Benito, los EUA y Puerto Rico
El espectáculo fue una celebración de la identidad latina de Puerto Rico, y una afirmación de su inalienable derecho a ser ciudadano estadounidense desde su tradición caribeña, vibrante y auténtica.

Batarete
La participación en el medio tiempo del Super Tazón de Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido como Bad Bunny, tuvo más de 135 millones de espectadores en la televisión. La mayor parte lo disfrutó enormemente, algunos lo vieron para criticarlo y Donald Trump lo hizo para gestarse un muy buen entripado.
Si bien la reacción mayoritaria, con mucho, fue de regocijo, hubo algunos ofuscados que se la pasaron encabritados y rezongando, por muchas razones, todas descaminadas. Esa minoría inconforme y enrabietada es un indicador fehaciente de la muy escasa educación y muy alta ignorancia de una porción de los norteamericanos, que conforman la mayoría del movimiento MAGA (Make America Great Again), extremistas de derecha, ayunos de información, empachados de prejuicios, proclives a la violencia y siempre pendientes de sublevarse contra cualquier ensayo de democracia que no les favorezca: Sólo aceptan sus propios prejuicios, y pretenden hacerlos obligatorios para la totalidad.
El espectáculo del domingo pasado fue una celebración de la identidad latina de Puerto Rico, y una afirmación de su inalienable derecho a ser ciudadano estadounidense desde su tradición caribeña, vibrante y auténtica. Y no pueden olvidar su historia compleja y paradójica: Son nativos de una isla del caribe que fue colonizada por España y pasó a ser propiedad de los EUA desde 1898; que concedió la ciudadanía a sus habitantes desde 1917, pero junto con ese privilegio vino, un mes después, la noticia de que esos noveles ciudadanos tenían que inscribirse en el ejército e ir a pelear en la Primera Guerra Mundial: Se desenmascaró la merced concedida.
Siguen siendo un territorio incorporado, no son Estado: No tienen derecho a tener legisladores que los representen ni pueden votar por el Presidente que los manda a las refriegas bélicas. Accedieron a la ciudadanía en calidad de carne de cañón, y los quieren seguir tratando como inferiores y subordinados. En este contexto el espectáculo de Bad Bunny fue una protesta inteligente y creativa, un enfatizar los valores y las historias de su pueblo, su resistencia cultural articulada con música y baile, con fiesta y solidaridad popular.
A pesar de que los abuelos de Benito nacieron ciudadanos, la reacción de los descontentos fue delirante y también ridícula: “Que lo deporten”, exigían; “no tiene nada que hacer aquí”, insistían. “¡No cantó en inglés! ¿Qué hace el español en este Super Tazón?” preguntaban. Reclamaciones que subrayaban la profundidad de la ignorancia compartida por esa colectividad endeble de gringos espantadizos que comparten estrechez de miras y una veta de violencia contra el que es distinto: Aquellos con tez morena, acento discordante y tradiciones centenarias como barrios con familias, trabajos, ilusiones y objetivos que enriquecen a la comunidad y la cultura nacional de esos Estados Unidos a los que pretenden negar pertenencia.
Ahora bien, esos escandalosos de MAGA son también víctimas de un sistema educativo que confiere una visión de su país bastante sesgada y frágil: Algo aprenden sobre su pasado, pero muy poco sobre su situación en un mundo complejo y su geografía, y menos de las relaciones de codependencia de su país y los pueblos vecinos, cercanos y lejanos.
Puede parecer una exageración, pero es muy probable que una porción de peso de los estadounidenses no sea capaz de señalar en un mapa dónde están Ecuador, Honduras o Haití; muchos menos Marruecos, Serbia o Nepal. Tampoco tienen idea de dónde está Puerto Rico... Viven en burbujas culturales cerradas al mundo: Así los educaron, sin conciencia clara de que comparten vida y destino con muchísimos millones de humanos, distintos, con idiomas irreconocibles para ellos, con usos y costumbres enraizados en culturas milenarias y sabias, capaces de apreciar las diferencias y dialogar con ellas.
Los que elevaron la voz contra Bad Bunny lo hicieron desde sus prejuicios nefastos, su incompetente placidez, su seguridad endeble de ser los únicos cualificados para vivir y compartir su mundito sólo con los que se asemejan a ellos, Trump incluido.
Ernesto Camou Healy
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