Edición México
Suscríbete
Ed. México

El Imparcial / Columnas / Columna Sonora

Las arriesgadas apuestas de Marcelo

En los últimos días, Marcelo Ebrard emprendió una estrategia que sacudió el tablero de la sucesión presidencial, a menos de tres semanas de definirse el candidato del partido mayoritario a la Presidencia. ¿Cuál fue el saldo de esta jugada? ¿Lo benefició o lo perjudicó? ¿Modificó en algo en lo que podríamos esperar para el desenlace y en los meses posteriores?

Primero precisemos qué es lo que quería provocar con su polémico mensaje del miércoles pasado. En mi opinión tres resultados: Uno, combatir la noción de que Claudia Sheinbaum le saca una amplia ventaja en la intención de voto y que en realidad se encuentran prácticamente en un empate técnico. Eso era fundamental para Marcelo, porque si llega a la encuesta bajo la percepción de que ya está derrotado, muchos no querrán optar por el perdedor. Dos, poner a la defensiva a Morena, acusando de favorecer a su rival, para así impedir que haya una intervención descarada en las últimas etapas decisivas durante el proceso. Tercero, un golpe mediático días antes de que termine el lapso de promoción y se vean impedidos de hacerlo.

¿Lo consiguió? Lo primero difícilmente: La ventaja de Claudia en casi todos los sondeos es bastante generalizada (sean empresas encuestadoras buenas, malas o regulares), como para cambiar la percepción, pues no ofreció algo más que una gráfica sin fuentes. Pero en los otros dos puntos tuvo más éxito. Para López Obrador es vital que el proceso de sucesión sea legítimo y para ello necesita que no sea repudidado por sus propios protagonistas. No hay razones para darle argumentos que alimenten protestas de parte de los perdedores. En ese sentido fue una llamada de atención a Morena, refrendada por el propio Presidente. Tan es así, que ante el disgusto de Marcelo por el sorteo de las cuatro empresas que harán el levantamiento espejo (en el que para mala fortuna de todos Ebrard fue el perdedor), se buscó in extremis una solución y se negoció que Ricardo Monreal cediera “la suya” por una de las del ex canciller. Incendio resuelto, pero sólo por el momento. El tercer objetivo sin duda fue el más exitoso. A días de la encuesta, para bien o para mal el impacto mediático fue enorme. Imposible conocer su efecto sobre la intención de voto, pero se entiende que quien persigue al puntero debe ir a todas.

La pregunta es ¿a qué costo? ¿Afectó en algo sustantivo su ubicación dentro del obradorismo? Y, más importante, ¿cambia en algo los escenarios posteriores?

Depende de lo que quiera hacer Marcelo Ebrard a partir de septiembre. Desde luego, si gana la encuesta y obtiene la nominación por Morena estas preguntas dejan de tener sentido y se resuelven solas. Pero como las probabilidades no juegan en su favor, asumamos que de quedar en segundo lugar restarían tres posibilidades: Buscar la Presidencia por otra vía, retirarse o apoyar el Gobierno de la candidata vencedora.

Muchos han visto estas acusaciones contra Morena como una especie de aviso de una probable ruptura. No coincido. Buscaban, insisto, darse mayores posibilidades de ganar esta candidatura, no otra cosa. Él está convencido de que tiene una oportunidad real dentro de dos semanas y quiere ampliar sus márgenes. La Presidencia por otra vía no existe salvo para una participación testimonial. Ni la Alianza va a deponer su proceso para recibirlo en sus brazos, ni Movimiento Ciudadano tiene la fuerza para vencer a Morena y a sus aliados. Peor aún, una candidatura alternativa de Marcelo sólo mejoraría las posibilidades de Claudia Sheinbaum porque dividiría al voto de la oposición.

Y por lo demás, no olvidar que incluso siendo derrotado por ahora tiene garantizado, como segundo lugar en la encuesta, convertirse en el coordinador del Senado el próximo sexenio. Y no es poca cosa: Quien llegue a Palacio será un Presidente menos fuerte que López Obrador; el operador del Poder Legislativo tendrá una importancia mayúscula. Más aún, será una plataforma útil para preparar una candidatura para el 2030 cuando Ebrard tendría 70 años (muchos para México, pocos para Estados Unidos).

Por lo menos ese es el acuerdo que existe en Morena, a petición del propio Presidente: Darle a los perdedores posiciones claves en el futuro del movimiento. Lo cual nos lleva a la verdadera implicación de lo que Marcelo está haciendo.

¿Al impugnar públicamente a Morena para darse mayores posibilidades de ganar esta encuesta ha estirado excesivamente la liga? Un escenario consistiría en que todo quede olvidado una vez que el derrotado levante la mano del probable vencedor, todos contentos y borrón y cuenta nueva, como suele suceder entre la clase política.

Pero otro escenario es que el desafío de Marcelo esté poniendo en riesgo su participación en la estrategia de López Obrador: Entregar el poder no a un sucesor exclusivamente, sino a un equipo. Justo con esto en mente AMLO propuso que segundo y tercer lugares de la encuesta se conviertan en coordinadores de las dos cámaras y que los recientes nombramientos en el gabinete persigan una lógica postsexenal (Alicia Bárcena en Cancillería y Luisa María Alcalde en Gobernación). ¿Pero qué pasaría si, a juicio del Presidente, una de las piezas claves de esta sucesión es calificado como un hombre que no es de equipo?

Las reacciones en la mañanera ante la conferencia de Marcelo Ebrard y sus secuelas es lo único que tenemos para extraer una opinión al respecto. Es cierto que su actitud fue lo más institucional posible, pues confirmó su confianza en los seis contendientes y en la dirigencia de Morena. Señaló que no eran mas que incidentes normales por el nerviosismo de una competencia tan trascendente. Pero al segundo día de hablar del tema soltó una frase que podría reflejar su verdadera preocupación: “Aquí no hay interés personal o de grupo que esté por encima del interés del pueblo. No hay cabida para ambiciosos vulgares, aquí se lucha por ideales, por principios”.

¿Molestia, aviso, amenaza? Más allá de eso, el Presidente tendrá que valorar cuán realista es su esquema de construir un equipo a partir de protagonistas que fueron rivales entre sí.

En teoría tiene el propósito de fortalecer al próximo mandatario, pero podía provocar justo lo contrario.

Y, en lo que respecta a Marcelo, sus protestas podrían ser interpretadas como violaciones a las exigencias no escritas para todo jugador en equipo. Una movida arriesgada que podría afectar su papel dentro del movimiento. Lo sabremos pronto.

WEB: www.jorgezepeda.net

TWITTER: @jorgezepedap

En esta nota