Columnas Un pacto político para enfrentar la inseguridad

Vía Libre

Por Alvaro Bracamonte Sierra

Familiares muy cercanos han sido víctimas de los amantes de lo ajeno. A uno de ellos, en plena luz del día, le patearon la puerta principal de su hogar para ingresar y saquear algunas pertenencias. A otro familiar, le robaron la puerta trasera de su pick-up mientras atendía una reunión de padres de familia en la escuela de su hija. Son casos que se repiten entre amigos y vecinos quienes no atinan a saber qué está pasando. No es lo peor en estas horas bajas: El crimen organizado está desatado. No sólo lo sentimos, lo vemos frente a nuestros ojos: Las ejecuciones con armas de grueso calibre se multiplican; ahí están los casos del joven asesinado en el exclusivo residencial Los Lagos, el otro que fue víctima de un tiroteo en la prolongación Navarrete casi esquina con el bulevar Quiroga y el del policía baleado al Sur de la ciudad. No se sabe si fue el repentino incremento en la inseguridad o el desgaste natural del equipo gobernante lo que propició la renuncia, al mismo tiempo, de los principales responsables de la prevención y procuración de justicia estatal. Mal tiempo para renunciar, aun cuando se esgriman motivos personales, en momentos en que se vive el peor estallido de violencia e inseguridad. La Gobernadora tiene ante sí la tarea de designar nuevos funcionarios que hagan frente a la urgencia de restaurar la escurridiza paz social. Si en materia de seguridad estatal las cosas están complicadas no son menores los problemas que se advierten en varios municipios cuyas nóveles administraciones iniciaron hace apenas tres semanas. Tesorerías sin fondos, largas listas de proveedores con cuentas por cobrar, rezagos en los servicios públicos como en Hermosillo donde no hay camiones recolectores de basura, o peor aún, la ausencia de liquidez en muchos ayuntamientos para pagar la nómina de la siguiente quincena o siquiera para ponerle gasolina a las pocas patrullas policiacas. A ello hay que sumarle que en muchos casos los nuevos munícipes no tienen experiencia en asuntos públicos y menos en el manejo de organizaciones en crisis financiera y hasta moral en algunos casos. El Congreso de Sonora también experimenta una crisis que, de no resolverse pronto, afectará la saturada agenda legislativa de fin de año. Las dificultades que se atisban no provienen necesariamente del impasse generado con la imposibilidad de nombrar nuevos funcionarios administrativos. No, lo ominoso deriva de la polarización creciente entre las distintas bancadas políticas lo que hace prever tensiones extremas que eventualmente debilitarán la gobernanza al interior de la 62 Legislatura. En caso de seguir la polarización se vería afectada la dictaminación de la cuenta pública estatal y de los 72 municipios, el programa económico del próximo año (Ley de Ingresos y Presupuesto de Egresos), la glosa del Informe y la comparecencia de los secretarios, la revisión de la Comisión de Selección del CPC del Sistema Estatal Anticorrupción y, por si fuera poco, el nombramiento del fiscal general, además de otros tantos asuntos de relevancia similar. Son tantos los conflictos que se viven en la entidad que no sería descabellado pensar que los autores intelectuales del “Congresogate” (la audacia de reformar la Constitución de Sonora al cuarto para las doce, con el propósito de limitar las facultades del Poder Legislativo) deben estar arrepentidos. Digo lo anterior porque en esta delicada coyuntura un Congreso funcionando con cierta normalidad sería de gran apoyo para transitar la emergencia del momento. En resumen, Sonora y Hermosillo están sufriendo turbulencias inéditas en varios asuntos de la agenda pública. La gravedad e importancia de los temas requieren unión para enfrentarlos. Sería sano que el ejecutivo estatal, los poderes legislativo y judicial, los alcaldes y representantes del Gobierno federal en funciones y en vías de tomar posesión, los dirigentes partidarios y liderazgos sociales conversen, dialoguen y sin mezquindades acuerden un pacto político que contribuya a mejorar el ambiente enrarecido que hoy se respira. El tercer informe de Gobierno puede ser el pretexto para esa convocatoria. Ojalá.

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