra la corrupción y los programas sociales que de alguna forma han permitido atenuar los efectos de las crisis sanitaria y económica.

Sobre esta última hay indicadores claros para un balance negativo de los dos años de Gobierno; pero hay también otros datos que permiten sostener que la situación pudo haber sido peor y revelan que los aprietos se están resolviendo sin comprometer o endeudar las de por sí flacas finanzas nacionales.

No hay espacio para entrar mucho en los detalles, aunque lo relevante es intentar ver más allá de la coyuntura e intentar reflexionar sobre las perspectivas de la economía mexicana en el mediano y largo plazos; la idea es tratar de visualizar un horizonte más optimista, que trascienda el ominoso presente ¿Cómo sería posible un escenario positivo frente a los nubarrones que opacan la confianza en un mejor futuro? Veamos.

La pandemia y la tensión que se cargan las dos economías más grandes del mundo abren una rendija por donde se podrían colar oportunidades interesantes para México. Bien sabemos que la economía mundial se caracteriza hoy por la universalización de la producción y el comercio.

Protagonista medular en este proceso son las cadenas globales de valor que explican la organización económica internacional y definen la dimensión que alcanza el comercio a escala planetaria.

La fragmentación de las líneas de producción y por tanto la relocalización de segmentos productivos en distintas regiones del mundo, especialmente en China, han determinado la manera en que se gestionan y administran la mayoría de las actividades productivas, principalmente en la industria manufacturera.

¿Como fue posible esta deslocalización industrial? Este fenómeno fue impulsado por una acelerada liberalización del comercio y el advenimiento de la revolución de la información que facilitó la supervisión de los distintos eslabonamientos de la cadena de valor.

El proceso permitió reducir costos de producción a un nivel que se compensaban los inevitables costos de transacción que implicaba la relocalización de fases de la producción en lugares alejados de la matriz y de los centros de consumo masivo.

Para que esto funcione eficientemente es requisito que la red de suministro de materias primas esté plenamente garantizada; sin embargo, con la pandemia y el aumento de la tensión comercial y política entre el gigante asiático y el país de las barras y las estrellas, las cadenas de suministro quedaron interrumpidas.

Pero las multinacionales no pueden darse ese lujo pues las pérdidas podrían arruinarlas financieramente.

En tales circunstancias, lo que vaticinan los especialistas es una acelerada reconfiguración de las cadenas globales de valor y la inauguración de un proceso de reindustrialización de los países occidentales, que no es otra cosa que el retorno de las empresas proveedoras que se habían establecido en Asia; todo ello con el objeto de eliminar la incertidumbre y los riesgos de colapso de la red de abastecimiento, como de hecho ya ha ocurrido en algunos casos en este fatídico 2020.

China es actualmente la fábrica mundial debido a la presencia generalizada de formas de producción ancladas en esas cadenas globales de valor. En algunos giros productivos su importancia en la proveeduría es notoria. Por ejemplo, en los productos de alta tecnología participa con el 46%; en textiles y prendas de vestir con el 54%; en maquinaria y productos químicos como caucho y plástico con el 38%.

Esta redefinición de la producción y el comercio mundial provocada por la contingencia sanitaria, representa una excelente oportunidad para México y primordialmente para Sonora, que si se logra aprovechar daría pie al surgimiento de polos de desarrollo tecnológico que cambiarían el rostro de nuestras economías regionales. 

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