No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas Humor dominical

De Política y Cosas Peores

Por Catón  

En la noche de bodas Dulcibella se enteró de algo que no sabía: A su novio le faltaba un pie, y en su lugar usaba una prótesis. Desolada le puso un mensaje a su mamá. “Leovigildo no tiene un pie”. “No te apures, hija -trató de consolarla la señora-. Tú papá no tiene ni la cuarta parte de esa medida, y hemos sido muy felices”. (No le entendí)... El señor llamó a su pequeño nieto a fin de que saludara a su compadre, que llegó de visita. Le dijo: “Ven, Diploma”. “¿Diploma? -preguntó extrañado el compadre-. ¿Por qué le dices así?”. Explicó el señor: “Eso fue lo que trajo mi hija de la universidad”. El muchacho recién casado acudió a la consulta del doctor Ken Hosanna. Le dijo que su mujercita le pedía amor todos los días -en ocasiones dos veces cada día- y eso lo tenía exhausto, exánime, agotado. “Llévese estas píldoras para dormir -le indicó el facultativo-. Estoy seguro de que lo ayudarán bastante”. El muchacho se desconcertó: “¿Cómo es que me receta píldoras para dormir?”. “No son para usted -respondió el médico-. Déselas a su esposa. Así podrá usted reponerse”... Simpliciano, joven varón sin ciencia de la vida, trataba inútilmente de obtener los favores de Taisia, voluptuosa mujer experta en las variadas artes del amor. “¡Te deseo ardientemente! -le dijo desesperado-. ¡Si no accedes a lo que te pido dame al menos la luz de una esperanza!”. “Lo siento -respondió ella-. Si tanto deseo sientes tendrás que usar lámpara de mano”. Bucolio, joven labrador sin ciencia de la vida, casó con Nalguirina, artista de un circo que acertó a pasar por el lugar donde vivía el muchacho. Ignorante de las cosas de himeneo Bucolio le preguntó a su padre, don Poseidón, qué debía hacer en la noche de las bodas. “No se apure m’hijo -lo tranquilizó el genitor-. La naturaleza se encargará de mostrarle el caminito de la felicidad”. Al día siguiente de los desposorios don Poseidón le preguntó con sonrisa socarrona a su retoño: “¿Encontró m’hijo el caminito de la felicidad?”. “Sí, ‘apá -respondió el mocetón-. Aunque, la verdad, a mí me pareció más bien autopista de cuatro carriles”. Rosilí, muchacha soltera, comunicó en su casa que se hallaba en estado de buena esperanza, o sea embarazada. “-¡Cómo! -exclama su mamá llena de consternación. Interviene el papá de Rosilí. “-No hagamos preguntas tontas -dice-. Ya sabemos cómo. Lo que nos interesa saber es con quién”... Aquel señor era sobrino de un sacerdote cuya edad frisaba ya en los 90 años. Cierto día fue a visitarlo en la casa de reposo donde estaba. Conversaba con él cuando llegó una monjita llevando la merienda del anciano: Un plato de avena, un vaso de leche y dos galletas. Notó el sobrino que en la charola iba también una pastilla de color azul. Por su color y por su forma le llamó la atención esa pastilla, y se acercó a mirarla. Su sorpresa no tuvo límites: ¡Era Viagra! Estupefacto le preguntó a la religiosa: “Oiga, madre: Esta pastilla ¿es para mi tío?”. “-Así es, señor -contestó la reverenda-. Todos los días al caer la tarde le damos una igual”. “Pero, madre -dijo el hombre sin entender aquello-. Esa pastilla es Viagra”. “Ya lo sé, señor, ya lo sé” -respondió calmosamente la monjita al tiempo que le daba la pastilla al viejecito. “¡Pero cómo! -profirió escandalizado el visitante-. ¡Mi tío es un anciano! ¡Es sacerdote! ¿Y le dan Viagra?”. “Sí -admitió la sor-. Y eso ha dado muy buenos resultados. Tanto él como nosotras estamos muy felices”. “¡Qué dice usted!” -se espantó el sobrino a punto de caer de espaldas. “Lo que oye -repitió la monjita-. No sé por qué, pero desde que le damos esas pastillitas el padrecito ya no se rueda en la cama, como antes que cada rato se nos caía”. FIN.

Comentarios