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Las calles y espacios de una ciudad permanecen en la memoria, recrean historias y evocan instantes que unen a sus habitantes con el pasado.

Las calles y espacios de una ciudad permanecen en la memoria, recrean historias y evocan instantes que unen a sus habitantes con el pasado. Un gesto de gratitud en la población es nombrar sus lugares aludiendo a personajes que marcaron época. Así, los nombres por los que se transita a diario se convierten en conmemoración cotidiana.

Nuestra ciudad se ha distinguido a través del tiempo por tener una ciudadanía que ha reconocido a muchos de los médicos que han vivido y trabajado por nuestra capital, desde principios del siglo XX -cuando la ciudad crecía y los profesionales de la salud hacían algo más que ejercer su profesión-, aparecieron figuras como Ruperto Paliza, a quien le adjudicaron el bien ganado apodo de “Médico de los pobres”. Vecino nuestro desde la segunda década del siglo XX, ejerció una labor encomiable, llena de desprendimiento y altruismo genuino.

Al morir en 1939, la capital se volcó en un duelo colectivo y la antigua calle Orizaba -que surcaba la colonia Centenario-, fue renombrada en su honor. Otros médicos considerados por los hermosillenses del siglo pasado han sido Fernando Aguilar, Eugenio Pesqueira o Alberto Noriega.

Los hermosillenses enaltecieron su memoria cívica otorgándoles un lugar notable dentro de la narrativa urbana, distinguiendo a aquellos seres preocupados por construir una sociedad solidaria. Con los años llegarían otros: Domingo Olivares, Gastón Madrid, Antonio Quiroga y muchos más, todos con sobrados méritos y un gran reconocimiento.

Hoy nos enteramos que uno de los símbolos más representativos de esa unidad virtuosa que se conformó a mediados del siglo XX, entre ciudadanos, Estado, médicos, que cristalizó y posteriormente se convirtió -con mucho esfuerzo-, en el Hospital General del Estado, ha dejado de pertenecernos. Desafortunadamente ha sido donado por la administración estatal a la Federación.

Mediante el acta número 116, de fecha 5 de diciembre de 2022, se autorizó un punto de acuerdo que lo entrega, el: 116/4.1/XII/2022, con este sencillo trámite burocrático, el inmueble ubicado en el bulevar Luis Encinas, que lleva el nombre de otro reconocido médico nuestro: Ernesto Ramos Bours, pasará al IMSS.

Se suma a la gran centralización y mastodóntica estructura del Gobierno federal, si algo ha ejemplificado la mentira, los trágicos desaciertos y la incompetencia en esta administración federal ha sido el sector salud, a ese torbellino de desatinos va lo que tanto trabajo nos costó construir y consolidar.

La incapacidad de la administración estatal para mantener el patrimonio de los sonorenses es evidente, además de abandonar todo el esfuerzo y solidaridad de generaciones que erigieron durante décadas algo más que muros y lozas.

El HGE, nació hace más de un siglo y el actual inmueble fue edificado con aportaciones de sonorenses preocupados por un hospital digno y propio, sin tutelas del poder central y con una proyección regional. El general Abelardo L. Rodríguez, entendió su papel de depositario de aquella confianza.

En el decreto no aparece ninguna contraprestación, lo que hace todavía más injusta tal acción, seguramente las autoridades actuales están muy complacidas al ofrendarle otro bien de los sonorense a la Federación, sería interesante saber si ellos harían lo mismo con sus propiedades.

Cuando un Gobierno no entiende lo simbólico del pasado y su trascendencia material, desdeña el esfuerzo realizado por generaciones.

El cuidado y conservación de la memoria y patrimonio de un pueblo dice más del presente que del pasado.

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