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Columnas Pros y contras

Les guste o no

A un candidato se le evalúa en principio por dos cosas: La propuesta que le presente a los electores y su desempeño en los cargos públicos que haya ocupado a lo largo de su carrera.

Por Sergio Valle

A un candidato se le evalúa en principio por dos cosas: La propuesta que le presente a los electores y su desempeño en los cargos públicos que haya ocupado a lo largo de su carrera.

Ojo, estoy diciendo dos elementos para evaluar al candidato, no cito aquí las razones sentimentales o viscerales que llevan a la gente a votar a favor o en contra de una oferta política determinada.

Pueden acabar votando por el más simpático, el que cuenta mejores chistes, el que baila mejor y besa más niños en las colonias; en resumen, el que conecta mejor con la sociedad, que no necesariamente va a tener la mejor preparación ni el más alto de los compromisos a la hora de estar en el puesto.

Son cosas distintas y muchos políticos de buena preparación, de impecable carrera han tenido que tragarse su frustración cuando ven a verdaderos ineptos arrasar en una elección, nomás por simpáticos, aunque sean unos perfectos inservibles para el cargo.

Pero volviendo al punto, que no espere Alfonso Durazo que no se le evalúe al menos por su trabajo como diputado federal y sobre todo ahora como secretario de Seguridad del País.

Que no espere Ernesto Gándara que no se le evalúe por su trabajo como alcalde de Hermosillo y senador de la Republica.

Que no espere Ricardo Bours que se le exente de esa evaluación tampoco, aunque sean menos los cargos que haya ocupado.

Sin embargo hay que reconocer que la carga de candidato oficial la traerá Durazo Montaño, aunque curiosamente acá en Sonora el PRI gobierna.

Lo que pasa es que Alfonso viene saliendo del gabinete de López Obrador directamente a la candidatura de Morena.

Ningún otro aspirante trae esa relación directa.

No, no ignoro a Antonio Astiazarán ni a Ernesto "Kiko" Munro, que son dos fuertes aspirantes del Partido Acción Nacional, pero como ahí andan hechos bola todavía, sus posibilidades son aún inciertas y dependen de si se decide o no ir en alianza con PRI-PRD.

Pero por lo mismo se les habrá de evaluar en caso de que aterricen sus aspiraciones, incluso si son candidatos a otros puestos.

Hoy claramente vemos las baterías y la lupa de muchos enfocadas a Alfonso Durazo, a quien se le ataca y se le critica un día sí y al siguiente también, por su desempeño en el cargo que todavía ocupa, al menos hasta el momento de redactar esta columna.

Apenas salió en la mañanera a decir que renunciaba para atender el llamado de la militancia, las críticas en su contra arreciaron.

Pero me parece que no todas esas críticas son orgánicas. Es un término muy chairo ese, pero me gusta (¿y qué tiene?).

Las aceleradas estrategias, adelantadas a los tiempos para desacreditar a uno de los contendientes, pueden surtir efectos a la inversa.

Si no logran mermar sus (amplias) posibilidades reales de ganar la elección, van a terminar haciéndolo víctima.

Y en este País que todavía adora las películas de Pedro Infante, las víctimas despiertan mucha simpatía... ¡Aguas!

Así que más vale controlar a los acomedidos, no vayan luego a andar llorando en los rincones.

Esto apenas está apunto de empezar y toda y todo aspirante a un cargo de elección popular deberá rendir cuentas: Los que van por primera vez y los que buscarán la reelección.

Morena no se puede negar a pagar el costo de gobernar, con el desgaste que eso genera.

Y no, ni el PRI ni el PAN ni ningún otro partido pueden hacerlo, lo intentaron pero terminaron pagando ese costo.

No tienen derecho a presentarse como los adalides de la perfección, como los depositarios de la verdad absoluta, dueños de toda solución a todos problema en todo momento.

Bueno, ya agarré monte. 

Lo que yo les he querido decir es que hay que evaluar a los candidatos en principio por esos dos factores, a los que luego se sumarán otros durante la campaña.

Les guste o no, así será... Así debe ser.

¿No quieren? ¡Pues no se lancen!

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