No te pierdas las últimas noticias

Suscríbete a las notificaciones y enterate de todo

Columnas Se escuchó en el Senado

Criterio

Por Jesús Canale

Esta semana escuchamos dos voces en nuestro Senado que nos hacen reflexionar, no en cuestiones políticas sino en temas muy de fondo y que nos conducen a considerar (o reconsiderar) qué somos. Esas voces vinieron de la senadora morenista, Jesusa Rodríguez y de Xavier Bettel, primer ministro del Gran Ducado de Luxemburgo. La senadora, en el seno de una de sus demandas por detener la crueldad con los animales para la experimentación para producir cosméticos en México, propuso que los animales de otras especies distintas a la nuestra fuesen también considerados como personas y se les reconozcan sus derechos: “Los animales deben ser considerados como personas, y no como cosas, y deben tener sus propios derechos” dijo, no sin también insistir en una consideración especial para los animales hembras: “No debemos olvidar a las hembras de todas las especies que están siendo explotadas por la industria alimenticia de una forma brutal; todas las hembras de todas las especies merecen vivir: Las vacas, las puercas, las burras... todas las hembras somos iguales y debemos tener el mismo respeto e iguales derechos. La lucha feminista -añadió- si no es antiespecista, no es” significando que no debe considerarse como feminismo aquello que no engloba a las hembras animales en la lucha por las féminas. Una de las definiciones más utilizadas de “persona” en los últimos quince siglos es la propuesta por Boecio: “Sustancia individual de naturaleza racional”, es decir “individuo racional”, la cual así como tantas otras definiciones concreta su significado a los seres humanos pues a estos, por su propia naturaleza, les corresponde la racionalidad. Nunca antes nadie ha invocado la inclusión de los animales de otras especies en el sector de los racionales, ni siquiera el contemporáneo Peter Singer, filósofo que propone una nueva distinción para los animales más evolucionados, especialmente para el mono, y que, por cierto, tiene más aprecio por un ratón ya desarrollado que por un embrión humano, según su propia y ya famosa expresión. Así pues, no debe extrañar que la senadora haya provocado una secuencia de expresiones tanto en los medios como en las charlas de café refiriéndola como la postulante de una reclasificación de los seres vivos con una ampliación enorme del campo de la antropología y, obviamente, del derecho, de la ética, de la sociología, etcétera. Compartimos su ánimo de aprecio y cuidado por los animales y por evitarles invariablemente todo sufrimiento innecesario, pero de aquí a “humanizarlos” pues está de más. Pasemos Bettel, hombre que hace tres años, a sus 42 años de edad, se “casó” con otro hombre. En el recinto del Senado promovió la idea del “matrimonio” entre personas del mismo sexo y dijo que “la homosexualidad no es una elección, la homofobia sí lo es”. Es pertinente aclarar que, si bien la homosexualidad puede ser una condición que la persona no elija libremente, los actos homosexuales sí lo son, como lo son también los actos heterosexuales, y, como elecciones libres que son, éstos pueden ocurrir o no ocurrir dependiendo de la voluntad de cada individuo. El hecho de que la condición homosexual sea algo no elegido no significa que esté vinculada obligada o exclusivamente a una condición genética pues esto no se ha demostrado cabalmente: El estudio genético más grande sobre el comportamiento homosexual (490 mil hombres y mujeres heterosexuales y homosexuales) sugiere que al menos cuatro sitios genéticos puedan tener relación con el comportamiento homosexual aunque tales sitios también están presentes en algunos heterosexuales; finalmente los analistas del estudio no dan al tema genético la exclusividad en todo caso sino que consideran la influencia de otros factores no genéticos, por ejemplo, el entorno sicológico, familiar y social. Es un tema científico complejo sobre el que está aún pendiente pronunciar la última palabra.

Comentarios