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“He vivido con dignidad”: Carlos Armando Biebrich

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Del elogio máximo al vituperio y de la cima del poder a la caída pasó Carlos Armando Biebrich Torres, el ex gobernador sonorense que tras la persecución resurgió en la vida política nacional.



“Fui víctima de dos embestidas, el elogio desproporcionado que llegó hasta la abyección y el vituperio sin medida que llegó hasta la sevicia”, dijo Biebrich Torres en una entrevista exclusiva para EL IMPARCIAL.



El ex mandatario estatal originario de Sahuaripa platica en el estudio de su residencia en esta ciudad donde se observan sus recuerdos de su primera campaña política para diputado federal en grandes fotos con vestimenta vaquera, las obras jurídicas de su autoría e imágenes que dan cuenta de sus más de 50 años de carrera como político, abogado y docente en Sonora y México.



Tuvo un inicio precoz en la política: A sus 22 años ocupó la secretaría municipal de Cajeme en 1961, a los 28 años se había convertido en diputado federal por el distrito 4, de 1967 a 1970; después fue subsecretario de Gobernación en el sexenio del presidente Luis Echeverría y con Mario Moya Palencia como titular de Gobernación, y cuando rondaba los 34 años, llegó a la gubernatura de Sonora.



El futuro prometedor que analistas estatales y nacionales veían para el joven político sonorense se truncó tras la matanza de campesinos ocurrida en San Ignacio Río Muerto el 23 de octubre de 1975; al día siguiente renuncia a la gubernatura y el día 25 el senador Alejandro Carrillo Marcor rinde protesta como Gobernador interino.



Biebrich Torres inicia una intensa lucha política y legal para defenderse de acusaciones contra él y su familia. Tras 10 años de retiro regresa a la política invitado en 1989 por Luis Donaldo Colosio para integrarse al Comité Ejecutivo Nacional del PRI como secretario de Organización.



A casi 40 años de los sucesos que marcaron su carrera como político, Biebrich Torres cuenta su historia en el libro autobiográfico “He vivido con dignidad”, que mañana a las 19:00 horas presentará en el auditorio de la Sociedad Sonorense de Historia.



A continuación la entrevista:



¿Por qué decidió escribir sus memorias en este libro “He vivido con dignidad”?



Carlos Armando Biebrich Torres (CABT):

He tenido una larga carrera política profesional, académica y con todos los sucesos que he vivido en la República como funcionario federal y aquí en Sonora, fui diputado federal muy joven y también fui joven Gobernador, quería darle vuelta a la hoja, porque mi vida ha sido de contrastes.



Mi vida política es parcialmente conocida por los sonorenses y quizá las nuevas generaciones se hayan interesado en algo, hace 40 años dejé el Gobierno de Sonora y decidí dejar un testimonio, no pude, valga la expresión darle la vuelta a la hoja.



Quise dejar un testimonio y por eso le llamo “He vivido con dignidad”, porque con dignidad ejercí los puestos públicos importantes que tuve y con dignidad defendí la integridad personal y familiar, eso fue lo que me hizo escribir.



¿Qué lo movió para entrar en edad tan temprana a la política?



CABT:

Algo relato en mi libro que para mí fue emocionante, en Sahuaripa fui acólito de un sacerdote más cercano a los misioneros del siglo 16 y 17 como Fray Bartolomé de las Casas, Fray Junípero Serra o el Padre Kino; yo cuidaba la sacristía o atendía gente cuando él no estaba porque era un verdadero misionero, tenía un asilo de ancianos y visitaba gente enferma.



El padre tenía libros de San Agustín, Santo Tomás y me recomendaba sus lecturas; ahí estaba un libro olvidado, “Juárez, el impasible”, de Héctor Pérez Martínez, un escritor chiapaneco que por allá en los cincuenta escribió una biografía de Juárez, y el padre me dijo ‘este libro no lo leas porque éste (Juárez) está excomulgado, le quitó los bienes a la Iglesia, no lo vayas a tocar’.



Cuando el padre se iba, lo empezaba a leer, el primer libro de historia que leí, entre mis 10 y 12 años de edad.



Vi en ese hombre superior de México el ejemplo de patriotismo, de lealtad, de firmeza, de honradez. Juárez me inspiró. Nadie, ni antes ni después tiene la estatura de Benito Juárez.



En esta vida de contrastes, ¿qué sintió al pasar del elogio máximo para el entonces político con un futuro prometedor y cambiar a la situación de un político perseguido e incluso acusado por delitos, y que llegó al retiro?



CABT:

Cuando era candidato, mi esposa y yo, después de la campaña en un día de reposo, leyendo en el periódico lo exagerado de los elogios, diciendo que nadie como yo tenía la experiencia política y sabiduría, en 1972; eran desproporcionados los elogios y desde entonces pensamos, después de esto tiene que venir el vituperio, no se puede resistir la objetividad.



Luego la revista Time publicó en su lista de los líderes del mundo a dos latinoamericanos, a Porfirio Muñoz Ledo y a mí; obviamente, y lo digo con sinceridad, no perdí el piso, me mantuve firme e incluso di ese apoyo al hombre que consideré en ese tiempo el más preparado, el más honesto y el más inteligente para ser presidente de la República, que era Mario Moya Palencia con quien me formé también y fui su subsecretario de Gobernación más de dos años.



Después vino la persecución que llegó a extremos, el vituperio, como lo hemos llamado, acuño una frase: “Fui víctima de dos embestidas, el elogio desproporcionado que llegó hasta la abyección y el vituperio sin medida que llegó hasta la sevicia”.



Fui víctima de esas dos embestidas, porque tanto afecta a un ser humano los elogios desproporcionados como hasta compararme con la luminosa edad de Cristo, ahí aparece en mi libro y después decirme cadáver putrefacto.



Y en ambos escenarios creo que mantuve el equilibrio, ejercí con responsabilidad el Gobierno de Sonora. Hubo acciones fundamentales como crear el Colegio de Bachilleres, que el Presidente de México quería tomar de modelo a Sonora; sustraje en una hazaña política y universitaria, la preparatoria de la Universidad de Sonora, lo que triplicó el presupuesto de la Universidad, se lograron fortalecer las licenciaturas, maestrías, doctorados y hasta investigaciones científicas. Ningún otro Gobernador en la República lo pudo hacer.



La segunda acción fue la visita del presidente (Gerald) Ford con Luis Echeverría y la tercera, el Plhino (Plan Hidráulico del Noroeste), ya se había acordado con el entonces director del Banco Internacional de Desarrollo y con el presidente Echeverría, conectar dos o tres ríos de Sinaloa y Sonora con la idea de trasladar y construir una presa, que se construyó la presa finalmente, en El Carrizo.



En la historia de Sonora soy el único candidato que no tuve adversario, me fui solo, eso me dio la oportunidad de comunicarme día y noche.



Esos son dos extremos que he vivido, los viví con equilibrio, y el doloroso de la persecución, hasta mi señora fue acusada en un plan de una inaudita cobardía, después la Suprema Corte de Justicia de la Nación resolvió, ordenando fulminantemente en forma que en 72 horas le regresaran las propiedades que le habían decomisado.



He vivido eso, concluida ya la larga cadena de atropellos que logré superar en el Poder Judicial de la Federación, sin ninguna componenda con nadie pese a la ferocidad de la embestida que recibía del Gobierno de Sonora y del propio presidente Echeverría.



Su vida quedó marcada por la muerte de los siete campesinos durante el desalojo del 23 de octubre de 1975, ¿hubo detrás una venganza política, de quién, del Presidente?



CABT:

Sí hubo una matanza de siete campesinos, hubo dos invasiones conjuntas en un predio, San Isidro, en el Valle del Yaqui, y el predio, el nombre de San Ignacio Río Muerto, era la comisaría de Guaymas que ahora ya es Municipio, era un predio particular de Ciudad Obregón,



Yo estaba acostumbrado a la negociación, en la secretaría de Gobernación, me tocó administrar la Ley de Amnistía de Echeverría para dejar en libertad a todos los presos de 1968, a mí me tocó sacarlos de Lecumberri, no pude sacar a (David Alfaro) Siqueiros nomás porque llegó a la exageración, ‘muchachito’, me preguntó, ‘¿qué anda haciendo aquí conmigo?”, y le dije ‘vengo de parte del Presidente por la Ley de Amnistía’, luego dijo ‘no salgo de aquí, que renuncie el asesino de Echeverría y salgo’. Le respondí ‘eso rebasa mis proporciones’. Bueno a todos esos jóvenes, a Heberto Castillo, a los que se ven hoy en el PRD, todos salieron por esa Ley de Amnistía.



Incluso Echeverría destituyó a dos gobernadores en forma espectacular, a Otoniel Miranda de Hidalgo a los 10 días de ser gobernador y a (Gonzalo) Bautista O’Farril de Puebla despareciendo poderes. Y después negociando, me acuerdo de Nuevo León, con Guerrero también hizo espectáculo, desapareció poderes. Operé como subsecretario de Gobernación a atenuar los excesos del poder, de los siete estados no se pudieron evitar tres, Guerrero, Puebla e Hidalgo, pero Nuevo León y otros tres fueron negociados y a mí me envió el Presidente a negociar.



Además arreglé conflictos universitarios por huelgas; como candidato logré que se acabara la huelga, reinstalar las plazas y nombrar a un nuevo rector en la Universidad de Sonora, un destacadísimo oaxaqueño que fue el maestro (Alfonso) Castellanos Idiáquez.



En aquellos sucesos de 1975, dos día antes se negoció y se desalojó San Isidro, yo todo lo hacía de día. Entonces, en San Ignacio Río Muerto no fue la Policía Judicial, fue el Ejército.



Jesús Blancornelas, que estaba de director en EL IMPARCIAL, un periodista valiente, investigador, honesto, estuvo presente ahí, le avisaron y él lo dice en su libro, “vamos en la noche de tal día a invadirle el predio a fulano en San Ignacio”. Él estuvo presente y ahí está el testimonio más valioso, de noche se hizo el desalojo por miembros del Ejército a mis espaldas y murieron siete campesinos.



Blancornelas lo escribe en su libro “Crónica de una infamia”, persiguió al Ministerio Pública porque fue hasta medicina forense, rescató la autopsia y los certificados médicos, no los recuerdo, pero ahí tengo los nombres de los médicos que practicaron la necropsia, donde se acredita que fueron balas exclusivas del Ejército Nacional.



En esa época jamás, las policías judiciales usaban pistolas calibre 38, y nadie podía usar armas exclusivas del Ejército, eso es un delito grave y está en la Constitución.



Entonces ahí está la evidencia. Obviamente había una orden de desalojo de un juez del fuero común de Guaymas, como lo hubo en el otro predio donde se logró pacíficamente desalojar, aquí no, iban con la intención de matar.



¿Fue una venganza política?



CABT:

Pues yo creo que sí, era respetado y hasta popular como Gobernador.



Mi escueta renuncia de 10 líneas decía ‘renuncio para que se investiguen los hechos de San Ignacio Río Muerto’, el expediente el día que yo renuncio se destruye, sin ninguna investigación y me acusan a mí de todos los delitos del mundo, peculado, robo, abuso de autoridad, incumplimiento del deber legal.



No se investigó jamás y se destruyó el expediente. No hay vestigios y fue el crimen más grave, por eso renuncié, ya habían amenazado con desaparecer poderes.



En cuanto me dicen eso, le dije ‘es desproporcionado señor presidente desaparecer poderes’. Él me dijo ‘hable con su amigo Moya para que le dé instrucciones’.



Hablé con Mario Moya y le dije: ‘Dile al señor Presidente que tiene 5 minutos para nombrar Gobernador, si no me informa le dije, yo nombro Gobernador y mañana exhíbanse en el País y el mundo desapareciendo dos poderes’



No terminaba de colgar cuando suena el teléfono y me dicen ‘Carlos Armando, dice el presidente que nombres a (Alejandro) Carrillo Marcor’.



Yo le contesté: ‘Busque a ese anciano donde ande, le dije, porque si no llega yo nombro’. No sé si cayó como aerolito, pero aquí estaba al rato el señor.



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