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Columnas Héroes y villanos

Jaque Mate

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Nuestros políticos siguen insistiendo en construir una historia maniquea, una narrativa de héroes y villanos que pretende ser políticamente correcta, pero que al final se vuelve unidimensional e infantil. La decisión del jefe de gobierno de la Ciudad de México, José Ramón Amieva, de retirar placas con más de medio siglo de existencia que hacían notar que distintas líneas del Metro fueron inauguradas por el presidente Gustavo Díaz Ordaz forma parte de este esfuerzo. No es nada nuevo. Nuestra historia oficial ha querido borrar de nuestra memoria no sólo a Hernán Cortés sino a todo el período colonial, que con 300 años de historia es más prolongado que el imperio azteca o el México independiente; ha ensalzado la figura de Miguel Hidalgo, a pesar de que no proclamó la independencia y ordenó o permitió matanzas inaceptables, mientras que ha tratado de ocultar la de Agustín de Iturbide, el verdadero consumador de la independencia; ha buscado también eliminar las tres décadas de Gobierno de Porfirio Díaz. Tenemos muchos más casos de esta miopía selectiva. Hoy los políticos han enfocado sus miras al gobierno de Gustavo Díaz Ordaz. De ahí surge la decisión del gobierno capitalino de retirar unas placas con medio siglo de existencia que no dicen ninguna mentira, sino que registran que algunas de las líneas del Metro fueron construidas e inauguradas en el gobierno de Díaz Ordaz. Los abusos y la represión del movimiento estudiantil de Díaz Ordaz son hechos históricos documentados, al igual que el hecho de que el propio presidente asumió toda la responsabilidad por las acciones de su gobierno ante los estudiantes. Eso no significa, sin embargo, que su gobierno no haya tenido logros importantes, particularmente en el campo económico y en obra pública. De hecho, Díaz Ordaz fue parte de esos gobiernos nacionalistas revolucionarios que el actual presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, considera como ejemplo al cual regresar después lo que él considera ha sido el período neoliberal. Porfirio Muñoz Ledo, hoy presidente de la mesa directiva de una Cámara de Diputados dominada por Morena, se precia de ser militante de izquierda, pero en su momento alabó a Díaz Ordaz y al PRI. En 1969, cuando era un joven secretario general del IMSS, aplaudió el “rumbo señalado” por el presidente Díaz Ordaz y añadió que “En todo el mundo existe la convicción de que los últimos movimientos de rebeldía y de protesta han dejado como secuela inmediata el aumento de poder de los enemigos del cambio social.” Sin embargo, “los conflictos sociales que tuvieron lugar en la ciudad de México. no dejaron como saldo el más mínimo incremento del poder o de influencia a favor de quienes se oponen a la transformación social y a la autonomía del País”. En otras palabras, para Muñoz Ledo de 1969 Díaz Ordaz era el impulsor de la transformación social y la autonomía nacional mientras que el movimiento estudiantil se oponía a estos valores. La historia siempre es compleja. El primer paso para entenderla, y aprender de ella, es conocerla bien con todos sus matices y contradicciones. Los intentos por simplificarla y convertirla en un simple desfile de héroes impolutos y villanos impresentables no nos traerán ningún conocimiento. Lo que buscan los políticos es presentarnos una historia que solo refleje su visión. Cancelaciones La próxima directora del Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla, pidió al actual titular, Enrique Cabrero, suspenda todas las convocatorias que puedan afectar recursos del 2019, lo cual representa un fuerte golpe a científicos y estudiantes que ya se han comprometido a realizar estudios o investigaciones el año que viene. Álvarez-Buylla ahora ha pedido una investigación interna del Conacyt para saber quién filtró su memorándum.

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