Columnas Necedad de un Presidente electo

Análisis sin Fronteras

Por Ana María Salazar

Cada palabra que emite un presidente cuenta. De hecho, en una democracia la capacidad que tiene un presidente para reducir conflictos y asegurar la gobernabilidad no depende del uso de la fuerza ni del uso de la policía o sus fuerzas armadas. Depende de su capacidad para convencer a los ciudadanos que podrían no estar de acuerdo con sus políticas ni su visión de país, pero que sería justo que escucharán que, a pesar de que tendrá que tomar decisiones difíciles y que no son necesariamente populares, su objetivo principal es el bienestar, a largo plazo, del pueblo, de todo el pueblo. Andrés Manuel López Obrador arrasó en las elecciones. Pero creo que él y su equipo no han entendido bien que parte de su éxito electoral fue el hartazgo de los ciudadanos ante una clase política rapaz, corrupta, y claramente más interesada en defender sus intereses económicos o partidistas. Ese hartazgo no se traduce necesariamente en apoyo y aceptación de muchas de sus propuestas. Por eso, era fundamental que esta larga transición entre una administración y otra se usara para tener claridad con su equipo, la visión sobre cuáles deberían de ser las prioridades, y buscar afianzar la credibilidad que requiere para gobernar en un momento difícil para México. En este sexenio se continuará viviendo una crisis de seguridad, seguramente económica y obviamente un distanciamiento con Estados Unidos y una gran parte de Latinoamérica. Pero el Presidente electo desperdicia el increíble bono democrático que le dio el pueblo de México, en subrayar diferencias sociales, maltratar públicamente a las instituciones que necesita para gobernar, señalando a sus críticos como prensa fifí, o políticos y empresarios corruptos. Y, sobre todo, parecería resaltar una de las características más peligrosas en un gobernante: Ser necio y no buscar crear consenso. Y esa necedad está empujando a que su equipo y las personas más allegadas a él políticamente, que tienen la responsabilidad de defender sus necedades, tengan que mentir, o presentar argumentos que netamente son falsos, o dar la apariencia de que son ignorantes. Y al igual que el presidente electo, López Obrador, el equipo de allegados también está perdiendo credibilidad, y lo terrible es que ni siquiera están en el poder todavía. Por eso, más allá de los resultados de la consulta sobre el futuro del aeropuerto de la Ciudad de México, lo preocupante, en términos de gobernabilidad del País, no es el resultado, sino el impacto en la credibilidad del Presidente electo y su equipo. Porque hasta la fecha no han podido dar una explicación contundente de por qué la opción de Santa Lucía es tan importante para AMLO, pero hacerlo de un forma tan autoritaria y tan antidemocrática no tenía sentido. ¿Es necedad? ¿O fue necesidad? Pero el costo en la credibilidad del Presidente electo y su equipo fue alto. Y el costo para el País será más alto. ¿Cuál es la razón de Andrés Manuel de iniciar su sexenio con el dólar arriba de los 20 pesos? De nuevo hago la pregunta: ¿Es necedad o hay una visión, un plan, una estrategia que explique por qué busca empezar gobernando con tantos cuestionamientos? ¿Le ayuda al futuro Presidente a gobernar mejor si inicia con el País en crisis? No sé. Pero lo que sí aprendió la comunidad empresarial, los inversionistas, accionistas, personas que tienen Afore, cientos de empleados, ciudadanos que viven en la frontera con Estados Unidos, que tenían la esperanza de que la globalidad de la economía mexicana sería uno de los pesos y contrapesos más importantes para contener algunas “necedades” de Andrés Manuel López Obrador, es que simple y llanamente no es cierto. Y debemos considerar que los otros contrapesos, tales como los partidos políticos, ONG, medios de comunicación, la clase empresarial, sindicatos, jueces, legisladores independientes, burocracia profesional, poco o nada podrán hacer para contener las necedades del futuro Presidente. Ya están inventando crisis y todavía les falta un mes para empezar a gobernar. El panorama ya se ve oscuro y confuso. ¿Tan necio es AMLO? ¿Su estilo de gobernar será con base en necedades y ocurrencias? Van a ser seis largos años. Muy largos.

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