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Columnas Más cerca de la ciudadanía

De Política y Cosas Peores

Por Catón  

“¿Cuándo se acaba en el hombre el deseo de la mujer?”. Así le preguntó un curita joven, angustiado porque continuamente lo acometían las tentaciones de la carne, a un anciano sacerdote de 97 años de edad. “Mira, hijo —respondió el santo varón—. Por lo que he leído en las Sagradas Escrituras; por mis estudios de la doctrina de los Padres y Doctores de la Iglesia; atendiendo a lo dicho por grandes confesores que conocen profundamente la naturaleza humana; pero sobre todo por mi propia experiencia, puedo decirte que el deseo del hombre por la mujer se acaba posiblemente unos 15 días después de que te has muerto”. ¡Cuán sabio juicio es ése, y qué ajustado a la naturaleza! Pensaba igual aquel rudo individuo que abordó a una guapa mujer en un bar. Le dijo ella, cortante: “No pierdas tu tiempo. Soy lesbiana”. “¿Qué significa eso?” —preguntó el ignaro sujeto. “Significa —respondió ella— que me gustan las mujeres. Me encanta acariciarlas, besarlas, sentirlas junto a mí”. “¡Entonces venga esa mano! —exclamó alegremente el tipo—. ¡Yo también soy lesbiano!”. Eso mismo intuyó Pepito. Estaba en el parque con su amigo Juanilito cuando pasó una estupenda morenaza de esculturales formas y ondulantes movimientos. La ve Pepito y le dice a su compañero: “¿Sabes qué? Estoy empezando a sospechar que hay en la vida otras cosas a más del xbox, el play station y el iPod”. Recordemos también el cuento medieval del muchacho que por primera vez fue al pueblo llevado por su padre, con quien vivía, solos los dos, en la montaña. Jamás había visto una mujer el infeliz mancebo. Cuando las vio, lozanas y garridas, preguntó con asombro a su padre qué clase de criaturas eran ésas. “Son ocas”, respondió el padre, temeroso de que su hijo fuese atraído por alguna de aquellas tentadoras. A fin de distraerlo lo llevó al mercado. Le mostró las ovejas, las vacas, los caballos que ahí había, y le dio a escoger. “¿Qué quieres?” —le preguntó. “¡Una oca, padre! ¡Una oca!” —respondió con ansiedad el mozo. Justifiquemos por eso al padre Arsilio. Fue sorprendido por la señorita Peripalda hojeando —y ojeando— un ejemplar de Playboy: “¡Pero, señor cura! —exclamó azorada la piadosa catequista—. ¡Usted viendo esa revista!”. “Hija mía —suspiró el buen sacerdote—. El hecho de que esté a dieta absoluta no significa que no pueda ver el menú”... Paso ahora a otro tema, si bien menos agradable no por eso más importante... Desde luego los políticos también son gente, pero son menos gente que la demás gente. La gente común habla de deportes, de cine, de la demás gente. Los políticos hablan de política, de política y de política. La gente común desayuna huevos o cereal, come un bistec, cena una ensalada. Los políticos desayunan política, comen política y cenan política. Pienso que muchos políticos, puestos a escoger entre pasar un lindo rato con una bella dama o hacer con un colega la lectura —así debe decirse— del último acontecimiento de política, preferirían lo segundo. Si por males de mis pecados llegara yo a político, lo primero que haría sería ser menos político. Si Josefina Vázquez Mota obtiene la candidatura a la Presidencia por el PAN será la más gente de los tres candidatos, sin que eso signifique que no sea política. Por eso espero que no pierda piso. Lo pierde en festejos multitudinarios que deben costar mucho dinero; lo pierde cuando pone en su equipo a urdidores de campañas negras y propaganda sucia. Pero comparada con Peña Nieto y López Obrador, Josefina es más persona y menos personaje. A Peña Nieto lo han hecho la televisión y el Grupo Atlacomulco, esa misteriosa entelequia que vendría a ser, según parece, una especie de Yunque priista. A López Obrador lo han fabricado últimamente sus estrategas y asesores de imagen, que le cambiaron su discurso de bravucón de barrio por otro beatífico, de modo que un buen día amaneció repentinamente manso y humilde de corazón. Ambos son políticos profesionales. La aspirante panista, en cambio, está más cerca de la ciudadanía, de la común manera de ser del mexicano medio. Ojalá, vuelvo a decirlo, no pierda piso. Eso la alejaría de la gente. FIN. Catón es Lic. en Derecho y en Lengua y Literatura Españolas/cronista de Saltillo.

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