Columnas Las nuevas lluvias

Diálogos diversos

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En la entrega de la semana pasada señalaba que hay evidencia para sostener que algo pasa en las principales ciudades de Sonora, especialmente en Hermosillo, debido a que irónicamente no están preparadas para recibir fuertes cantidades de agua vía lluvia. El rostro que muestran nuestras principales ciudades cuando llueve dan pena porque entre otras cosas muestran el sufrimiento de miles de familias que quedan desamparadas y a miles de autos que luchan por evadir el agua estancada y los múltiples baches que nacen en cuanto pasa la primera lluvia. A lo anterior habría que agregar los efectos posteriores con el incremento de moscos y diversas alergias que combinadas con el cambio de clima descarrilan la vida cotidiana de muchos sonorenses. No es trivial decir que tenemos ciudades que no están preparadas para este tipo de contingencias, más bien es un tipo de problema que merece un tipo de respuesta desde la óptica de una política pública que defina bien el problema y que implemente la mejor decisión. Pero en este caso ¿Cuál sería el problema a atender? En el caso de Hermosillo, en el primer Informe del alcalde Alejandro López Caballero, me llamó la atención el énfasis que puso sobre el eje Infraestructura y desarrollo urbano. Señaló que hay que seguir trabajando en ese rubro. No tengo la menor duda de que Hermosillo es hoy un “gran tigre” que hay que empezar a domar con estrategias de gestión pública eficientes porque la diversidad de problemas ha rebasado, desde hace tiempo, la capacidad que tiene el Municipio para atender miles de problemas que hoy enfrenta la ciudad. Por ejemplo, en los estudios sobre gestión pública sigue prevaleciendo la idea de que el diseño institucional municipal está desfasado de los problemas reales. Sin “reglas del juego” fuertes y si los actores políticos no tienen incentivos que motiven la “buena voluntad” de atender problemas como debe ser entonces los gobiernos locales se dedican a administrar problemas pero no a resolverlos. Ése es el caso cuando llueve, no estamos preparados para recibir agua abundante que cae del cielo, no estamos listos para mitigar el impacto de los vientos por encima de los 100 kilómetros por hora, tampoco estamos listos para dar atención inmediata cuando se equivocan los pronósticos del clima. Todo lo anterior no es responsabilidad de la administración pública municipal que está en funciones, es la ruta que ha seguido a los largo de los trienios no contemplar la vieja idea de las políticas públicas de que “los gobiernos deben hacer en tiempos de paz, lo que hacen en tiempos de guerra”. En otras palabras, es la vieja costumbre arraigada en los gobiernos de no trabajar de forma consciente en preparar a la ciudad para futuras contingencias que son probables o plausibles de que sucedan. Al contrario, lo que vemos son pleitos en el Cabildo que rayan en lo cómico, las discusiones para ver quién descalifica mejor es el instrumento de calidad con la que se ve el ejercicio de deliberar mientras las vialidades están descarriladas debido a que cada quien conduce un auto como mejor le parece, o bien, los policías municipales siguen mostrando que muchos de ellos están muy lejos de ser honestos y responsables y portan un uniforme, placa y arma atentando contra el ciudadano en lugar de prevenirlo o apoyarle. Hasta aquí podemos decir que las nuevas lluvias y los informes de Gobierno están dando la oportunidad para volver a repensar en ser más innovadores, a propósito de que algunos expertos han vendido bien la idea de que muchos municipios han empezado a resolver sus problemas sin necesidad de mucho dinero. En lo personal soy de esa idea. En alguna etapa de mis trabajos académicos utilicé el concepto de innovación en la gestión local y me percaté de que si se logra transmitir a los ciudadanos de que ellos pueden ir resolviendo algunos de sus problemas en sus colonias muchas de las cosas pueden cambiar. Por qué no salir a tapar el bache que nos queda enfrente de casa en tanto llega el municipio a trabajar en ello, por qué no recoger la tierra que tapa el pavimento después de la lluvia, por qué cuando está lloviendo no nos concientizamos de que hay que manejar cautelosamente y evitar ser abusón y rebasar y bañar de lodo a los carros varados o a los que se rebasa. En resumen, si las ciudades principales de Sonora, en especial Hermosillo, muestran una cara deprimente después de que llueve eso ha sido porque las administraciones públicas así lo han querido, así lo han deseado, incluso se puede deducir que ha habido más política y menos administración. En el caso del Gobierno municipal que está en funciones le propongo que si el próximo año quiere informar algo más sobresaliente podría enfocarse en atender el problema de una policía municipal profesional y honesta y en mejorar la calidad del pavimento de las calles. No es necesario informar más, si cada año se nos dice que se solucionó algún problema de fondo eso será mejor a la cantidad de datos generales que cada año hemos escuchado de muchos alcaldes. Juan Poom Medina. Doctor en Ciencia Política por Flacso-México. Premio Nacional de Administración Pública, 2006. Correo: jpoom@colson.edu.mx

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