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Licencia para Morir

La felicidad total llegó a Sonora. Al fin estamos en la “nueva normalidad”.

Por Martín Holguín

La felicidad total llegó a Sonora. Al fin estamos en la “nueva normalidad”. El semáforo es verde, reluciente, como las sandías… como los aguacates de los políticos que nos quieren convencer de que todo está perfecto y podemos volver a los bares, a los antros, a las fiestas llenas de gente, a las celebraciones sin fin, a los viajes a la playa, a tirar a la basura ese molesto cubrebocas que no deja ni respirar por más “nice” que sea.

Alguien en la CDMX decidió que en Sonora ya estábamos como en diciembre del 2019 y nos recetó un bonito semáforo que permite salir a buscar el virus, volver a llenar los hospitales y después andar como desaforados buscando tanques de oxígeno para el pariente en crisis.

Francamente ya me perdí: Gatell anuncia que sigue siendo positivo (en el diagnóstico del Covid, claro), sale a un parque sin medidas de seguridad, lo cuestionan y dice que la prensa tiene la culpa por andar publicando cosas escandalosas. Hijo de Peje, Pejito.

Empezaron las campañas y los personajes que quieren ser Gobernador hacen eventos con mucha gente, en lugares cerrados o abiertos (who cares), con mucho control a la entrada (algunos) y enorme descontrol durante el evento. Total, si los asistentes se infectan o mueren la culpa será de ellos (los porristas) por no cuidarse como debe de ser. ¿Habrá castigos para esos políticos irresponsables y sus “estrategas”? Por supuesto que no, ellos son perfectos.

Es el Sonora, el México bizarro que estamos viviendo. No hay vacunas suficientes, hasta Chile va mejor que nosotros, pero acá el Presidente habla de regreso presencial a clases antes de terminar este año escolar. La gobernadora Claudia Pavlovich pide prioridad para los trabajadores y maestros en la vacunación. Total, las señoras que también trabajan en casa que se frieguen, se infecten y mueran cuando sus chambeadores maridos vuelvan al hogar. Preguntaría si los que se dedican al negocio informal son ciudadanos de segunda e innecesarios para la economía y la sociedad, mismo caso de las amas de casa, de las trabajadoras domésticas. Porque a doña Claudia solamente le preocupan quienes trabajan en empresas.

Y en el caso de los maestros. Pues sí, qué padre, los vacunan para volver a clase (traen una prisa enorme con ese asunto) y que los chamacos vayan, se cuiden dos o tres días, después agarren el virus de sus compañeros o maestros (los vacunados salen de la fase de peligro pero siguen siendo “contagiadores” potenciales), lo lleven a sus casas y pongan en peligro a papás, abuelos y quienes vivan con ellos.

En los países desarrollados acabarán las medidas restrictivas cuando se logre la inmunidad de rebaño (70% a 90% de la población ya vacunada). Acá, concluyeron que eso se logrará cuando vacunen a maestros y trabajadores del mundo formal. En el ínter, el “doctor” que se pasea sin cubrebocas por la Condesa (otra colonia fifí sonorense, diría cierto candidato a Gobernador) nos receta el verde, ese verde de la libertad, ese verde de la demagogia, ese verde de la irresponsabilidad, ese verde de la Licencia para Morir.

México, creo en ti

Y mientras los sonorenses somos felices con nuestra “recuperada libertad”, allá en Tenochtitlán, donde deciden nuestro presente y futuro, salen con que don Félix Salgado Macedonio es una blanca palomita, que fue tratado injustamente por esos sicarios del mal que habitan en los medios, redes sociales y luchas feministas. Pues sí, se impuso la obsesión de un Presidente que quiere ver qué tanto aguantamos, cuánto lo queremos y checar si seguimos votando por lo que él quiera mandarnos, sin importar que sea un presunto violador o un inepto que fracasó en su chamba inmediata anterior.

Pero eso no es todo, ché, diría el argentino. Esta semana se oficializó el regreso del virreinato presidencial. Don AMLO inauguró la carrera por el 2024 y dejó muy claro que él va a decidir quién será el próximo Presidente. Leyeron bien, no habló del próximo candidato de Morena, sino de su sucesor: “Estoy muy contento porque ya hay relevo, es de la generación que sigue, no sé si me explico. O sea, yo tengo 67, de 50 para arriba hay mujeres y hombres”. ¿Así o más priista setentero el señor? Díaz Ordaz, Echeverría, el Jolopo se morirían de envidia porque el “dedazo” evolucionó y ahora sí es completa propiedad de quien habita en Palacio Nacional.

Martín Holguín

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