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La doctora y el doctor

Adán Augusto López y Claudia al parecer tratan de mimetizarse, convertirse en una copia de AMLO, cosa que al menos a mí no me parece buena idea.

La desagradable escena protagonizada por Alfonso Durazo y Claudia Sheinbaum, grabada al parecer de forma anónima, ha desatado una fuerte polémica, sobre todo en torno a la figura de la hoy jefa de Gobierno con licencia de la Ciudad de México.

No es para menos, porque al final ha sido ella quien en la imagen claramente le reclama a Durazo Montaño las rechiflas que le dedicaron a su llegada al salón donde el domingo pasado se desarrollaba la reunión del Consejo Nacional de Morena, que precisamente preside el Gobernador de Sonora.

Desde luego que ni Durazo ni Sheinbaum ni Noroña harán nada que haga más grande la bronca.

El daño en todo caso ya está hecho y va directamente contra la doctora, que parece haber perdido la paciencia ante los cuestionamientos y reclamos de “piso parejo” que se le hicieron en un evento con sus propios compañeros de partido.

Mire, tampoco son novedad esos enfrentamientos entre militantes.

Todo el tiempo han sucedido, incluso mucho más airados se han dado entre los liderazgos partidistas, nomás que no había un celular a la mano para documentar la escena.

Al final el doctor Durazo es un sujeto con las suficientes tablas políticas, entiende las pasiones de un proceso interno y no creo que se lo haya tomado personal.

Aunque lo que sí hará es enviar señales claras al equipo de la señora de que de su parte todo se hace de la forma correcta… no vaya a ser que sea.

Vaya usted a saber, pero ya le renunció Heriberto Aguilar a la Sidur para irse a colaborar a la campaña de Claudia.

El punto con Durazo es que seguramente buscará controlar las ansias novilleras de su equipo para que queden distribuidos de forma equilibrada entre los aspirantes presidenciales. Así no queda mal con ninguno.

El punto con Sheinbaum es que aunque tampoco es la gran cosa lo que se ve en el video, tampoco ayuda a la imagen de ella rumbo a un proceso en donde la selección del ganador se hará mediante una encuesta.

Menos, mucho menos cuando cada cosa que suceda en la capital del País le será reclamada directamente a ella.

Hoy se advierte que la competencia es entre ella y Marcelo Ebrard, quien ya van dos madruguetes que les pega a sus compañeros, primero renunciando y luego registrándose en el proceso interno.

Será en todo caso el que más trate de diferenciarse de la figura del presidente Andrés Manuel López Obrador sin romper con él ni con su proyecto.

Ebrard es el único que al momento le apuesta a una identidad propia, dándole continuidad a lo iniciado por el Presidente.

Mientras Adán Augusto López y Claudia al parecer tratan de mimetizarse, convertirse en una copia de AMLO, cosa que al menos a mí no me parece buena idea.

Ni las copias son buenas ni las segundas partes.

Y un detalle más, a propósito de los muchos controles que le metieron a la encuesta y de los candados que se imponen a quien resulta ganador.

Si acaso es el mismo Presidente quien los impuso, creo que le está apostando a mantener un control posterior que ningún Presidente en la historia reciente de México ha logrado.

Se arriesga a un golpe fuerte, porque si quien llegue ejerce el poder así como él lo ha hecho, de forma casi absoluta, desde luego que lo mandará a un lugar aún más lejano que su querido rancho.

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