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El viacrucis ciudadano de las campañas políticas

Hoy es Viernes Santo, día de reflexión. Por eso hago un repaso, en siete estaciones, del viacrucis ciudadano frente a las campañas políticas.

Por Nicolás Pineda

Hoy es Viernes Santo, día de reflexión (así sea en el rancho o en la playa). Por eso hago un repaso, en siete estaciones, del viacrucis ciudadano frente a las campañas políticas.

 

Primera reflexión: La designación de candidatos a “sacrificarse” por el pueblo. Estas designaciones las hacen los partidos políticos al estilo de Pilatos. Ahí se privilegia el interés de los partidos y de los grupos políticos; el interés ciudadano es secundario. Los ciudadanos tienen que escoger entre opciones previamente depuradas por los intereses de la clase política. Por eso sus mensajes suenan tan ramplones y fuera de la olla.

 

Segunda reflexión: Los candidatos perdedores de partidos de relleno que traicionan al ciudadano por dinero. Estos candidatos chiquitos van a hacerle el caldo gordo a los grandes y van tras el negocio. Cuando menos cobrarán un buen sueldo durante la campaña y gozarán de cierta fama y reconocimiento. Su objetivo principal es dispersar las preferencias de la oposición. Sus partidos nuevos sólo buscan conseguir el registro y hacerse merecedores del jugoso financiamiento público. ¡Negocio redondo!

 

Tercera reflexión: La cruz del financiamiento de las campañas políticas. Supuestamente el financiamiento es generoso. Sin embargo, sabemos que ese no es todo el dinero que se gasta. Estudios conservadores hechos por analistas políticos, como Ugalde, Elizondo o Mexicanos Contra la Corrupción, estiman que se gasta 15 veces más. En el pasado, una campaña para Gobernador, por ejemplo, gastaba 27.9 millones de dinero legal y 425 millones de apoyo obtenido debajo de la mesa. Claro, eso no pasa en Sonora. Nuestros candidatos son diferentes.

 

Cuarta reflexión: Los spots en las redes sociales, YouTube y demás que azotan la espalda y torturan la cabeza del elector. Anteriormente se cubrían de propaganda los postes y las bardas de la ciudad, después fueron las fundaciones y portadas; ahí están todavía los machacones mensajes de radio. Ahora lo nuevo son los anuncios en las redes sociales. Cuestión de entrar a Twitter o YouTube para que aparezca el anuncio con su mensaje diciendo que los sonorenses somos lo máximo y que ya viene lo bueno. ¿Cuánto cuestan estos anuncios?

 

Quinta reflexión: Las campañas ocultas y subterráneas. Los candidatos a Gobernador tienen uno o dos eventos públicos diario con su respectiva foto. Pero entre uno y otro tienen múltiples citas y entrevistas privadas en las que se teje la verdadera agenda del candidato. Ahí se entrevista con aspirantes a ocupar puestos públicos, con empresarios que quieren contratos, con gente que quiere privilegios y (¡Aaay nanita! ¡Dios no lo quiera!) con mensajeros del crimen organizado que piden que no se les moleste y que están dispuestos a apoyar al candidato. ¿Qué tipo de acuerdos non santos salen de estos encuentros?

 

Sexta reflexión: Las campañas negras, la calidad moral de los equipos y las futuras designaciones clave en el Gobierno. Detrás de cada candidato hay un ejército de buscadores de chamba en el Gobierno. Entre estos se incluye a los hackers, trolles y bots. Éstos se encargarán de buscar o de inventar historias negativas sobre los opositores, todo por una buena paga u oferta de futuro puesto (o hueso). De entre éstos saldrán quienes van a ocupar las tesorerías, contralorías, fiscalías, y secretarías en las que se contrata obra y cuentan con presupuesto para dar y repartir.

 

Séptima reflexión: La compra del voto y la crucifixión de la voluntad popular. Todos los partidos buscan asegurar sus votos y están dispuestos a ofrecer dinero, becas, puestos, obras, privilegios, mentir, traicionar y lo que se requiera, pero tienen que ganar y alcanzar su objetivo: Obtener el ansiado puesto y la resurrección o reciclamiento de la vieja clase política.

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