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Alma de acero

La inteligencia emocional es esencial en el ejercicio del liderazgo. Si no somos sensibles sólo aparentaremos preocuparnos por nuestra gente.

La inteligencia emocional es esencial en el ejercicio del liderazgo. Si no somos sensibles sólo aparentaremos preocuparnos por nuestra gente.

A veces nos atrevemos a adentrarnos en el tema de las emociones con los empresarios. Muchas familias de enorme reciedumbre, que destacan por sus hábitos de laboriosidad y espíritu de lucha, se conforman por hombres y mujeres duros, impenetrables, fuertes, sin aparentes debilidades.

Un día le comenté al líder de una familia muy recia que me parecían que estaban hechos como yo, con alma de acero. Se sorprendió un poco y preguntó: “¿Alma de acero? ¿Qué quieres decir?” Le comenté que algunas personas vivimos ante los demás como insensibles, como hechos del metal más fuerte. Pero le confesé: “La verdad es que parece que nuestra fortaleza está construida para resistir al exterior, para que nadie entre. Pero la verdad es que en el fondo lo que buscamos es que nada salga”.

No queremos compartir nuestros sentimientos, y por eso evitamos abordar esos temas. Preferimos mantenernos objetivos hablando del negocio, de los retos competitivos, financieros, operacionales.

Para personas así expresar los sentimientos es muestra de debilidad. Queremos aparentar que resistimos todo, que nada nos turba, que nada nos hiere. Por dentro podemos ser tan débiles que preferimos no exponernos, no nos vayamos a derrumbar.

La realidad nos ha demostrado que la inteligencia emocional se ha convertido en un rasgo esencial de liderazgo. Quienes no son capaces de percibir cómo se siente la otra persona difícilmente pueden influir en su voluntad. La carencia de esta capacidad nos lleva a conducir a nuestros colaboradores solo por miedo o por obligación.

Liderar hoy significa encontrar cómo lograr que la otra persona quiera hacer realidad lo que le proponemos. La idea es que ella se identifique con el objetivo a lograr, y por lo tanto, con el propósito por el que luchamos.

La pasión nuestra como líderes sólo la compartirán ellos como colaboradores si logramos despertarles una querencia genuina que salga de su corazón, de su interior. De otra forma obtendremos cumplimiento, tal vez hasta esfuerzo por colaborar, pero nunca auténtica alineación de voluntades. Por lo tanto, no contaremos con toda su creatividad, con todo su espíritu de lucha.

Es así que no podremos conseguir esa identificación de voluntades si no empatizamos con ese colaborador, sino entendemos su situación, sus circunstancias y sus problemas. Pero sobre todo si no comprendemos cómo se siente.

La insensibilidad de los empresarios suele incidir en la cultura de sus organizaciones. Las relaciones interpersonales hacen que los empleados más cercanos vivan con temor, sin soltura, entregándose limitadamente.

Por otro lado, los líderes emocionalmente inteligentes identifican cuando algún miembro de su equipo está desmotivado o apagado. Pueden desarrollar un ambiente de trabajo saludable, fecundo y eficaz. Los colaboradores están dispuestos a dar lo mejor de si mismos. En un ambiente así todos participan en la generación de ideas y soluciones, se atreven a cuestionar y proponer alternativas diferentes.

También en momentos de crisis, el ambiente creado por líderes con inteligencia emocional genera una mayor capacidad para responder ante las presiones competitivas, financieras, de tiempo o de carga de trabajo.

A final de cuentas lideramos personas, no burros ni máquinas. Las personas que están a nuestro cargo vienen a la empresa completas, con toda su carga y con todos sus talentos. Esa carga crecerá si solo aspiramos a extraer sus talentos sin considerar su peso. Nosotros mismos nos podemos volver parte de esa carga si somos jefes desconsiderados.

No pretendo decir que los líderes somos responsables de la problemática de vida de nuestros subordinados, pero si apunto que hemos de responder tanto por los resultados que nuestra gente genera, como por el crecimiento personal de ellos en todas sus dimensiones.

No es coincidencia que ahora cada vez más compañías estén creando departamentos de gestión de la felicidad. Si todos los líderes hiciéramos bien nuestro trabajo, tal vez poco necesitaríamos esos departamentos.

Los líderes de Dueñez tenemos que ser cada vez más fuertes, no por nuestra armadura de acero interior, si no por nuestra creciente inteligencia emocional. Todos tenemos ese enorme reto.

CARLOS A. DUMOIS

http://www.cedem.com.mx

Carlos A. Dumois es presidente y socio fundador de CEDEM. “Dueñez®” es una marca registrada por Carlos A. Dumois

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