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Columnas El Presidente y la Ley

Cuestiones y enfoques

Por Martín Holguín

“Si hay que optar entre la ley y la justicia, no lo piensen mucho, decidan en favor de la justicia”… ¿Quién es el autor de esta frase?, ¿será Joaquín Murrieta, aquél que se hizo famoso como “El Zorro”?, ¿quizá algún personaje de El Libro Vaquero, mientras le habla a los bandoleros reunidos en una taberna? Pues no, lamentablemente no es de alguno de ellos ni siquiera fue dicha en el siglo XIX. Es actual, tan actual que la pronunció el jueves pasado ese señor llamado Andrés Manuel López Obrador y que firma como Presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos. Sí, el mismo que el pasado primero de diciembre juró respetar y hacer respetar la Constitución, aquél que en campaña gritaba: “Nada ni nadie por encima de la Ley”. ¿Qué le sucede al Presidente?, es difícil de entender esa necesidad de estas frases para “defender” un memorando donde ordena a tres secretarios de Estado que deroguen cualquier vestigio de la reforma educativa aprobada en el primer tramo de Peña Nieto. Es raro que ninguno de los secretarios aludidos se haya pronunciado públicamente. En este escenario, con esta frase, ni siquiera tiene caso cuestionar qué están haciendo sus asesores, porque se trata de sentido común, simple y llano sentido común. No creo que no esté consciente del alcance de sus palabras, que no sepa que tiene muchos seguidores que creen ciegamente en él y van a seguir cualquier “recomendación” que les haga. ¿Qué va a hacer si un grupo de personas decide que la justicia para ellos significa ejecutar a un ratero, aunque la Ley lo prohíba? Ahora nos ponemos en la mente del ladrón y él puede pensar que es injusto que unos tengan propiedades (aunque las hayan obtenido legalmente), así que el “sentido de justicia” le indica que se las debe quitar. El señor Robin Hood seguramente sería todo un héroe de la 4T. Andrés Manuel (el señor que soñaba con ganar una elección presidencial) puede tener sus razones, quizá hasta esté convencido de lo que piensa… pero el Presidente que también habita en él, aunque a veces lo olvide, debería entender que su labor es de líder, de guía de todo un País, y, si le es posible, actuar como un estadista. No debe mandar mensajes incitando a quebrantar la Ley, la Constitución. Insisto en algo que he dicho aquí: Los mexicanos necesitamos un Presidente efectivo, no un político efectista. Mala semana La violencia se sigue manifestado en el País. El asunto de Minatitlán, con trece asesinados en el lugar de los hechos y cinco en estado grave, encendió una campaña fuerte en contra del Presidente con el hashtag #AmloRenuncia, el cual se convirtió en tendencia de Twitter a nivel internacional. En un régimen normal, la violencia de los primeros seis meses no debería ser atribuida a quien va llegando al cargo, pero una mezcla de trolls con tuiteros auténticos se encargó de recordarle a López Obrador posturas de él mismo en esa red social, como una del 21 de abril de 2013 (a cuatro meses y 20 días de la administración anterior), que decía: “En Michoacán 189 homicidios en el 1er trimestre del año, el máximo en décadas. EPN deja la pantomima y atiende las calamidades del País”. Justo seis años después, esa postura se le revierte porque está a la misma distancia de haber tomado posesión, con sensación y estadísticas de inseguridad mayores. Fue interesante el duelo de Twitter, porque los lopezobradoristas tuvieron su reacción y lanzaron el hashtag #AmloElPuebloTeApoya, pero la última vez que lo revisé tenía 78 mil por 203 mil del que pedía su renuncia. Primera vez que los seguidores del Presidente son “derrotados” de esa manera en una red social. Si ese indicador no los hace reaccionar y redefinen algunos aspectos de la estrategia, la imagen presidencial amenaza con ponerse a la par de Peña Nieto… y eso sería malo, bastante malo. En esas estaba cuando leí un tuit de Alfonso Durazo: “En el fondo de la violencia está la ruptura, con efectos e inercias acumulados por décadas, de nuestro tejido social. La estrategia es avanzar hacia su regeneración y cancelar la corrupción que, desde el poder, ha amparado a los grupos criminales y permitido su impunidad”. Mmmm, cancelar la corrupción. Qué interesante y sencilla solución, ¿por qué nadie la habría cancelado antes?

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