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Doctrina Guaymas

Esta fuerza política está formada para destruir no para construir, para pervertir nunca perfeccionar, para excluir y nunca unir.

Joaquín  Robles Linares N

SEPTENTRIÓN

En julio de 1960 en una gira por Guaymas, Sonora, el presidente Adolfo López Mateos declaró: “Mi Gobierno es, dentro de la Constitución, de extrema izquierda”, la expresión causó revuelo. Previamente el dirigente del PRI, Alfonso Corona del Rosal reafirmaba la posición ideológica del partido definiéndola como de “atinada izquierda”, después el secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz, respondió: “... izquierda, centro o derecha son relativos y cambiantes... que en México, izquierda significa capacidad de lograr la justicia social”.

El filósofo Emilio Uranga bautizó aquel momento declarativo como “Doctrina Guaymas”, subrayando que el régimen buscaba conciliar el desarrollo económico con la justicia social.

Todo quedó en el terreno arenoso del nacionalismo y en un ideario acomodaticio que el régimen usaba en función del momento político. El pronunciamiento arrebataba posturas a una izquierda en boga exponiendo una exculpación a la antidemocrática forma de Gobierno.

Tiempos turbulentos con un mandatario carismático, una economía en crecimiento, un fortalecimiento de instituciones y un sólido ingreso económico, pero con un sistema político que revelaba agotamiento, huelgas magisteriales, médicos protestando por las calles, virulentos movimientos guerrilleros, la crisis del sistema político incubada estalló pocos años después.

Este lenguaje se acomodaba a las exigencias del momento:

“El lenguaje importa y si este se construye con basamentos ideológicos tiene como resultado un objetivo. De 1917 a 1940, México experimenta la organización del régimen populista, inventado y desarrollado como ideología y como estilo político durante la lucha armada, y su transformación en un complejo político y social en el que las relaciones capitalistas se desarrollan sobre la base de la conciliación de las diversas clases sociales y del sometimiento de las mismas al Estado de Ejecutivo fuerte”. (Arnaldo Córdova. La ideología de la Revolución Mexicana: La formación del nuevo régimen).

Esta simpatía por la izquierda fue el alimento ideológico de generaciones que consideraron a esa corriente como la suprema aspiración de un Gobierno y en sentido opuesto, un estigma para quien no abrazara aquella posición.

El corto periodo democrático que nuestro País vivió -sepultado por el actual régimen-, trajo una sinceridad apremiante, se erigió un Estado confiable e incluyente dejando atrás toda aquella simulación heredada de los años del oficialismo priista.

Hoy padecemos un retroceso al mundo de la exclusión ideológica, las expresiones del poder son cada vez más sectarias, descalifican con el arcaico discurso de “traición a la Patria”, utilizan el lenguaje percudido por aquel oficialismo: Pueblo, soberanía, respeto, nacionalismo y todos los lugares comunes imaginables. Esta fuerza política está formada para destruir no para construir, para pervertir nunca perfeccionar, para excluir y nunca unir, no escucha a los otros mientras abraza a delincuentes y consiente tiranías.

Aquella declaración sesentera fue una simulación para buscar legitimidad, defender en estos tiempos a las dictaduras por razones ideológicas es una forma de distanciarse de la democracia y la inclusión.

México resentirá por largo tiempo la devastación institucional y la erosión democrática, la educación doctrinaria, el colapso sanitario, la inoperancia gubernamental, las obras faraónicas para halagar al caudillo; el despilfarro, la corrupción e impunidad serán la herida viva de una nación que aspiró a dejar atrás todos los vicios heredados. Buscarán la legitimidad en la ideología y el nacionalismo no en la democracia auténtica y competitiva, la reforma electoral que nadie pidió los enquistará perversamente.

La represión emerge, la censura aparece, la Ley de Audiencias es una prueba de lo que viene, pensarán y hablaran por todos, al igual que todos los regímenes totalitarios que defienden. Las ideologías incendian la razón, no importan los conceptos sino las pasiones que despiertan.

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*Ex presidente de la Sociedad Sonorense de Historia, colaborador en temas históricos, políticos y culturales distintos medios de comunicación. Ex funcionario cultural, actualmente dedicado a su práctica privada como odontólogo.

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