Columnas Poner orden en la casa

Desde la Polis

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Desde hace varios días, los dos principales aparatos responsables de velar por la tranquilidad en Sonora están acéfalos: La Fiscalía General de Justicia y la Secretaría de Seguridad Pública. Ambas salidas se dieron en medio de una delicada crisis de ingobernabilidad. Es cierto, los fenómenos de impunidad, violencia, y corrupción (que generan tanta inseguridad) no dependen exclusivamente de la calidad del fiscal o del secretario, pero en el remoto -pero no imposible- caso de se eligieran a los dos mejores cuadros disponibles, creo que habría una diferencia muy clara respecto al estado actual que guardan las cosas. Hay una serie de circunstancias que deben de alinearse para que esto suceda y son varios los actores políticos que concurrirán en este escenario. Para empezar, el (o la) siguiente fiscal y secretario de Seguridad, deberán de cooperar estrechamente. No puede haber espacio para la discordia, los egos, el encono y los berrinches… ni de un bando ni del otro. Hablando estrictamente de policías, ambos titulares se toparán con alarmantes números de elementos que necesariamente habrá que dar de baja, pues representan una amenaza por el factor corrupción/infiltración. Esto da pie a otros problemas: ¿Qué hacer con tantos ex-policías que rondarán libremente, conectados con bandas delincuenciales? ¿Cómo enfrentar a la delincuencia con un diezmado número de elementos que sí hayan pasado las pruebas de confianza? ¿Cuánto tiempo y dinero tomaría formar policías preparados? Parece que una vez más cobra fuerza la idea de echar mano de los cuerpos especializados del Ejército: La Policía militar. Porque la Secretaría de Seguridad en Sonora tiene un corte eminentemente de contención y reacción frente a la incidencia delictiva, fungiendo como una suerte de brazo ejecutor del Gobierno para “mantener la seguridad”, me enfocaré en la Fiscalía. Su próximo titular tendrá otro titánico reto, además de lo anteriormente descrito: Depurar y profesionalizar a los ministerios públicos. Honestamente no se cuál problema sea peor: Si el de la corrupción o el de la incapacidad. Sobre todo en los últimos años (y ya en uso el nuevo sistema penal), ha crecido entre la población la noción de que “las leyes están hechas para proteger a los delincuentes”. Nada más ajeno a la verdad. El problema es que tanto los policías ministeriales, como los ministerios públicos, simplemente no se han preparado, estropean toda la causa en contra del delincuente y es imposible para el juez retener al criminal… y eso que estoy hablando de cuando los llegan a aprehender. Desafortunadamente, todo esto no sólo sucede en los niveles del que se metió a robar a una casa o atacó a alguien… también se da cuando se trata de perseguir a uno que otro ex funcionario -a todas luces delincuente nato- que mucho daño le haya hecho a la sociedad (y al erario). Quien dirija la Fiscalía también tendrá la responsabilidad de perfilar a los nuevos fiscales anticorrupción y de delitos electorales; tendrá que poner orden en dichas áreas que simplemente no supieron dar resultados. El proceso de selección es muy retador. Para empezar, son más de 30 los aspirantes registrados ante el Congreso. Hay de todo. Los legisladores deberán reducir la lista a cinco nombres. ¿Qué perfil, experiencia y preparación tienen los diputados ante esta tarea? Después, esos cinco serán turnados a un “comité ciudadano” para que valide esa lista. Salvo un reconocido jurista, el comité está integrado por empresarios desvinculados con la naturaleza de estos temas. Otra vez, la controversia de estos grupos: No es que se trate de personas con malas intenciones, todo lo contrario; es sólo que un mecanismo como este debería constituirse por especialistas con un dominio pleno en estas cuestiones. Por cierto, fue este mismo grupo (con prácticamente los mismos integrantes) el que eligió en el 2012 al fiscal de la segunda mitad del padrecismo. Posteriormente le darán la lista a la Gobernadora, quien la reducirá a tres candidatos y la turnará al Congreso para que ahí se elija al Fiscal. Con la actual configuración política de Sonora, donde el Ejecutivo y los liderazgos informales que le asisten están debilitados, será clave el rol que juegue Morena. Prácticamente ahí se elegirá al Fiscal y también se demostrará -en ese proceso- qué tan aceitada está su maquinaria, qué tan bien trabajan sus partes y cuánta disciplina mostrarán ante los posibles coqueteos económicos que puedan aparecérsele a uno que otro diputado. Ronda el peligro de que el crimen organizado quiera influir en este proceso. Personalmente confío en que Morena, su principal líder y la colaboración de la Gobernadora, impedirán que ello suceda.

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