No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas

El sano cambio de AMLO con la prensa

Se quitaron los privilegios a un cuerpo élite de reporteros que sólo tenían acceso al Presidente sin hacer cuestionamientos. El cambio es muy sano.

Por Luis A. Medina

Durante el presidencialismo mexicano del PRI y el PAN las crónicas del poder se hacían desde el avión, eventos del Presidente en turno o la sala de prensa en Los Pinos.

Salvo honrosas excepciones se dictaban líneas editoriales para que se escribieran y publicaran en los medios. Era un modelo de periodismo donde la palabra del Presidente mandaba. Él daba la nota. Sin cuestionamiento. Y se publicaba en la mayoría de los medios.

Me tocó cubrir dos años este modelo de comunicación presidencial mientras era corresponsal nacional en la Ciudad de México. Fue con el entonces presidente, Felipe Calderón. La acreditación para acceder a ser parte de los reporteros que cubrían las actividades del mandatario pasaba por la aprobación del Estado Mayor Presidencial (EMP). Previa investigación de que nada pudiera poner en riesgo al Presidente. Una vez acreditado, con tu gafete presidencial, podías cubrir cualquier actividad: Entrar a los eventos en la Ciudad de México y en Los Pinos. Nadie más se podía acercar si es que no era un periodista acreditado por el EMP. Sólo cuando el Presidente quería, rara vez, dependiendo el tema, se daba una entrevista de banqueta. Rápida. Lo que dijera el Presidente en un evento era replicado sin cuestionar por los medios de comunicación. Todo. No había forma de contrastar. Si el mandatario anunciaba una obrase publicaba. Si daba una postura de algún tema se publicaba. Su mensaje era difundido íntegramente en una nota informativa, crónica, audio o video para periódico, radio, televisión y portal de Internet. El mismo modelo lo aplicó Enrique Peña Nieto del PRI. Si el Presidente salía de viaje los reporteros de la fuente presidencial, entre 15 y 20, lo acompañaban. Al interior del País o el extranjero. Se pagaban habitaciones y alimentación. Era un modelo vertical. Se informaba lo que el Presidente quería.

Hoy es un cambio radical. Primero Andrés Manuel López Obrador tiene sus propias y poderosas redes sociales en Youtube, Twitter, Instagram, Facebook y desde ahí comunica. Si sale de viaje no carga con un equipo de reporteros. Si lo acompañan el medio paga sus gastos. Cualquier medio de comunicación puede registrarse en Palacio Nacional. No se necesita la aprobación del Estado Mayor Presidencial. Todos tienen acceso hacia el mandatario. Sólo tienes que acreditar que eres medio de comunicación. No importa tu línea o trayectoria. Puedes ir de lunes a viernes a su conferencia mañanera para hacerle preguntas directamente. Nadie te dicta un guión antes o te condicionan las preguntas. Lo ha vivido Proyecto Puente en dos ocasiones. La primera con Priscila Cárdenas, que, gracias a una pregunta que le hicimos respecto a los estadios de beisbol en Hermosillo y Cajeme, logramos que el Presidente se sensibilizara y su Gobierno adquirió los estadios en beneficio del Gobierno de Sonora.

Nunca antes un medio estatal podía acceder a hacer preguntas. Lo presencié al poder cuestionar que faltaba una autocrítica en su Gobierno y atención al medio ambiente en Sonora. Se tenía que ir a una gira a Veracruz, pero contestó. Eso jamás se había visto. Todos los medios somos iguales en esa conferencia. Se quitaron los privilegios a un cuerpo élite de reporteros que sólo tenían acceso al Presidente sin hacer cuestionamientos. El cambio es muy sano.

Otro vicio pernicioso que se combate: El presupuesto público. De acuerdo a la organización Artículo 19 Felipe Calderón gastó en seis años de su Gobierno 56 mil 365 millones de pesos aproximadamente. Enrique Peña Nieto más de 60 mil millones de pesos. Casi 10 mil millones de pesos al año en medios de comunicación. Hoy se empezó con la mitad de la publicidad anual a la prensa. Y con criterios de austeridad. No funciona una llamada para acceder a publicidad. El medio debe tener impacto y servir a las campañas públicas que necesita promocionar el Gobierno. Ya no es una partida ciega para un medio de acuerdo a la palanca o padrino político. Esto es sumamente saludable y aplaudible. Y con otro criterio: Ya no tendrán presupuesto los mismos de siempre.

El mismo Presidente señala que no se trata de cancelar la publicidad porque los medios son empresas y todos manejan presupuesto público (proyecto puente ha recibido publicidad de gobiernos en los nueve años de su existencia, pero no se condiciona la línea editorial) y aunque no lo acepten los críticos de los medios las propias carreras en el periodismo de ahí salen. Lo sano es que un medio se fortalezca, se independice y no dependa del Gobierno.

Comentarios