Columnas Las ciudades destruyen la austeridad

Vía Libre

Por Alvaro Bracamonte Sierra

No es un buen momento para contratar un crédito. Los mercados financieros muestran nerviosismo y ello se refleja en ajustes en las tasas de interés y en el spread que aplican los bancos a sus clientes. Las razones de esa incertidumbre se asocian al cambio en la política monetaria instrumentado por la FED (el banco central norteamericano), que ha elevado la tasa de referencia en los bonos expedidos. La incertidumbre quizá se verá acentuada con el sorpresivo crecimiento del déficit fiscal registrado por esa economía y que implicará aumentos en los impuestos o recortes presupuestales significativos. Estas condiciones desestabilizan al sistema financiero nacional, mismo que se sacude con el ajuste que el Banco de México hace en la tasa de interés: En tan sólo tres años esa importante variable macroeconómica pasó de 3 a casi 8%. En síntesis, como se dijo, no es buen momento para salir a buscar créditos. En ese contexto, tiene sentido el planteamiento de López Obrador de no endeudarse habida cuenta de lo caro que resultaría asumir compromisos de esa índole. La estrategia del próximo Gobierno federal para financiar el plan de inversiones y los subsidios que otorgará a grupos vulnerables es la austeridad, entendida como un mecanismo que permitirá eliminar dispendios, despilfarros y privilegios que luego resultan altamente onerosos para el erario público. De acuerdo con el plan concebido, esta forma de austeridad generaría la liquidez suficiente para fondear los compromisos hechos en campaña. El problema es que no todos reaccionan o piensan de la misma manera. En Sonora, por ejemplo, hay varios alcaldes que están pensando en estrategias distintas. El fin de semana platiqué con un político oriundo del Sur de Sonora, de Navojoa para ser preciso, y me comentaba que la presidenta municipal está por contratar un préstamo de 30 ó 40 millones de pesos para solventar las penurias que sufre la comuna. No es el único caso. De hecho, casi todos los municipios se hallan ante la misma disyuntiva. En el caso de Hermosillo, el Cabildo aprobó recientemente un crédito por cerca de 300 millones de pesos para solucionar apuros similares a los que aquejan a la Perla del Mayo: Pagar a proveedores y pagar aguinaldos. Debe ser tremenda la impotencia que padecen las nuevas autoridades locales al ver que son tantos los problemas y que no cuentan con la suficiencia presupuestal para hacerles frente. Si bien se entiende la urgencia, es difícil justificar soluciones tan obvias y hasta cierto punto facilonas como la del endeudamiento. Es la salida que han aplicado prácticamente todos los munícipes anteriores y que ha llevado a Hermosillo a figurar entre los ayuntamientos más endeudados del País: El cuarto para ser exactos. El apuro de la tesorería municipal por contar con liquidez debe ser tremendo pues aún no siendo aconsejable en esta coyuntura el crédito, se acude a él. Antes de decidirse por esa vía se pudieron intentar otras alternativas que, bien operadas, eventualmente brindarían mejores resultados. Por ejemplo, negociar con los proveedores una reprogramación del pago de facturas a fin de recanalizar esos recursos liberados a actividades apremiantes como la recolección de basura, el bacheo y barrido de calles. También pudo instrumentarse un programa emergente de austeridad, especialmente una estrategia de recuperación de fondos con escasa claridad en su aplicación. Digo lo anterior en vista de que los 3 mil millones de deuda que acumula la capital de la entidad representan alrededor del 50% de su gasto anual. La pregunta obligada es ¿dónde han quedado esos recursos? Ya que no hay barredoras, no hay camiones recolectores de basura, las calles siguen intransitables y las fugas de agua siguen y siguen. Definiciones en el Congreso Los legisladores locales deberán actuar con responsabilidad a la hora de definir los cinco candidatos finalistas a fiscal general. Un error supondría mayor angustia frente a la ola de inseguridad que priva en todo el Estado. Estaremos atentos.

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