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Columnas Hasta pronto

En la lupa

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La primera vez que publiqué en un medio impreso fue en EL IMPARCIAL, si mal no recuerdo por allá del año 2000. En unas vacaciones de mis estudios en la Facultad de Ciencias Políticas, en las que regresé a pasar unos días con la familia, me sentí motivado a reflexionar respecto de porqué teníamos las y los jóvenes sonorenses que emigrar para lograr alcanzar oportunidades, no solamente en términos educativos, sino laborales. Al ver publicado ese pequeño texto y recibir comentarios al respecto, algo se despertó en mí. Durante mi estancia en la Ciudad de México empecé escribiendo formalmente en Milenio Diario, aportando análisis sobre política internacional en un suplemento dominical llamado “contextos”. Fue toda una experiencia. Me especialicé en transparencia, rendición de cuentas y combate a la corrupción en la Universidad de Chile y empecé a construir una carrera en las organizaciones de la sociedad civil. Primero dándole seguimiento a los presupuestos públicos destinados a salud, específicamente a mortalidad materna. Después conocí la lucha social y me sumergí en la defensa de los derechos humanos de las poblaciones más vulnerables, específicamente en el derecho a la salud sin discriminación y de calidad. Sufrí en carne propia la indiferencia y la insensibilidad de algunos funcionarios y burócratas que simplemente no comprendían la trascendencia de su encomienda. Sin embargo, conocí también a servidores públicos ejemplares, a personas comprometidas con su nación, poseedoras de una gran vocación de servicio y entrega con quienes en alianza logramos -no sin antes batallar- grandes cambios a favor de la sociedad. De eso estoy orgulloso y agradecido. Sin servidores públicos comprometidos con la sociedad (a quienes nosotros les llamamos campeones) simplemente los ciudadanos no pudiéramos hacer gran cosa. Al regresar a Sonora recibí la invitación a escribir en esta casa editorial y así ha sido por casi catorce años de forma ininterrumpida y por ese honor le tengo un profundo agradecimiento a la familia Healy. En esta, mi última columna, les quiero agradecer a ellos por la libertad y la responsabilidad. Jamás, en casi década y media, me solicitaron abordar o no abordar algún tema. Jamás modificaron una sola coma o sugirieron algo. Bueno, mi editora se lleva un reconocimiento especial por la paciencia y su profesionalismo. Gracias, Guadalupe Gutiérrez, mi reconocimiento siempre. Como en todo (y como todos) en esta vida he cometido errores y aciertos, pero mis análisis han sido siempre una opinión libre, imparcial y apartidista. Siempre con buena fe de contribuir al debate público. En todos estos años he coincidido y disentido múltiples veces con actores políticos y sociales, con otros colegas analistas e incluso con ustedes las y los lectores. Hemos debatido fuerte, pero siempre ha sido constructivo, positivo. He recibido la invitación del director general del IMSS a hacerme cargo de la delegación estatal de esa gran institución y el día de ayer el Consejo Técnico ha aprobado la propuesta. Ahí, en el IMSS, se conocieron y se enamoraron mis padres, médico y enfermera, quienes por cierto ayer cumplieron 48 años de casados. Ahí en el IMSS aprendí a caminar y estuve internado mucho tiempo cuando de niño, en un accidente, sufrí quemaduras de tercer grado en ambas piernas. Ahí aprendí a nadar, a tocar la guitarra y a entender el gran patrimonio que es el Instituto para la sociedad mexicana. Acepté conociendo la responsabilidad de entrar en acción en un momento en el que se están viviendo profundas transformaciones en el País. Podemos o no estar de acuerdo en todo (esa sí sería una utopía), pero estamos obligados a aportar lo mejor de nosotros mismos en lo que nos toca para que, por el bien de todas y todos, de nuestros hijos, México logre cambiar para bien. Los retos son muchos, pero esos ya los abordaremos en su momento desde otro espacio. Ahora toca despedirme. Gracias, querida y querido lector, de corazón, por el honor de leerme todos estos años, por escribirme, por debatir y por nutrir a este humilde servidor. Ha sido un gran viaje. ¡Hasta pronto!

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