No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas Desde la Polis

Esperanza frente al deterioro

Cuando usted lea esto, estaré en Arivechi visitando a mi amigo el alcalde.

Cuando usted lea esto, estaré en Arivechi visitando a mi amigo el alcalde. Como las y los lectores saben, el también ex Gobernador representó -por lo que sucedió en su administración- el fin de una era en los gobiernos en Sonora. Cuando se le evoca, se piensa en honestidad. Es increíble y triste que una condición humana que debería ser tan sencilla sea hoy tan lejana, tan extraordinaria y tan rara. En ese sexenio, mi padre fue procurador y también presidió el Poder Judicial en nuestro Estado. La historia -en vida- ya juzgó a ambos como servidores públicos… y son ejemplo de que para que ciertas personas puedan coincidir -y servir- en un Gobierno, deben  también compartir determinadas características éticas y profesionales. ¿Cómo podría un Gobernador pillo tener un procurador implacable? ¿Cómo podría un Gobernador honesto tener a un procurador asociado con el crimen? En aquella época, como en la actual, las características que definen a los servidores públicos de primera línea son muy similares entre sí. Por eso, cuando se ve algún Gobierno donde Alí Babá lo encabeza, a nadie le sorprende que haya 40 ladrones en todas las dependencias, muertos de la risa.

            Toda la problemática que nos rodea y que satura la información que consumimos a diario es inequívocamente un reflejo de que nos hemos deteriorado. Se echó a perder la calidad de quienes nos “representan” en el Gobierno (pero, ¿no son acaso las condiciones de nuestros gobernantes una consecuencia del tipo de sociedad que los produce?). En fin. Durante la época dorada del PRI (por cierto, es la que formó políticamente a nuestro Presidente), la hegemonía sabía que una de las condiciones indispensables para su permanencia en el poder era la inclusión de perfiles de máxima calidad en sus filas. En esa era encontramos a los Torres Bodets, a los Ortiz Menas, a los Muñoz Ledos, etc. Hubo tremendos cuadros en el ámbito nacional y estatal; por eso inicié esta reflexión con dos ejemplos locales (en la última etapa del “priismo salvable”).

            De alguna manera entiendo esta obsesión retórica que tiene López Obrador respecto al neoliberalismo. A partir de 1982 se puede identificar el creciente deterioro de la fibras nucleares de la Nación mexicana (y esto incluye, por supuesto, al Gobierno). Desde entonces se descompusieron instituciones, se agudizaron la miseria y la desigualdad y también sucedió algo clave: La calidad y las capacidades entre los gobernantes fue empeorando. A lo largo de los años padecimos presidentes ignorantes de la historia profunda de nuestro País, de lo que se tuvo que sacrificar con sangre, lágrimas y fuego con la esperanza de crear un México justo, próspero y digno. Tuvimos secretarios de Estado que no eran más que tecniquillos que se escondieron detrás de su diploma de Harvard o Yale, y que -embriagados con su propia fantasía autoengañante- jamás se dieron cuenta del daño que hicieron, pues siempre se mantuvieron desconectados de las necesidades reales del pueblo. Tuvimos alcaldes, gobernadores, jueces y legisladores que se formaron bajo un sistema educativo completamente tronado… pero que sobre todo, llegaron ahí -a la política- porque si hubieran intentado probar suerte en el ámbito profesional, se hubieran muerto de hambre. Con el paso del tiempo, el juego fue capturado por un ejército de ineptos, y celosos de cualquier perfil que les hiciera sombra, secuestraron la vida pública nacional, la monopolizaron e impidieron que alguien diferente (como los que alguna vez existieron) pudieran participar. ¿Quieren ejemplos? Volteen a ver qué nos rodea en lo inmediato. Claro que como en todo, en este proceso también ha habido honrosas excepciones… pero han sido sólo eso.

            Nuestro Presidente añora la época que lo formó políticamente. Evoca el nacionalismo, el desarrollo estabilizador, entiende las políticas de desarrollo rural igual que Echeverría y sus paradigmas sobre la modernidad energética se parecen a los de López Portillo. Simplemente no existe en mí duda sobre sus buenas intenciones y honestidad, pero nuestros obstáculos y retos nacionales exigen también honestidad intelectual y ahí es donde comienzan los problemas. Por esto último es que renunció Urzúa y mientras hace una semana aún se le alababa y aplaudía dentro de la 4T, hoy los paleros y oficiosos se le van a la yugular por “traidor”. Las tres áreas más urgentes que tiene el País es la del dinero, la del bienestar y la de la seguridad. En las tres abunda el trágico fenómeno que he descrito en esta reflexión y por ello, hastiado, se bajó del barco la cabeza de una de ellas. ¿Y qué hacer? A 10 meses de estar ejerciendo el poder real, es urgente una autocrítica, una introspección de quiénes hacen qué y cómo lo están haciendo. No es preguntarse hacia dónde van las carretas transformadoras (pues eso es inquebrantable y por eso se les eligió) sino cómo son llevadas. Me pregunto si tendrán las condiciones humanas para hacerse estos planteamientos.

El autor es presidente fundador de Creamos México A.C. y especialista en políticas públicas por la Universidad de Harvard.

jesus@creamosmexico.org

Comentarios