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Columnas Vía Libre

Los controvertidos fideicomisos

Con la extinción se busca destinar más recursos públicos para la atención de la pandemia ocasionada por el coronavirus, continuar con programas y proyectos prioritarios del PND 2019-2024, etc.

Por Alvaro Bracamonte Sierra

La iniciativa de eliminar 109 fideicomisos ha desatado un fuerte debate en San Lázaro y también al exterior de ese recinto. Con la extinción se busca destinar más recursos públicos para la atención de la pandemia ocasionada por el coronavirus, continuar con los programas y proyectos prioritarios del PND 2019-2024, fomentar la trasparencia, la rendición de cuentas y la responsabilidad en la administración de los recursos públicos.

Los fideicomisos en discordia constituyen una bolsa cercana a los 70 mil millones de pesos. No es poca cosa pues.

La discusión ha sido tan fuerte en la Cámara de Diputados que antenoche los opositores al Gobierno federal tomaron la tribuna y la presidenta en turno fue obligada a disponer un receso que se prolongó hasta el día siguiente.

La eliminación de esta figura ha divido a la legislatura como pocas veces; incluso al interior de la alianza parlamentaria tejida en torno ala figura de López Obrador no han faltado las fracturas. Los petistas, por ejemplo, que siempre han acompañado a AMLO decidieron caminar en sentido contrario, junto con algunos morenistas que igualmente han rechazado la iniciativa.

La extinción de los fideicomisos es pues un asunto de lo más controvertido. Y lo es en parte porque hay de fideicomisos a fideicomisos; algunos han sido verdaderos parapetos para el uso discrecional de los recursos públicos, aunque otros genuinamente promueven proyectos estratégicos que las restricciones del ejercicio presupuestal o la vigilancia de la Función Pública hacían imposible operar.

Seguramente el Gobierno federal tiene claro que no todos los fondos son una mascarada, pero es de suponer que no contaba con el tiempo suficiente para analizar detenidamente cuál se quedaba y cuál no.

Como se ha hecho en otros casos, cortaron parejo y con esa decisión se llevaron entre las patas a los fondos que sí son cruciales en temas o problemas específicos. Un caso sería el Fondem, de gran ayuda en emergencias como la que seguramente se derivará del paso del huracán Delta por la península de Yucatán. La autoridad federal ha garantizado que en estos casos no faltarán los recursos y que incluso llegarán con mayor prontitud.

Me referiré a tres ejemplos que ilustran el debate en torno a los fideicomisos: Un colega del centro del País se comunicó hace varias semanas para explorar la posibilidad de integrarse a cualquier institución académica de la región.

Le urgía porque el programa de trabajo de la universidad privada donde laboraba desaparecería a consecuencia del cierre de un fideicomiso del que provenía el financiamiento; es decir, realizaban actividades y proyectos comprometidos como parte del fideicomiso, cuyos cuantiosos recursos permitían sueldos y prestaciones realmente generosos. Al desaparecer éste, evidentemente la universidad privada que antes “albergaba” el fideicomiso, ahora ya no estaba interesada en continuar los contratos con sus propios recursos.

Otro colega investigador, adscrito a un centro del Conacyt, puso este comentario en un grupo de WhatsApp: “De los fideicomisos, el CIAD aparece con 6 millones 300 mil pesos y el CIDE con 337 millones; el anterior director del Conacyt era del CIDE ¿casualidad?”.

Por su parte, un profesor investigador que trabaja en una universidad pública de la Ciudad de México, escribió en sus redes esta nota: “Los fideicomisos fueron creados para tener recursos en temas en los que los gobiernos no quisieron comprometerse de modo claro ¿Hay problemas en materia de protección de periodistas? hagamos un fideicomiso. ¿Hay problemas con la transición energética? hagamos un fidecomiso” (…)

“por este camino, los fideicomisos suplantan el ejercicio del gasto y usan recursos públicos que a nadie le han dicho que son para un fideicomiso. Si son tan maravillosos para resolver problemas públicos ¿por qué no se transforma el gasto público en “n” fideicomisos? En el fondo, es un tema de concepción del Estado y no hay modo de convencer a quienes los defienden y a quienes los critican”. Estoy de acuerdo.

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