No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas BATARETE

Jornaleros

Hace unas semanas llegó a una pequeña región del Estado de Guerrero un aviso solicitando trabajadores para levantar cosechas en un campo agrícola situado en Empalme, Sonora.

Por Ernesto Camou

Es un solo caso, pero no es el único. Es probable, y de desear, que la mayoría de las ocasiones se consigan buenos resultados, y mejores experiencias; pero eventos como el que describo a continuación hablan mal del respeto que debemos tenernos y que merecen todos los que vienen a estas tierras a trabajar y ganarse la vida, y a cooperar para generar valor en nuestra tierra. Nos afecta a todos los sonorenses.

Hace unas semanas llegó a una pequeña región del Estado de Guerrero un aviso solicitando trabajadores para levantar cosechas en un campo agrícola situado en Empalme, Sonora. Ofrecían pasaje en camión desde el pueblo hasta Sonora, alojamiento digno para los trabajadores, hombres, mujeres y jóvenes, guardería y cuidados para los niños que los acompañaran, puesto que ya es periodo de vacaciones, buena paga, comida durante los traslados y servicio de camión para volver a su localidad.

Cuatro o cinco familias consideraron la oferta y decidieron aceptarla. Salieron de su comunidad unas 30 personas, a bordo de un camión que proporcionaba la empresa. Algún problema tuvieron en la población de Chalco, en las inmediaciones de la capital, y debieron aportar algo de efectivo para continuar su marcha; también para comprar agua y comida, pues la prometida despensa no se materializó, al parecer.

Hace dos semanas arribaron a su destino y muy pronto comprobaron que las promesas se desvanecían: No les pareció adecuado el alojamiento, no se veían guardería ni áreas para la población infantil, iban a estar casi totalmente aislados durante varias semanas y la pizca prometida no era abundante: En la empresa que los contrató ya iba muy adelantada la cosecha de hortalizas y como se paga por kilo cosechado, se dieron cuenta que no podrían conseguir buenos jornales, ante la escasez del producto.

El panorama era muy distinto del que les pintaron en su pueblo; las condiciones materiales no parecían muy dignas, el posible jornal incierto y poco; los niños estarían sin asistencia adecuada y quizá las mamás no podrían salir a pizcar, para cuidarlos.

Se reunieron las familias y lo hablaron: No les cumplieron lo ofrecido, y veían poco probable que mejorara la situación a lo largo del verano. Decidieron tomar sus bártulos y agarrar camino y tratar de llegar a Sinaloa a buscar allá mejores oportunidades. Organizaron su pequeña caravana, para huir de lo que parecía un timo.

Iban, dicen ellos, “por el desierto,” y apenas llevaban algo de dinero para comprar agua y comida para los niños... caminaron algunos kilómetros cuando los alcanzó la trabajadora social del campo agrícola, acompañada de motociclistas armados para decirles no se podían ir, que la empresa había invertido en su traslado, y que sí había área infantil, hasta con aire acondicionado; preguntó también por quién los lideraba a lo que respondieron que ellos tomaban las decisiones en común, por consenso y no había líder; que si bien la empresa había invertido, ellos también habían puesto dinero para llegar ahí y no parecía haber lo prometido. Y pensaron para sí que la presencia de hombres armados no presagiaba nada bueno.

Su defensa fue seguir caminando... y pedir ayuda: Se comunicaron con la Red Nacional de Jornaleros Agrícolas, en la ciudad de México, de ahí hablaron a Hermosillo con alguien de la misma Red y pidieron auxilio para estas personas.

Desde Hermosillo se habló con un regidor de Empalme que organizó una partida de rescate. Los encontraron y les llevaron agua, alimentos para los niños y transporte, y consiguieron un alojamiento provisional en la ciudad de Empalme. “Llegó la Policía, dicen los migrantes, y los motociclistas armados desaparecieron”. Más adelante les ofrecieron oportunidad de trabajo en un campo agrícola en Pesqueira, Sonora, una hora y media de camino hacia el Norte. Los guerrerenses están agradecidos con el Municipio de Empalme y, afirman, que el regidor en cuestión fue una gran ayuda y, además, “es muy chido...”.

Comentarios