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Un debate de altura

En 1801 fue nominado como ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos, John Marshall y ratificado por el Senado 36 días antes de que John Adams dejara el poder a Thomas Jefferson convirtiéndose así en la cuarta persona en dirigir la Suprema Corte. La confrontación entre Jefferson, que buscaba un Gobierno federal limitado privilegiando a los estados, y Marshall, que creía en la importancia de un Gobierno federal fuerte, marcó la Presidencia de Jefferson y en gran medida el destino de aquel entonces incipiente experimento democrático bajo un régimen de separación de poderes.

Jefferson confrontado con las resoluciones bien fundamentadas de la Corte escaló el conflicto a tal extremo que en 1804 sometieron juicio político a uno de los ministros de la Corte como medida de presión y en busca de intimidar. La supremacía de la Corte forjada en la época de Marshall como árbitro final de la Constitución y pacto federal sigue vigente.

La resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre el denominado Plan B de López Obrador abre un nuevo espacio de debate sobre la forma de Gobierno en México. Una vez que regrese la calma ante la reacción furibunda del Presidente y su coro de acompañamiento denostando a los ministros por quienes son y no por sus argumentos, habrá la oportunidad de crear espacios de discusión para confrontar ideas y visión de País de cara al proceso electoral de 2024.

Yo al igual que muchos me pronuncio a favor de separación de poderes, un auténtico federalismo, la supremacía de la Constitución como guía del actuar de los gobernantes y de la importancia de un debate auténtico, vigoroso e informado como medio de crear consensos para generar cambios. A la fecha lo que hemos escuchado del Presidente es todo lo contrario, busca de facto la restauración de la Presidencia Imperial donde los otros dos poderes obedezcan a sus iniciativas y caprichos, gobernadores sumisos como los que actualmente existen bajo las siglas de su partido que firmen desplegados aplaudiendo cada ocurrencia y un debate maniqueo ramplón.

Un debate de altura traería grandes beneficios.

Imposible debatir con quienes se niegan a reconocer la realidad, que ante los hechos históricos como la inexistencia de precedentes de elección de ministros de la Suprema Corte por voto popular optan por repetir la mentira enunciada por el Presidente, que ante la falta de argumentos descalifican a las personas sin alcanzar a comprender que lo único que logran es descalificarse ellos mismos. La defensa a ultranza del emperador desnudo no solamente exhibe y expone a López Obrador, pinta además a sus aduladores de cuerpo completo: Pequeños ante el poder y prepotentes ante sus gobernados.

La cortina de humo creada por el mundo de los otros datos, de la ficción histórica, de los caprichos elevados a planes de acción sin plan, de la hacienda pública dilapidada, del endeudamiento destinado a programas clientelares y proyectos deficitarios, de adversarios convertidos en enemigos del Presidente y por ende de sus gobernadores, legisladores, cortesanos y amanuenses ya no logra ocultar el fracaso de la administración de López Obrador. Fracaso medido en base a sus propias promesas y Plan Nacional de Desarrollo. Promesas y planes puntuales en materia de economía, salud, medio ambiente, infraestructura, finanzas públicas, educación, seguridad, democracia y derechos humanos de acuerdo a la evaluación que haría el candidato López Obrador evidencian un claro retroceso e incapacidad de gobernar.

Merecen especial atención el repudio de dos de las promesas fundamentales: Combate a la corrupción y “regresar al ejército a los cuarteles”. Las evidencias de corrupción, capitalismo de compadres, desvíos de dinero y despilfarro están a la vista gracias al gran trabajo del periodismo de investigación, trabajo que seguramente continuará exhibiendo la doble moral del régimen no obstante la búsqueda ilegal de desarticular el INAI y sus correlativos en los estados. El revertir el daño causado mediante la destrucción de instituciones y ampliar el rol de las fuerzas armadas tomará años. Urgen políticos con altura de estadistas, la oferta de continuidad de los candidatos oficiales es preocupante.

López Obrador ante su mitomanía se asemeja a Don García, aquel divertido personaje de la comedia del Ruiz de Alarcón en “La Verdad Sospechosa”, que va inventando todo tipo de mentiras con tal de ganar los afectos de Jacinta. No hay duda sobre el desenlace la historia al igual que en aquella comedia de 1624, el personaje principal víctima de sus propias mentiras y enredos termina en la desdicha. La mitomanía como guía conductual en las personas es grave, en los gobernantes catastrófica. No representa ninguna sorpresa su actuar, la historia personal ya nos anticipaba lo que vendría.

La ceguera temporal de los hoy furibundos seguidores, ya sea fingida, auto inducida o auténtica tiene fecha de caducidad, la Presidencia de López Obrador en esa regularidad constitucional que impera, tiene fecha límite. La posibilidad de una eucatástrofe cuando se escriba la historia de la Presidencia 2018-2024 es inexistente.

Los próximos trece meses serán determinantes en el devenir histórico de México. Al igual que hoy señalo a quienes gobiernan, va a ser importante señalar a quienes aspiren a gobernar. Es tarea de quien escribe y quien me hacer al favor de leer, evaluar y cuestionar visión, ideas, propuestas, colaboradores, capacidades y sobre todo autenticidad, congruencia y honorabilidad de los candidatos.

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