No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas Desde la Polis

Los oficiosos y la clase política

Es fundamental que la ciudadanía ponga mucha atención en los equipos de quienes aspiran a gobernarnos: ¿Serán conformados por oficiosos o por capaces? Urge una nueva clase política en Sonora.

Por Jesús M. Acuña Méndez

Todos los gobiernos tienen siempre la posibilidad de crear cambios históricos: Las coyunturas son múltiples, pero se desaprovechan.

Frente a la oportunidad de marcar un parteaguas político en Sonora, el Gobierno panista del 2009 se vio empañado por una corrupción ramplona y una ineptitud inesperada. Después regresó el PRI tras prometer justicia, pero nunca tocó -ni tocará- a sus predecesores, garantizando impunidad absoluta y reforzando la idea del pacto entre el mandamás que se fue (a quien lo encarceló brevemente el aparato federal, no el local) y el mandamás que retornó.

Como consecuencia, la prometida lucha anticorrupción quedó reducida a un mal chiste. En estos ejemplos, las dos administraciones tuvieron varias oportunidades para hacer cosas que los sonorenses recordáramos por décadas (un ejemplo: El Gobierno de Ocaña). Sin embargo, ambos casos pasarán al ostracismo por su inacción, por la impunidad y por una medianía que se quiso maquillar a base de pirotecnia mediática.

La pregunta central que aborda esta reflexión es: ¿Por qué sucedió todo esto? Son muchas las posibles respuestas. Algunos podrían proponer explicaciones antropológicas, económicas, o incluso centrando la responsabilidad en los propios ciudadanos, mayoritariamente inconscientes, ignorantes y desapegados de un rol activo frente a la cosa pública que demanda la polis.

Yo me voy a enfocar en la clase política, específicamente en una subespecie que abunda en las filas de la burocracia, en Sonora y en México: Los oficiosos y la manera en la que ese tipo de perfiles secuestraron el servicio público nacional.

Quienes disfrutan estudiar la historia podrán corroborar que durante los albores de la etapa donde el Estado nacional comenzó a edificar instituciones determinantes para el País, las responsabilidades más importantes recayeron sobre figuras con un agudo sentido del deber y de su contexto político.

Sobre todo a nivel nacional, los encargados de conducir al País fueron -en un número importante- hombres calificados para ello: Por eso se consolidaron los aparatos de salud, de seguridad social, de educación y de desarrollo económico.

En aquel bloque hegemónico, esos cuadros no eran impolutos e hicieron de la búsqueda del poder una prioridad… Pero también eran políticos profesionales.

Y aquí viene el primer elemento clave en este texto: Entendían lo fundamental que era (y sigue siendo al día de hoy) la consolidación de equipos cuyo común denominador -además de la lealtad- fuera una innegable capacidad, es decir, contar con gente muy apta. El jefe (fuera un Presidente, un secretario, un Gobernador, etc.) sabía que la fortaleza de su proyecto descansaba principalmente en la calidad de su equipo.

Al ser México un país aún subdesarrollado, queda claro que la mayoría de los cuadros no fueron como los describí arriba, sino más bien se trató de pequeñas élites, que hace un cuarto de siglo entraron en una fase de extinción.

Con el paso del tiempo, los servidores públicos de alto valor vieron disminuidos sus números de manera sensible, forzados por la irrupción de una nueva clase política conformada por arribistas, oportunistas, y chambistas: Los oficiosos. Hoy, estos personajes tienen -como dije- el monopolio del poder en nuestro País.

Incapacitados(as) para sobresalir en cualquier actividad profesional/comercial en la iniciativa privada, los oficiosos se acercan al poder y suplican oportunidad para vivir a expensas del aparato público.

Su prioridad principal (y su única “gracia”) es hacer chambitas que agraden a su superior. Sin que nadie se los pida, se avientan a hacer cosas para el jefe… pero todos recordamos aquella sabia frase que habla de lo que provocan los ineptos con iniciativa.

Paralelamente, están sus jefes: Según su nivel de relevancia, se rodean de servilismo, de aduladores y de una multiplicidad de oficiosos. Este anormal entorno los marea y les hace caer en el crítico error de pensar que son los mejores, que son infalibles y que merecen escalar más en la pirámide del poder.

¿Y quiénes suben con ellos? A los oficiosos que nunca se les despegaron, quien a su vez adquieren más poder y acceden a áreas más sensibles dentro del aparato público (actualmente hacen cada vez más daño). Como podrá inferir el lector, esta es una dinámica de círculos viciosos donde incrementa el deterioro de burócratas y de instituciones, generando más adversidad en ciudades, estados y el País.

Por naturaleza, la gente calificada jamás andará “correteando el hueso”, pues sabe y demuestra su capacidad -como dije- en el ámbito privado; además, su ingreso al aparato público representa una amenaza directa para los incapaces y mediocres, que son la mayoría y se protegen entre sí.

Es fundamental que la ciudadanía ponga mucha atención en los equipos de quienes aspiran a gobernarnos: ¿Serán conformados por oficiosos o por capaces? Urge generar una nueva clase política en Sonora, una que sepa enfrentar la actual y muy próxima adversidad con lealtad y capacidad. De lo contrario, serán ya 18 años para el olvido.

Twitter: @AcunaMendez

Correo electrónico: jesus@creamosmexico.org

Comentarios