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Columnas El arte de cambiar a tiempo

En la lupa

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Con el título de esta columna no me refiero a las muy necesarias transformaciones personales o a un concepto abstracto del cambio, me refiero a lo importante que es saber rectificar y cambiar de rumbo. Y muy especialmente hacerlo a tiempo. El mejor ejemplo fue Guillermo Padrés y su principal debilidad: Sus amigos. Él mismo lo dijo al preguntársele por qué no ponía orden en su gabinete. No cambió de equipo, no puso límites ni pautas de actuación dentro de la ética y el buen Gobierno. Simplemente pudieron más las complicidades. Y ciertamente no ha de ser sencillo para un gobernante desprenderse de la zona de confort o tener que remover a amigos, socios y compañeros que le han sido leales. Pero cuando no sirven, cuando se cumple un ciclo o cuando hacen más daño que lo que realmente aportan, simplemente se tienen que ir. Apenas se van a cumplir dos semanas de nuevas administraciones municipales -por ejemplo- y ya se escuchan casos de funcionarios que han durado solamente tres días, por lo menos aquí en el caso de Hermosillo. En otros municipios también se han presentado remociones, renuncias y ajustes. Y no lo veo negativo, por el contrario, qué bueno que se tenga claridad de rumbos y que quien no comparta los valores, objetivos, pautas de actuación y estilo de Gobierno, que se vaya. Así de simple. Después de todo el que gobierna, el titular, es el último responsable, el que pasará a la historia como quien tomó las decisiones correctas y las tomó a tiempo. O no. Es su legado el que está en juego y, en muchas ocasiones, hasta su libertad. A nivel estatal la gobernadora Claudia Pavlovich ha hecho ya algunos ajustes a su gabinete y se ha anunciado que vienen más. Me parece positivo y fundamental que haya movimientos, especialmente en las áreas más sensibles, donde más resiente la población cuando no se dan los resultados esperados. Es fundamental refrescar el círculo de toma de decisiones, darle oxígeno a las estructuras institucionales e incluso a las relaciones políticas en tiempos donde o hay cordialidad y trabajo en conjunto en beneficio de la población o hay una cruenta guerra, lo que sería lamentable para la población. Los tiempos han cambiado y vale la pena que cambie también la forma de hacer Gobierno. Y eso no solamente le compete a aquellos que ganaron con las siglas de Morena, sino especialmente a los gobiernos de otros partidos. Ellos son los principales obligados a modificar las formas, las prácticas y todo aquello que ya quedó claro que no quiere la ciudadanía. Todo eso que fue repudiado tan contundentemente. Es así que aún es tiempo para corregir el rumbo y si bien no es posible enmendar todos los errores, sí es posible modificar inercias y dar los resultados que la población espera. En La Lupa: Faltan 43 y 24 mil más Ayotzinapa cumple cuatro años que pasó de ser un pueblo de guerrero a convertirse en un sinónimo nacional de muerte, dolor, corrupción e impunidad. También de lucha, tenacidad y fuerza de parte de unos padres valientes cuyos hijos jamás regresaron a casa. 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” fueron desaparecidos, como otras 24 mil personas del 2007 a la fecha. Solamente en este sexenio se calcula fueron trece desaparecidos al día. Y contando. Escuchar o leer “Ayotzinapa” pone la piel de gallina y deja en claro que tenemos un Estado fallido, con gobiernos inútiles, incompetentes, indolentes e incapaces de resolver algo. Le invito a que en este triste aniversario de aquellos sucesos lea el gran trabajo periodístico de Anabel Hernández, “La verdadera noche de iguala: La historia que el Gobierno trató de ocultar” de editorial Grijalbo. En tanto llega la justicia, si es que llega, le invito a no olvidar.

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