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Leyendo el presente desde el pasado o, ¿al revés?

Ya se ha dicho al cansancio que el mitin del sábado 18 de marzo fue una simple reacción a la concentración del 26 de febrero.

Está claro que la concentración del 18 de marzo convocada desde el poder nunca fue pensada ni como la conmemoración del 85 Aniversario de la Expropiación Petrolera ni tampoco como la afirmación de la llamada “soberanía energética”.

El homenaje al General Cárdenas ocurrió como otros años en una discreta ceremonia en el Monumento a la Revolución en donde el hijo (Cuauhtémoc) y nieto (Lázaro) montaron guardia. ¡No más faltaba que AMLO compartiera tribuna con ellos arriesgándose a no ser la figura principal! La afirmación de la soberanía y autosuficiencia petroleras tampoco fue la razón del mitin. ¿Cómo celebrar lo que no es? En 2024 no habrá autosuficiencia energética. Tampoco habrá suficiencia alimentaria. Mucho menos habrá un sistema de salud como el de Dinamarca. El AIFA no será un aeropuerto de clase mundial y el Tren Maya no será “la mayor obra ferroviaria del mundo”.

Ya se ha dicho al cansancio que el mitin del sábado 18 de marzo fue una simple reacción a la concentración del 26 de febrero que le arrebató el poder de convocatoria y el monopolio de la plaza pública que consideraba suyo. Vaya, quiso jugar a las venciditas con la oposición.

En ambas concentraciones hubo causa. En la de los ciudadanos la causa fue la defensa de la democracia electoral y la institución que la ha hecho posible: El INE.

En la del 18 de marzo la causa fue la exaltación del líder, del País de un solo hombre. Ni siquiera de la institución presidencial tal y como la vislumbra la Constitución sino la del presidente López Obrador que todo lo encarna.

Fue también la promesa de que se utilizará el aparato del Estado para ganar las elecciones de 2024.

Estuvo lleno de simbolismos para quien quiera verlos.

¿Qué significa su recordatorio de que el General Cárdenas no optó como sucesor por el General Francisco Múgica “con quien tenía más afinidad ideológica y el cual representaba una mayor certeza de continuidad para profundizar la política social y nacionalista”? López Obrador se contestó a sí mismo. No optó por él debido a la “beligerancia de los grupos de derecha”. No había que darles pretexto. Pero dado que podemos dar por descontado que López Obrador y sólo él será el gran elector de su partido, la pregunta relevante es: ¿Quién es su Múgica y quién su Ávila Camacho? ¿Pondrá a un moderado? ¿Quién es el moderado(a)? Francamente no lo sé.

Lo que realmente me preocupa es su segunda advertencia: “Recuérdese que aún optando por la candidatura de Manuel Ávila Camacho que sostenía posturas moderadas, de todas maneras, la elección presidencial fue complicada y violenta”.

Doy por descontado que la elección de 2024 será complicada y lo será porque el propio Presidente decidió complicarla. Él y nadie más que él con su fallida reforma constitucional y después con su Plan B.

Espero que no sea violenta, pero ¿nos está mandando un mensaje? ¿Quién supone que la va a violentar? La verdad es que no hay un Juan Andrew Almazán. No veo a una oposición buscando el apoyo de parte de las Fuerzas Armadas. En realidad el paralelismo es absurdo. En 1940 la votación acabó siendo 94% para Ávila Camacho contra casi 6% de Almazán. El Senado se lo llevó completo el entonces partido oficial (PRM) y en la Cámara de Diputados sólo hubo un candidato opositor.

No, ni México es el de 1940, ni López Obrador le llega a los talones al General Cárdenas como transformador. Independientemente de la opinión que cada quien tenga de la gestión de Lázaro Cárdenas, ¿dónde están los equivalentes al reparto agrario, a la creación del ejido, a la mayor intervención del Estado en la economía, a la expropiación petrolera y ferrocarrilera, al apoyo a las luchas obreras y sindicales, a la expulsión del ex presidente Plutarco Elías Calles o a la recepción de los exiliados españoles? ¿Dónde está el apoyo campesino y obrero, ferrocarrileros, mineros, tranviarios y electricistas? ¿Dónde, como se decía entonces, la burguesía beligerante? El plan sexenal de Cárdenas incluía “impulsar el crecimiento agrario, industrial y urbano”, “crédito para los sectores productivos”, el apoyo a la reorganización sindical y el fomento de la educación pública”. No logró el “modelo de nación autosuficiente, próspera y moderna” al que aspiraba pero llegada la hora el General lejos de optar por la polarización escogió la conciliación.

¿Se acuerda usted del escándalo que causó que el ex presidente Fox dijera en el 2006 que había que cambiar de jinete pero no de caballo? Se refería entonces a su aspiración de que el PAN se mantuviera en el poder, pero sin Fox en el puesto sino con quien fuese el candidato de su partido.

Ahora López Obrador se “foxicisó”. “Nada de zigzaguear, sigamos anclados en nuestros principios, reafirmemos la decisión y el rumbo que hemos tomado… No a las medias tintas, no aceptaremos nunca que en México se imponga una minoría a costa de la humillación y el empobrecimiento de las mayorías”.

Y yo que creía que el ciudadano era quien decidía el futuro del País.

María Amparo Casar es licenciada es licenciada en Sociología por la Facultad de Ciencias Políticas de la UNAM, maestra y doctora por la Universidad de Cambridge. Especialista en temas de política mexicana y política comparada.

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