Columnas La consulta y lo que viene

En la lupa

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Soy un fan de la democracia participativa por encima de la representativa. Esa democracia donde los gobiernos permiten a las y los ciudadanos involucrarse y definir rumbos. Me parece fundamental que se deje atrás el patriarcado vertical del gobernante que, por el solo hecho de ser votado, sabe lo que es bueno para todos los gobernados que son considerados menores de edad sin información ni criterio suficiente para enterarse de la realidad de los asuntos del Estado. Tiene razón quien señala que es un buen ejercicio y que a fin de cuentas es la primera vez que un político nos consulta sobre un asunto de tal tamaño. Cierto. Pero por lo mismo, precisamente por la importancia de ambos elementos (la inauguración de una era participativa y la relevancia del tema) la consulta se merecía la mayor pulcritud, controles y la participación de las instancias institucionales. Se merecía hacerse dentro de un marco legal. ¿Qué no era posible con la legislación actual? Morena tenía (y tiene) toda la posibilidad de arreglar ese detalle para lograr por fin con una Ley de Participación Ciudadana funcional y que trascienda la simulación. Carezco de elementos técnicos suficientes para argumentar a favor o en contra del Nuevo Aeropuerto en Texcoco y prefiero evitar una posición somera; sin embargo, de lo que sí estoy claro, seguro y convencido es que la consulta era una buena idea mal implementada. Conozco la Fundación Arturo Rosenblueth y su prestigio, pero no podemos recargar una decisión de tal envergadura en un mero acto de fe, menos cuando nos anteceden años de desconfianza, fraudes electorales y mapachería profesional. La consulta se merecía, si no los mismos controles de una elección, por lo menos sí similares. Comparto la preocupación de la incertidumbre, pero no así el desgarre de vestiduras que iniciaron algunos actores públicos. Preocupa, y ciertamente mucho, la incapacidad de comunicación de Javier Jiménez Espriú, próximo Secretario de Comunicaciones y Transportes y la ausencia de una contundencia técnica al respecto de la alternativa de López Obrador. Ya está de más repasar uno a uno los elementos que le restaron -en mi opinión- seriedad al ejercicio. No es ponerse “quisquillosos”… es no ser conformistas bajo el argumento de que como ahora sí nos consultaron cualquier cosa es buena. Por último, veo que hay quienes buscan hasta marchar en contra de la decisión tomada. Habiendo tantas causas, problemas, injusticias y dolencias nacionales -desde mi punto de vista- marchar por el aeropuerto es un mero pretexto. Ni un extremo ni otro. Ni una simulación de consulta ni quemar las naves por el resultado. Siendo imparciales, insisto, estoy decepcionado porque merecíamos más que volantes de imprenta como boletas y una aplicación de celular. Y siguiendo esa misma línea, coincido con ponerle un alto a los grandes capitales que han gobernado a su antojo al que gobierne. Sin duda es momento de combatir esa corrupción que tanto daño le ha hecho a este País; sin embargo, el gobierno de López Obrador debe considerar muy bien su estrategia: Aun no toma posesión y ya ha logrado sacar a gente a las calles a protestar con temas escabrosos, parar una obra e incidir negativamente en el desempeño de nuestra economía en los mercados internacionales. Prudencia y serenidad, que tendrán seis años para gobernar y aún ni comienzan. En La Lupa: El uso lúdico de la mariguana. Yo estoy a favor del uso lúdico y la legalización de la mariguana. No soy consumidor, pero soy liberal y creo en que el Estado no debe intervenir en las decisiones personales de cada individuo. Sin embargo, se equivoca quien le apueste a la mera legalización como una estrategia de pacificación. Ya se ha dicho mucho: El verdadero crimen organizado se encuentra en otras drogas mucho más complejas, en el tráfico de personas y otros delitos. La mariguana -en el principal mercado consumidor- ya es producida, consumida y hasta diariamente presumida en redes sociales. Por último, la legalización requiere arreglar uno de los principales males nacionales y, ojalá, sea el pretexto para ello: Fortalecer la capacidad de control del Estado mexicano. Hasta ahora la corrupción y la debilidad institucional, entre otros factores, nos tienen viviendo en un caos con las drogas que ya son legales y con enormes consecuencias sociales. Hasta la próxima semana.

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