Columnas Si cambias palabras, cambias vidas

Piensa

Por Octavio Ballesteros

Se dice que la filosofía maneja tres partes: La espiritual, la natural y la lógica. La primera configura el alma, la segunda la naturaleza, y la tercera define la propiedad de los vocablos, su disposición y la clase de argumentos, a fin de que no se deslice el error en lugar de la verdad. En esta colaboración trataremos el tema referido a esta última parte, el uso de las palabras, la importancia del vocabulario, ya que este tiene un impacto directo en nuestra calidad de vida. Tres reacciones. Afirma el Dr. Andrew Nuberg que el lenguaje moldea nuestro comportamiento y cada palabra que utilizamos tiene un significado y su respectivo impacto en cada uno de nosotros. Es fácil demostrar esto cuando vemos el impacto en otra persona de lo que le expresamos: No es lo mismo decir “creo que no estás entendiendo”, a decirle “estás mal”, o decirle “eres un mentiroso”. La diferencia de la reacción de dicha persona es similar a la que uno mismo siente cuando nos dicen o nos decimos las mismas palabras. Hay que estar conscientes de esto. El ejemplo de Tony. Tony Robbins ilustra lo anterior con una vivencia personal que tuvo en una negociación. El junto con dos socios estaba negociando con otras personas un acuerdo de negocio, y en un acto de buena fe les proporcionó cierta información a la contraparte para que se dieran cuenta de la buena disposición de Tony y sus dos socios. A la hora de la verdad, los otros utilizaron dicha información en contra del grupo de Tony. Al terminar la reunión, Tony se encontraba muy molesto, y cuando voltea a ver a uno de sus socios estaba “blanco” de coraje queriendo estrangularlos, y el otro estaba prácticamente impávido. Se extraña tremendamente de que se encuentre tan ecuánime después de lo que les han hecho, y le pregunta ¿cómo estás tan tranquilo después de lo ocurrido, como te sientes ? Y este socio se limita a responderle: “anonadado, y un poco peeve”; Tony se queda extrañado de la respuesta y le pregunta que significa “peeve”, y el socio le responde: “Que no tiene caso enojarse más con este tipo de personas”. Que hacer. Es una realidad que nuestro cerebro no está preparado para manejarnos de una manera positiva sino en modo supervivencia. Y desgraciadamente estamos mucho más acostumbrados a decir palabras y frases negativas, a expresarnos de una manera positiva y proactiva. Que pasaría si en lugar de decir estoy “devastado” usamos estoy “peeve”; que pasaría si en lugar de decir “me gusta” dijéramos estoy “extasiado”. Te invito estimado lector que esta semana cuando vayas a decir algo piensa si es negativo, si lo puedes evitar, o si lo puedes tamizar: Es probable que te sorprendas de lo bien que te sentirás. ¡Feliz domingo!

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