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Columnas Efecto multiplicador

Controlan deuda neoliberales

Los gobiernos neoliberales son aquellos con ideas económicas y políticas que trabajan por disminuir la participación del Estado en la actividad productiva.

En la época de los gobiernos neoliberales que el presidente López Obrador identifica desde 1982 hasta 2018, la deuda externa de México se ha mantenido por abajo del valor del PIB en el 94.4% del tiempo (en 34 de 36 años).

En cambio, en los dos sexenios de 1970 a 1982, solamente en el 25% de ese lapso (en tres de doce años) el valor del endeudamiento externo pudo ser inferior al valor de la economía nacional.

Los gobiernos neoliberales son aquellos con ideas económicas y políticas que trabajan por disminuir la participación del Estado en la actividad productiva.

Promueven los capitales privados en la economía sin tanta injerencia gubernamental.

Pugnan por reducir al máximo el tamaño del sector público.

En contraste, López Obrador ondea una bandera de izquierda que confía todo a la austeridad y al combate a la corrupción. El nuevo Gobierno mexicano valora una creciente participación del Estado en la economía.

Los ex presidentes que se escapan de la etiqueta neoliberal son desde José López Portillo hacia atrás y es precisamente con estos gobiernos cuando hace crisis la deuda externa. 

Los pasivos en moneda extranjera empiezan a abultarse en el sexenio de Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) y alcanzan su mayor porcentaje respecto al PIB en 1982 justo en el último año de JLP (1976-1982).

En estas dos administraciones, el endeudamiento del País superó el valor del PIB. De 1970 hasta 1977 México debía más que el valor de la producción total. 

De 1978 a 1981 los mayores precios de petróleo robustecieron al PIB mexicano y se achicó el peso de la deuda. Sin embargo, la abundancia económica que presumía López Portillo duró menos tiempo de lo esperado.

En este entorno donde el “oro negro” se abarataba y terminaba el sexenio, JLP toma decisiones arrebatadas y ocasiona un tsunami en la economía mexicana nacionalizando la banca.

La desconfianza sobre el País no se hace esperar, las tasas de interés se van a las nubes y la deuda externa se dispara significando el 134% del PIB en 1982.

Llega el “primer neoliberal” a la Presidencia de México, Miguel de la Madrid Hurtado, y la economía es sometida a cuidados intensivos y a dietas forzadas.

El nuevo Gobierno de MMH le da forma al Fideicomiso para la Cobertura de Riesgos Cambiarios (Ficorca) y salva de la quiebra a la industria mexicana endeudada en dólares. El sector público también se aprieta el cinturón y desde 1983 la magnitud de la deuda es menor al valor del PIB.

En 1986 y 1987 da un salto el valor de la deuda externa y ante tales turbulencias nacen los pactos económicos con el sector empresarial, luego llega a la presidencia Carlos Salinas de Gortari y desde 1988 el empréstito global es inferior a lo que producimos año con año en México.

En el lapso 1988-2018, el peso de la deuda externa en el PIB se ha mantenido dentro de una banda que fluctúa entre el 20% y el 60%. Al cierre del sexenio de Felipe Calderón se registró el menor nivel de pasivos equivalente al 17.65% del PIB.

FOCOS DE ALERTA
Aunque existen temores sobre la próxima calificación que pueda alcanzar tanto la deuda soberana y como la de Pemex, en el Gobierno “lopezobradorista” que prometía no endeudar más al País, se ha optado por salir al mercado internacional a tocarle la puerta a los inversionistas financieros.

De acuerdo con datos del Banco de México, al primer trimestre los pasivos acumulados subieron en más de 9 mil 500 millones de dólares con lo que los compromisos globales han alcanzado los 456 mil 250 millones de dólares.
Este monto es aproximadamente el 38% del valor del PIB nacional que es cercano a 1.2 trillones de dólares.

El ex presidente Peña Nieto dejó el peso de la deuda en 37.3% y, en cuatro meses, el líder de la Austeridad Republicana lo sube casi un punto porcentual.

López Obrador le apuesta a las empresas públicas como Pemex y CFE, no toma decisiones en torno a los precios y tarifas del sector público, le tiene fe ciega a proyectos faraónicos sin sustento económico y ningunea al capital privado.

Con estas acciones y actitudes los indicadores macroeconómicos pierden fuerza y las finanzas públicas se debilitan.

Con una economía en retroceso, el Presidente estaría tentado a recurrir al dinero fácil y empujando a que el valor de la deuda supere en tiempo récord el tamaño del PIB; tal y como acontecía en la década de los setenta que tanto añora.

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