Figura inculpadora
Vistiendo la retórica con eufemismos su método descubre más censura que libertad, más control que protección social, dos palabras que explican una contradicción: El defensor de las audiencias.
SEPTENTRIÓN
Después de casi ocho años de buscar moldear un país a base de propaganda el resultado se ha convertido en la urgencia por controlar el relato cotidiano, un apuro por someterlo a cauces particulares y partidistas, para esto han diseñado una maniobra, resultado del fracaso administrativo y del notorio declive presidencial así como del riesgo de algunos de sus futuros proyectos electorales.
Vistiendo la retórica con eufemismos su método descubre más censura que libertad, más control que protección social, dos palabras que explican una contradicción: El defensor de las audiencias.
Cabe aclarar que no hay ningún reclamo mediático por esa figura ni tampoco demanda social, los medios deben ser libres de publicar, decir o exponer lo que crean y los receptores libres de leer, ver y consumir lo que quieran, no se necesita de ninguna tutela oficiosa y menos de un régimen que ha demostrado carecer de formación ética. Para comprobarlo basta ver la conferencia diaria de la mandataria y de su antecesor, un cadalso mediático para los opositores y una corte de oropel para los cercanos, muy lejos de la auténtica libertad de expresión.
Estos gobiernos buscan afanosamente ser dueños de la opinión y con esto sustituir la realidad y la memoria por imágenes compuestas y ficciones, intentando hacer creer que son poderosos e invencibles para lograr el desánimo social.
En 1934 en el México pos revolucionario se formó en la Cámara de Diputados un comité de “Salud Pública” buscando depurar al Gobierno de contrarrevolucionarios, esta figura inculpadora sólo sirvió para estigmatizar y atemorizar, las acusaciones eran al arbitrio de este comité.
A pesar del control y la fuerza de aquel régimen hubo voces como la del poeta y cronista Salvador Novo (1904-1974) que se burlaron de las aspiraciones totalitarias y la propaganda de aquel Gobierno.
El estilo mordaz de Salvador Novo quedó plasmado en el libro: Poemas proletarios (1934) desde el título la burla y la ironía despuntan, de aquel consejo acusatorio quedaron el hostigamiento de todo aquel que pudiera ser catalogado como sospechoso al no pertenecer al PNR.
Esta organización se fue extinguiendo hasta desaparecer junto con la legislatura que la creó y demostrando que el acoso provoca más trastornos que beneficios, a diferencia de quienes integraron esta delegación inculpatoria estos fueron desapareciendo en su irrelevancia, Novo fue agigantándose y hoy su libro es un ejemplo de libertad y humor.
El régimen actual no advierte que sus medidas irracionales dieron resultados adversos, el apropiarse del Estado y someter a la República demostró que es perjudicial, no tiene ningún beneficio convertir a un país en su rehén, no hay manera de enderezar el rumbo nacional los poderes están unidos en contra de la ciudadanía y la censura venidera es la prueba.
Anclados en una izquierda antidemocrática la impaciencia se manifiesta, en el libro: Koljós de Emmanuelle Carrere, el autor rescata una anécdota de Lenin que se aproxima al actual momento mexicano: “A un hombre -decía también Lenin- no hay que preguntarle qué ha hecho bien o qué ha hecho mal, sino a qué clase social pertenece; su suerte debe depender de eso y de nada más. Pero entonces le preguntó Steinberg, su comisario de justicia: ¿Por qué nos molestamos en tener un comisariado de justicia?, ¿por qué no lo llamamos abiertamente el comisariado de exterminio social? Sería más claro. Lenin, con su cara de calmuco y su sonrisa astuta, respondió: Sería más claro, sólo que no podemos llamarlo así”.
El cinismo de un Gobierno usando eufemismos para someter: “El defensor de las audiencias”.
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