Reflexiones de Mark Carney
Criticó la situación política internacional y la necesidad organizativa que se plantea para las naciones medianas que han sido sometidas a subordinación y dependencia...

BATARETE
En la reunión en el Foro Económico Mundial en Davos, el pasado 20 de enero, el primer ministro de Canadá, Mark Carney, criticó la situación política internacional y la necesidad organizativa que se plantea para las naciones medianas que han sido sometidas a subordinación y dependencia en nombre de alianzas estratégicas y amenazas no necesariamente orientadas a su bienestar.
Su perspectiva resulta crítica en cuanto han padecido, él y su país, los embates desde Washington, pero bosqueja una corrección limitada, no un cambio de sistema. Sin embargo, exigir que las naciones medianas se unan para que se les escuche en los foros internacionales, es un aviso y un pasito adelante...
Va una selección para abrir boca...
“Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno.
Pero sostengo que los otros países no están indefensos. Tienen el poder de construir un nuevo orden que integre valores como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados. El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.
Vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben.
El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera cierto. Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima.
Las grandes potencias empezaron a usar la integración económica como arma. Aranceles como palanca. Infraestructura financiera como coerción. Cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar. No se puede “vivir dentro de la mentira” del beneficio mutuo mediante la integración cuando la integración se convierte en la fuente de subordinación.
Muchos países están llegando a las mismas conclusiones. Deben desarrollar mayor autonomía estratégica: En energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú.
Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible si las grandes potencias abandonan incluso la pretensión de normas y valores para perseguir sin trabas su poder e intereses...
En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una elección: Competir entre sí por el favor o unirse para crear un tercer camino con impacto. No debemos permitir que el auge del poder duro nos ciegue ante el hecho de que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte -si elegimos ejercerlo juntos.
Lo cual me recuerda a Vaclav Havel. ¿Qué significaría para las potencias medias “vivir en la verdad?
Significa nombrar la realidad. Dejar de invocar el “orden internacional” como si siguiera funcionando tal como se anuncia. Llamar al sistema por lo que es: Un período en el que los más poderosos persiguen sus intereses usando la integración económica como un arma de coerción.
Construir una economía doméstica fuerte debería ser siempre la prioridad de todo gobierno. Diversificar internacionalmente no es solo prudencia económica; es la base material para una política exterior honesta.
El viejo orden no va a volver... Pero, a partir de la fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Esta es la tarea de las potencias medias.
Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros tenemos la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos... Y es un camino ampliamente abierto a cualquier país dispuesto a recorrerlo con nosotros”.
Ernesto Camou Healy
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