Edición México
Suscríbete
Ed. México

El Imparcial / Columnas / Columna Sonora

Un año difícil

El año viene complicado, con un Gobierno federal que no le interesan otras regiones del País que no sean las escogidas por el Presidente.

El año viene complicado, con un Gobierno federal que no le interesan otras regiones del País que no sean las escogidas por el Presidente. Hoy lo único que nos queda como ciudadanos -abandonados por la Federación- es esperar logros del Gobierno estatal o el Municipio de Hermosillo.

El Gobernador tiene un margen de maniobra difícil, cuenta con un gabinete de regular eficacia, sin integrantes con méritos propios que le den brillo a su administración, esto siempre le abona a cualquier gobernante. Hoy carece de figuras relevantes.

Con la Federación ausente y dueño de unas perspectivas grises, no le queda más que refugiarse en las cifras. Cuando se recurre a los números para defender una actuación se revelan problemas. No hay manera de modificar la narrativa que se empieza a escribir, visualmente no existe la forma de demostrar avances y los cuestionamientos empiezan. Lo que siempre criticaron hoy es parte de su entorno.

No destaco la obra fotovoltaica que construye la Federación, ya que está lejos que funcione y existen cuestionamientos para el proyecto, todavía no está claro el cómo, el cuándo y el quién.

Seguridad sigue siendo el gran rezago en esta administración. El mandatario quizá estima que hacer los cambios o atender los señalamientos lo convierte en un rehén de la opinocracia -él está en la libertad de creer lo que quiera-, pero la realidad le toca la puerta a diario y ahí no hay ningún comunicador o periodista que intervenga, el fatal escenario se adueña del relato.

Algo que quizá modifique conductas y objetivos será su participación al interior de su partido como funcionario relevante, posición que lo compromete todavía más. La vida de los institutos políticos en época electoral es protagónica, vertiginosa y demandante, es imposible atender los requerimientos de un partido y al mismo tiempo las necesidades de una administración. Vienen momentos complicados, elecciones y la segura agonía de un sexenio. También hay que reconocer que el tiempo es su aliado, el sexenio es largo, por ahora.

En el caso del presidente municipal de la capital -supondríamos por la abundante difusión desplegada-, que conduce una gran transformación. Lo más costoso para un político es creerse su proselitismo, ser parte de un relato interesado en un hipotético cambio inexistente.

Está en proceso la reconstrucción de algunos cruceros y avenidas -algo plausible sin duda-, pero nada para presumirse todavía. La planeación dejó mucho que desear y los trabajos requieren de tiempo para su finalización y evaluación.

El comportamiento de la autoridad municipal volcada hacia la comunicación, nutre sus objetivos para intentar la reelección, condición en la que tiene posibilidades como cualquiera, pero que a la ciudadanía capitalina aún no le convence del todo, la historia reciente lo demuestra.

La exageración es una mala consejera, distorsiona la realidad y se trastocan objetivos. Se iluminan unas cuantas banquetas -algo que es responsabilidad natural de los ayuntamientos-, y se desata una cascada de reconocimientos y notas en redes sociales, como si las penumbras en las que se envuelve la capital cada noche hubieran desaparecido.

Lo más grave es el franco acoso de las autoridades hacia los ciudadanos, los abusos cometidos aumentado esa conducta extractiva acompañada de anuncios vacíos y un vanguardismo simulado, seguramente todos los errores redundarán en un costo político.

Mientras, seguimos cayendo en baches y escuchando la intensa propaganda. Hay que recordar que nuestro presidente municipal ya fue alcalde de Guaymas y al concluir aquella administración, la cual también encabezó, la ciudadanía decidió votar por otro partido. Enseñanzas del pasado que no se aprendieron bien. El año luce difícil.

En esta nota