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Evaluar los servicios de agua de la ciudad

Ante el arribo temprano de la contienda electoral, comienza también la búsqueda de fortalezas y debilidades de quienes pudieran competir por la gubernatura.

Nicolás Pineda

Y sin embargo

Ante el arribo temprano de la contienda electoral, comienza también la búsqueda de fortalezas y debilidades de quienes pudieran competir por la gubernatura. En el caso del alcalde Antonio Astiazarán, se ha señalado que uno de sus flancos débiles son los servicios de agua y saneamiento. Sin pretender hacer aquí una evaluación formal, vale la pena hacer un balance de avances y deficiencias de Agua de Hermosillo y apuntar el problema de fondo. El servicio es demasiado importante para evaluarlo únicamente con criterios electorales.

Lo bueno y lo malo

El principal logro de la actual administración ha sido mantener el abastecimiento a flote durante una sequía extraordinariamente severa. Entre 2023 y 2025 las lluvias fueron muy escasas, las presas se secaron y en 2025 Hermosillo fue declarado en condición de sequía extrema. A pesar de ello, la ciudad evitó un esquema generalizado de tandeos y, para buena parte de la población, el servicio continuó con relativa normalidad. No es un logro menor.

Pero hay problemas. El primero es la intermitencia y baja presión que padecen periódicamente diversas colonias, particularmente del Norte. Durante 2025 y 2026 se han registrado suspensiones que han afectado decenas de colonias por obras, incorporación de nuevas fuentes, fallas y problemas de distribución. Llevar mayores volúmenes hacia el Norte, incrementar fuentes y mejorar almacenamiento y distribución son asuntos que requieren soluciones técnicas, pero también acuerdos políticos e inversiones estatales y federales.

Un segundo problema es la medición y cobranza. Existen quejas por cobros elevados y sustitución de medidores. La administración ha invertido en pozos, telemetría y otras mejoras, pero la micromedición universal sigue siendo una tarea pendiente. Medir correctamente no es un asunto menor: Permite cobrar por consumo real, detectar pérdidas y administrar mejor un recurso escaso.

El tercer foco rojo está bajo nuestros pies: El drenaje. El socavón de Quintero Arce mostró crudamente el envejecimiento de la infraestructura; también hubo otro socavón en el Sahuaro y es probable que sigan apareciendo, sobre todo después de chubascos. Reparar colectores antes de que colapsen exige inversiones multimillonarias.

Todo conduce al problema financiero. Las tarifas permanecieron congeladas varios años y posteriormente sólo se ajustaron por la inflación; de modo que el valor real de la tarifa se ha reducido 18% en los últimos 10 años. Al mismo tiempo, el organismo arrastra una importante cartera vencida y hay usuarios se conectan de manera clandestina. Mantener infraestructura vieja con ingresos insuficientes es una ecuación difícil.

El problema de fondo

En el debate preelectoral aparece una solución aparentemente sencilla: Cambiar al director. Pero sustituir funcionarios no renueva tuberías, instala medidores, mejora las finanzas ni crea capacidad técnica.

Tampoco es un problema exclusivamente hermosillense. Se da en las demás ciudades de Sonora. Guaymas, por ejemplo, enfrenta pérdidas de agua estimada en 60% del abasto y más de 200 puntos con fallas del agua y drenaje. Ahí es particularmente costoso perder agua cuando la producida por la desaladora cuesta alrededor de 25 pesos por metro cúbico.

El problema de fondo es lo que los estudiosos llaman gobernanza del servicio: Las reglas mediante las cuales se toman decisiones, se designan directivos, se fijan tarifas, se planean inversiones y se evalúan resultados. Cuando los organismos se manejan con horizontes políticos de tres años, resulta muy difícil planear infraestructura cuya vida útil se mide en décadas.

Los organismos de agua requieren continuidad técnica, profesionalización, planeación de largo plazo, tarifas financieramente sostenibles, medición universal, transparencia y evaluación periódica. Eso trasciende nombres y partidos.

Cambiar al director es fácil. Cambiar el modelo de gestión es bastante más difícil. Y, sin embargo, ésa es la discusión que vale la pena dar.

Nicolás Pineda

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