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Columnas

La gestoría como política económica fallida

Uno de los grandes retos del próximo Gobernador será reactivar una economía estancada que probablemente cerrará el sexenio creciendo por debajo de la media nacional.

Por Mario Campa

Uno de los grandes retos del próximo Gobernador será reactivar una economía estancada que probablemente cerrará el sexenio creciendo por debajo de la media nacional. Sonora se malacostumbró a la inercia, y las consecuencias son desalentadoras: Las exportaciones se sitúan en último lugar entre entidades federativas, la obra pública está paralizada, las finanzas públicas hilan cinco años de déficits primarios y deuda rampante, y sólo tres empresas locales figuran entre las 500 más grandes de la revista Expansión.

Un motivo del decepcionante desempeño sexenal fue la ausencia de una política industrial activa. Según el Proyecto de Presupuesto de Egresos 2021, la Secretaría de Economía administrará el próximo año 388.9 millones de pesos (mdp), de los cuales el 36.3% (141.3 mdp) corresponde a sueldos, prestaciones y previsiones salariales del aparato burocrático. Sumando los 3.4 mdp de materiales y los 107.4 mdp de servicios generales, la Secretaría contará con apenas 159.3 mdp para estimular el crédito y la inversión a través de sus órganos: Fideson, ProSonora, la Comisión de Fomento al Turismo, el Consejo Estatal de Ciencia y Tecnología (Coecyt) y el planeador estratégico Impulsor. Dichosos los selectos miembros del Club de Elegidos.

Alarma que los mayores beneficiarios de la política industrial sean los empleados y proveedores de la Secretaría de Economía. Si el aparato burocrático rindiera cuentas, otro cantar sería. Pero el Consejo Promotor de la Regulación del Bacanora (8 mdp) sólo adjudicó una licencia en doce meses y la Comisión de Mejora Regulatoria (4 mdp) no ha logrado simplificar trámites ni acelerar la transición digital, teniendo Sonora una de las cargas administrativas más altas con 12.1 pagos por trámites y servicios frente al 9.3 nacional (Encig, 2019), y 27.3 trámites por microempresa que están muy por encima de la media de 18.2 (Encrige, 2016).

Otra causa de estancamiento fue la falta de planeación de largo plazo. Impulsor incumplió la mayoría de los retos planteados a inicios de la administración. El Programa Institucional señala todavía entre sus objetivos sexenales establecer el modelo SIT (Sistema Integral de Transporte) en Hermosillo y reactivar el Parque Recreativo La Sauceda -ambos frustrados. Impulsor fue incapaz de trazar metas claras, de involucrar a la sociedad civil y de vencer la rigidez presupuestal del Gobierno estatal.

La captura económica también devino en emprendimiento aletargado. La Secretaría de Economía federal decretó el fin de ProMéxico (DOF, 2019) justificando que «ya no resulta conveniente desde el punto de vista de la economía nacional ni del interés público» y agregando que fueron pocas las empresas beneficiadas, concentrándose los subsidios en grandes multinacionales. Aquí el modelo regresivo sigue vigente. ProSonora destina la mayor parte de su presupuesto (89 mdp, 2021) a pocas empresas asentadas del sector automotriz. Asimismo, los 65.4 mdp que la Comisión de Fomento al Turismo (49% de su presupuesto 2021) gasta en publicidad y convenciones para beneficio de hoteleros consolidados revelan captura gremial.

            La principal lección de la fallida política económica sonorense es que la simple gestoría de recursos públicos y privados es insuficiente para detonar crecimiento inclusivo. Toca a la siguiente administración estatal refundar la hoy reumática Secretaría de Economía priorizando a los microempresarios emprendedores, acelerando la mejora regulatoria digital, recortando dispendios y trazando horizonte estratégico.

Mario Campa

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