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El entretiempo

En Hermosillo no tenemos las cuatro estaciones tradicionales que nos machacaron en la primaria: Primavera, verano, otoño e invierno.

Ernesto  Camou

Batarete

En Hermosillo no tenemos las cuatro estaciones tradicionales que nos machacaron en la primaria: Primavera, verano, otoño e invierno. Pero tampoco es verdad que sólo tenemos dos estaciones, la de secas y la del ferrocarril. Tenemos cambios climáticos en el ciclo anual, pero no son tan regulares y definidos como la teoría vigente en el Norte europeo que nos habla de un paso armónico de un clima frío -con heladas y nieve lo pintaban-, a una primavera en la cual florecen los campos, se pone verde el monte y los sufridos habitantes entran en éxtasis porque terminó el crudo invierno.

En realidad, tenemos un verano largo y seco que suele iniciar en mayo y que se prolonga hasta mediados de julio, con temperaturas que rondan los 40° ó 45° C, hasta que empiezan las lluvias y los calores nos dan breves respiros, con unas semanas de chaparrones a veces violentos, siempre bienvenidos, que pueden prolongarse hasta principios de septiembre.

Este breve tiempo de lluvias podría ser nuestra primavera: Los campos se ponen verdes y florecen los potreros; las reses comen pastos frescos, engordan y andan felices en los predios. Es entonces cuando les entra la urgencia por reproducirse. Ya iniciado septiembre se van esfumando los chubascos y comienza una canícula que puede ser feroz despedida de los calores veraniegos.

Decía doña Amelia, mi abuela paterna, que el primero de octubre había que sacar los suéteres, precavida que era ella: Había años, no todos, en que comenzaba un leve descenso del mercurio, los termómetros bajaban de la cota de los 30° C y obteníamos un respiro meteorológico disfrutable que podía prolongarse hasta el año siguiente. Era el entretiempo, quizá la estación más agradable del ciclo anual, y anuncio de días que creíamos gélidos, que iban asentándose en la región, muy paulatinamente desde noviembre hasta enero, cuando entraban las helazones matinales y los termómetros se estacionaban en temperaturas que no pasaban de los 10° C, y a veces disminuían hasta los 5° o 3° al amanecer. Muy excepcionalmente se situaban en los 0° C, por unos minutos. Era el tiempo de usar chamarras pesadas, guantes y gorros de lana, por lo menos entre las 7:00 y las 9:00 de la mañana, que el sol del desierto nos desentumía muy pronto.

El equivalente del invierno lo teníamos en enero y febrero: A veces duraba dos semanas, en otros años se prolongaba hasta seis o siete, y lo marcaban los fríos matinales que llegaban a 5° ó 4° grados al amanecer. Era un lapso para permanecer en la cama, si nos resultaba posible, hasta que calentara el sol. De chamacos salíamos a la calle forrados con pesadas chamarras sobre un chaleco más o menos cubridor. Para mediodía ya no aguantábamos tanto abrigo, nos los quitábamos y lo cargábamos junto con las mochilas escolares. A veces los perdíamos.

Ya para fines de febrero los fríos aminoraban y daba inicio un entretiempo parecido a la primavera que preludiaba, uno o dos meses después, la llegada de los veranos despiadados que se anunciaban desde mayo y se instalaban sin tregua durante el mes de junio. Ahora sí, el mercurio ascendía sin misericordia hasta instalarse alrededor de los 45° C la mayor parte de los días, con incursiones desalmadas hasta los 47° ó 48° en alguno de aquellos mediodías inclementes.

Eran semanas en las que oteábamos el horizonte con la esperanza de ver nubes auspiciosas, o rayos lejanos para reconocer, decían los entendidos, al relámpago de Mocorito, anuncio seguro de las lluvias. En años buenos iniciaban los aguaceros a mediados de julio; en años malos, nomás no llovía.

Cuando principiaban las lluvias, dos o tres chubascos a la semana, se instalaba la fiesta. Los hermosillenses todavía nos dedicamos, esas tardes excepcionales, a un pasatiempo muy socorrido: Acomodarnos a ver el temporal desde la puerta de la casa, o una ventana propicia.

Y ahí nos instalamos, entretenidos, disfrutando viendo llover.

Ernesto Camou Healy

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