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Columnas Violencia en el futbol

De Política y Cosas Peores

Por Catón  

“Tú pagas las bebidas, la cena y el hotel -le dijo Pirulina a su galán-. El resto de la noche corre por mi cuenta”. El médico rural fue por la noche al jacal de un joven campesino cuya esposa, primeriza ella, estaba a punto de dar a luz. En la humilde morada de la pareja no había energía eléctrica, de modo que el doctor usó para iluminarse una lámpara de baterías. “Ya viene la criatura” -dice proyectando el haz de luz sobre la escena. Nació el bebé, en efecto. “Viene otro” -anuncio el médico sin dejar de echar la luz-. ¡Y otro más!”. El campesino le dijo muy nervioso: “Doctor, apague ya su lámpara. Parece que es la luz lo que los está atrayendo”. Solemne y orgulloso uno de los internos del manicomio se presentó ante el director: “Soy Marco Antonio, conquistador de Egipto”. “Me sorprendes -sonrió el funcionario-. La última vez me dijiste que eras Napoleón, conquistador de Europa”. “Es cierto -reconoció el alienado-. Pero descubrí que la que dice ser Cleopatra foll... mejor que la que se cree Josefina”... Doña Otonia contó en la merienda de los jueves: “Todos los días me dolía la cabeza. Conocí a un estudiante de Medicina, y tres veces por semana me hace una trepanación. Con ese tratamiento las jaquecas han desaparecido” “¿Trepanación? -se sorprendió una de las asistentes-. ¿Y hecha por un estudiante? ¡Imposible!”. “Pos no sé -replicó doña Otonia-. Pero desde que ese muchacho se me trepa ya no me duele la cabeza”. Un cierto amigo mío dice que los buenos aficionados al futbol se pueden contar con los dedos de un pie. No comparto su opinión. Sé que la inmensa mayoría de los que gustan de ese deporte son personas educadas que conocen el juego y lo disfrutan. Por desgracia hay muchos barbajanes que van al futbol y ni siquiera ven el juego, pues en él tienen un pretexto para la embriaguez y la violencia. Algunas de las llamadas porras o barras son en verdad bandas de pandilleros que se reúnen para cometer desmanes con perjuicio para el juego y para la afición. Las directivas de los clubes no deben apoyar a esos grupos de delincuentes. Si sus integrantes incurren en violencia validos del anonimato, los equipos de los que se dicen seguidores han de ser sancionados. Los jugadores deben dar ejemplo de buen comportamiento, pues en ocasiones lo que sucede en las tribunas y en la calle es reflejo de lo que se ve en la cancha. Ojalá lo sucedido en Monterrey no vuelva a repetirse. La esposa de Babalucas dio a luz un hijo, el tercero. “Ya no tendremos más” -sentenció el badulaque. “¿Por qué?” -quiso saber la señora. Explicó Babalucas: “Leí que uno de cada cuatro niños que nacen en el mundo es chino, y yo quiero puros mexicanos”. María Candelaria, muchacha lugareña, fue a la ciudad en busca de trabajo. En el pueblo quedó Lorenzo Rafáil, su enamorado. Pasó un año sin que los dos se vieran. Pero un día el desolado joven recibió un mensaje: ¡María Candelaria regresaba al pueblo! Llegaría en el tren tal día a tal hora. En la fecha del feliz retorno ahí estaba Lorenzo Rafáil, en la estación del ferrocarril, a lomos de su burro. Sucedió que cerca andaba una linda burrita. El jumento de Lorenzo se encendió al punto. Alborotado, comenzó a rebuznar en modo wagneriano. Reparaba; tiraba coces; pugnaba por ir hacia la burra. A duras penas Lorenzo Rafáil lo pudo contener. “¡Mira! -le dijo con enojo al cachondo pollino-. ¡Ni que el mensaje te hubiera llegado a ti!”... Susiflor le comentó a Libidiano: “Me gustan los hombres con los pies bien puestos en la Tierra”. Respondió el salaz sujeto: “En cambio a mí me gustan las mujeres con los pies bien puestos en el aire”. FIN.

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