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Columnas Cuestiones y enfoques

El presidente ausente

Más allá de la crisis, del miedo a la muerte, vivimos tiempos desconcertantes. Nadie sabe hacia dónde vamos, ni siquiera de dónde viene todo esto con exactitud.

Por Martín Holguín

Más allá de la crisis, del miedo a la muerte, vivimos tiempos desconcertantes. Nadie sabe hacia dónde vamos, ni siquiera de dónde viene todo esto con exactitud. Los gobiernos del mundo se mueven de forma acelerada, lanzan medidas extremas, rugen sus motores de manera estruendosa. En México vemos reacciones en tres rutas distintas. Se nota un distanciamiento entre diferentes niveles de autoridades.

Mientras en Palacio Nacional reina la calma, el Presidente se encomienda a sus “Detente” (consisten en una estampa religiosa, un trébol de seis -sí, seis- hojas y un billete de dólar), asegura que hace tres meses estamos “más que preparados”. Sigue con sus eventos masivos, se va de gira promocional a Baja California y Oaxaca, donde saluda de mano a quien se le atraviese. Pero eso no es todo, lanza un video dominical donde “invita” al pueblo a que salga a la calle, que vaya a restaurantes. ¿Les parece increíble? No, esa es la realidad.

En el lado financiero, los “agoreros” del desastre, esos neoliberales vestidos de expertos financieros predicen una caída estrepitosa del País. La economía ya no tiene alfileres, porque los ingresos y egresos del Gobierno federal para este año fueron calculados en base a un peso fuerte y al barril de petróleo en 49 dólares. Resulta que el dólar va a llegar a 25 pesos en cualquier momento y el barril de petróleo anda abajo del 18 dólares y con posibilidades de caer más.

Las predicciones felices de un crecimiento de 1.8% ya se fueron por el caño del coronavirus y, ahora, el escenario “más optimista” dice que cerraremos el año con -2.8%. Con todo eso, se escuda en “la voluntad del pueblo” para cancelar una empresa que lleva más del 50% de avance y sería fuente de empleos importante en Mexicali.

El rompimiento político está a flor de piel. Los gobernadores de Coahuila, Tamaulipas y Nuevo León decidieron actuar por su cuenta y crear un cerco contra el coronavirus. El de Jalisco trajo a colación a científicos de la Universidad de Guadalajara para decretar un toque de queda de cinco días en todo el Estado.

Acá en Sonora se aceleró el cierre o baja de operaciones en diferentes negocios. Las clases se suspendieron antes del plazo otorgado por la Federación y, en Hermosillo, los gobiernos estatal y municipal se unieron para hacer retenes conjuntos para pedir a la gente que se quede en casa.

Desde Palacio Nacional no hay medidas efectivas. El rumbo no se ve claro. El Presidente parece vivir en la negación, sin la más remota idea de qué hacer, porque un problema social, de salud, lo sigue tratando como si fuera un conflicto político. Está tan desorientado que hizo que su esposa Beatriz reapareciera en redes sociales para ver cómo lo puede apoyar. Muy efectiva no ha sido en este arranque.

Creo que sería el momento ideal para enmendar errores del pasado, como ese de la rifa que no es rifa de un avión cuyo premio no es un avión. Sería sensacional que lo cancelara, porque esos 500 pesos los va a necesitar el pueblo para algo urgente en tiempos de esa crisis económica que va a llegar. Pero la tozudez es tal que eso no lo vamos a escuchar en mañanera alguna.

Lo bueno es que los gobiernos locales están tomando medidas. Bien en Sonora la Secretaría de Salud y Ayuntamientos como el de Hermosillo. Hasta el PRI estatal hizo su parte con una petición de apoyos para pequeños empresarios, que fue retomado por la Gobernadora.

El problema a nivel federal sigue siendo evidente. La jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, endereza el rumbo y anuncia el cierre de cines, restaurantes y bares, pero el Presidente la boicotea con su video donde pide que el pueblo salga a la calle.

Parece que AMLO sigue en busca de votos, ayer dijo que vendrá el viernes a San Luis Río Colorado y otros tres estados. ¿A qué viene?, no hay nada urgente qué hacer fuera de Palacio Nacional. Se expone, expone a quienes asisten y hace que los gobernadores dejen de trabajar en su prioridad, que es la crisis de salud, para poder atenderlo. 

Para todo hay tiempo y hoy vivimos momentos complicados. Hace semanas lo decía en este espacio y hoy lo repito: Nos urge que el eterno candidato decida tomar el rol de Presidente.

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