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Neoservilismo

El enemigo de este régimen ha sido una política que han denominado neoliberalismo, origen y causa -según ellos-, de todos nuestros males, sin mediar una mínima reflexión o análisis equilibrado sobre el tema, lo hacen la síntesis de los gobiernos anteriores negando toda posibilidad de progreso o avance, aunque este haya sucedido.

Mentir desde Palacio Nacional se ha vuelto costumbre, riesgoso para cualquier mandatario, pero hacerlo como rutina es rivalizar con las peores figuras de nuestra historia. Ha quedado claro que en aquellos años juaristas, nunca se eligió por voto directo y popular a los magistrados de la Corte Suprema.

Otro indicio más de la deformación histórica y la nula comprensión del pasado de nuestro mandatario, siempre encubriendo las verdaderas intenciones para intentar justificar los propósitos destructivos que lo mueven, utilizando tramposamente como ejemplo a personajes históricos.

A mediados del siglo XIX la Nación se vio enfrentada a dos proyectos, uno de ellos resultó triunfador. La aspiración liberal resultó superior y se impuso, para muchos de aquellos participantes -según el historiador británico David Brading-, fue algo más: “Se trató de la redefinición de la antigua patria criolla, como una república federal heredera no del Anáhuac o de la Nueva España, sino de la Revolución francesa y de la Insurgencia de 1810”.

La esperanza de aquella generación, representada por intelectuales como Ignacio Manuel Altamirano o Ignacio Ramírez fue consolidándose, concibieron aquel republicanismo como forma de Gobierno y propósito futuro. Hoy atestiguamos la involución a lo trazado desde aquellos lejanos años, que dice admirar López Obrador.

Estamos regresando a los tiempos de la adulación y justificación a ultranza, a la exhibición de aquellas mayorías obsequiosas que intentan congraciarse sin medida con Palacio, alzando la mano a la primera llamada, sin un ápice de vergüenza y demostrando una actitud indecorosa para cualquier legislador de un país democrático.

Retrocedimos a las épocas de aquel vértigo populista, donde la mansedumbre y la complacencia eran una forma de ascenso, las muestras de sometimiento le daban un perfil humillante a los caprichos del poder, por ejemplo: Un ministro presidente de la Suprema Corte corriendo tras el Presidente, para que no lo dejara atrás en aquellas giras de desbordante verborrea y alucinación.

O los titulares con elogios desmesurados, excesos para alabar al poderoso, como aquel de un medio de comunicación del 3 de enero de 1970: “Luis Echeverría… será el Mesías? El cuarto movimiento de nuestra sinfonía histórica”.

Prueba de esto es el desplegado redactado por las autoridades estatales emanadas de Morena, quienes sin ninguna muestra de amor propio repiten las mentiras, abogan por el disparate de elegir ministros por voto popular y se someten sin miramientos al imperio de una persona.

Dando la espalda a la soberanía de los estados y negando a aquel republicanismo que se ha ambicionado desde aquellos años de la Constitución de 1857. A decir verdad, estas muestras de humillación colectiva se habían abandonado desde el pleno ejercicio de nuestra democracia, imperfecta y con defectos, pero muy superior a estas muestras de ignominia.

El enemigo de este régimen ha sido una política que han denominado neoliberalismo, origen y causa -según ellos-, de todos nuestros males, sin mediar una mínima reflexión o análisis equilibrado sobre el tema, lo hacen la síntesis de los gobiernos anteriores negando toda posibilidad de progreso o avance, aunque este haya sucedido.

Más allá del modelo político que pretenda imponer el régimen, lo que sí ha traído del pasado son: Aprobaciones de leyes en 10 minutos, las fatídicas lisonjas al gobernante aludiendo su fuerza moral, los desplegados sobrados de zalamería, las intervenciones en cadena nacional de seudo periodistas con el único fin de elogiarlo, el uso de los medios de Estado para atacar a oponentes y una verborrea permanente.

Habría que precisar los alcances del neoliberalismo que según ellos se impuso, contrastarlo con la deplorable aportación de este régimen: El neoservilismo. Más perjudicial que todo lo anterior.

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