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Pesadilla mística

La salud siempre será materia de atención prioritaria.

La salud siempre será materia de atención prioritaria, en todos los países con economías prósperas y sociedades democráticas toma un lugar central en las discusiones de las políticas a seguir, aquella asignatura reviste algo fundamental, es una conquista social que nunca deja de perder relevancia.

En México las condiciones son distintas, las palabras sustituyen a los hechos y las evidencias científicas pasan a ser víctimas de la ideología: No hay cáncer, hay voracidad empresarial que lo provoca; no hay vacunas bivalentes por la imposición farmacéutica de un modelo lucrativo, no hay desabasto en medicamentos, esto es consecuencia de la codicia insaciable del pasado neoliberal; no hay niños con enfermedades catastróficas, hay golpistas en ciernes. Las respuestas del oficialismo son absurdas.

De los amuletos a los Aluxes, “todo es místico” aseveró López Obrador, el misticismo se convierte en un tema de importancia para quien encabeza la presidencia, una administración basada en creencias no en la certidumbre que nos da la ciencia. Consecuencia lógica de quien hace alarde de su ignorancia sin pudor, que desprecia el conocimiento otorgándoles a aquellos que lo poseen el calificativo de “sabiondos”.

En 1946 asume la presidencia de Argentina Juan Domingo Perón, con el voto entusiasta y mayoritario de los argentinos, paulatinamente pero con eficacia va hundiendo a la nación austral. Festivamente, sus adoradores lo van convirtiendo en mito y credo. Evita -esposa y compañera-, pasa a ser una deidad de aquella doctrina nacional, las emociones caudalosas de aquel pueblo tienen una salida impetuosa en su legado y herencia: El peronismo y el culto a Evita.

A la muerte de la compañera de Perón, la nación entra en un duelo generalizado transformado en catarsis popular, las peripecias de aquel cadáver insepulto y su destino, deberían estar en los libros de siquiatría más que en los de política. Otra vez el misticismo y la demagogia como proyecto político en nuestros países.

Perón reaparece después de un exilio al inicio de los años setenta, acompañado de otra compañera, procurando ser caricatura de Evita y convertida en “Isabelita”; al tiempo todo el Gobierno queda en manos de un oscuro y misterioso personaje: José López Rega, a quien apodaban “el brujo”.

Encumbrado como ministro de Bienestar Social, entidad que agrupaba: Promoción y Asistencia de la Comunidad, Seguridad Social, Salud Pública y Vivienda -curiosa palabra “Bienestar”, traída por este régimen de reminiscencias peronistas-, aquel personaje místico se convierte en centro gravitacional de aquel experimento que ya había fallado, la persistencia en el error es una característica latinoamericana.

Lo que pasará después quedará como una de las pesadillas más estrambóticas que puede vivir una nación: La multiplicación del peronismo en varias corrientes y la agudización del caos, luego la dictadura y al final la pavorosa represión. Argentina se durmió en los años cincuenta siendo Bélgica y en los sesenta despertó convertida en un país del tercer mundo, incoherente, violento y empeñado en una destrucción institucional que hasta la fecha padece.

El régimen morenista lleva en sus alforjas la demolición de un sistema de salud, que seguramente no era el mejor, pero muy superior al actual, la destrucción ha costado a las familias mexicanas más de un millón de vidas, y aun así asegura nuestro mandatario que nos convertiremos en Dinamarca. Todo es místico, podríamos contestarle a esa promesa recurrente.

Para mala fortuna, en nuestro Estado algunos de estos personajes que contribuyeron a la debacle ocupan puestos de relevancia en Salud, sin resultados y con serios cuestionamientos.

El cinismo es la más eficaz arma de los populistas, hasta que la realidad asume el mando.

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