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Política y medios

No sé si el optimismo extremo hacia el “Otro Sonora” lo hacen ver a uno como el casi solitario aguafiestas de la celebración, o simplemente lo que estamos observando, es una representación similar a la de cada inicio sexenal, es decir, alabanzas incontenibles de columnistas desbordados por su promiscua pluma, locutores acicalando el micrófono hasta perder absurdamente la compostura con imaginables elogios hacia el futuro, canonizando hertziana e impunemente, las “recién inauguradas formas de hacer política”. Otros nos podrán decir que durante el penoso padreísmo, sobrevivieron milagrosamente muchos más comunicadores priistas de closet que lo que imaginábamos. No pocos nos restregarán, el manoseado bono democrático, la “devoción guadalupana” en el nombre de la esperanza, los efectos del comprensible “síndrome pos-atraco público panista”. Podrá ser lo anterior y mucho más, pero el bajar la guardia para el periodismo, sobre todo en momentos en el que se materializan las nuevas alianzas de las élites, en el que potencialmente se instala el nepotismo de clase, de partido, de grupo, resulta ser, al menos irresponsable. Ya vivimos un momento de fuerte maridaje entre la prensa y el Gobierno de Padrés en 2009, en el que nos liberábamos de un Gobierno también, irracionalmente malo, prepotente, arrogante, con cantidad de negocios privados financiados con dinero público como el de Eduardo Bours. Recordemos que en aquel arranque sexenal se le otorgó el voto de confianza a Padrés y pasaría mucho tiempo, en algunos casos, hasta el fin del dinero de las subvenciones, para que la prensa intentara tardíamente narrar el inicio de un naufragio inevitable. También nos podrán argumentar que ante la dualidad y la experiencia de la fracasada política de comunicación padreísta que inicialmente soltó dinero para casi todos y después cerró herméticamente el tesoro público para el disfrute de unos cuantos medios, es el momento de los reacomodos, de abrir con gracia un nuevo sexenio, de tomarle la palabra a la Gobernadora para iniciar una especie de tregua simbólica. Disculpen que insista, pero tal claudicación, me parece riesgosa y oportunista. Lo cierto que desde el día uno, hay indicadores hasta cierto punto inquietantes en el ejercicio del poder; el primero de ellos, es la gran diferencia entre un gabinete de transición, amplio, hasta cierto punto plural, ciudadanizado que presentó en medio de la todavía embriaguez democrática, para acabar con uno real, partidistamente real, como la resaca en el poder. Es decir, primeramente nos presentaron a los que laborarían con nombramientos honorarios, entre ellos, algunos personajes respetados del mundo de la academia y empresarial. Después, como era de esperarse, entre los grupos de poder priistas, se repartieron el poder, las dependencias y las posibilidades de cortar y distribuir el gran pastel presupuestal, sin importar en muchos casos, perfiles, trayectorias, capacidades. Lo sentimos, pero tendrán que admitir que en el gabinete de Pavlovich no están ni las mejores mujeres ni los mejores hombres para hacer el trabajo, incluso dudamos que hayan intentado localizarlos. La Gobernadora dijo que su Gobierno no sería uno de amiguismos, pero no nos dijo que premiaría a los “jóvenes claudillistas” de su equipo de campaña con posiciones que requieren sabiduría, conocimiento, experiencia, también frescura, pero no necesariamente lo anterior, implica que algunas dependencias sean ahora, una sucursal del Frente Juvenil Revolucionario. Entre otros, tampoco que De Lucas Hopkins, pese a su oscuro episodio en el Gobierno federal, ocuparía una de las secretarías más delicadas, con mayor presupuesto ni mucho menos que a la cuñada de Pavlovich, le tocaría entenderse con el Instituto Municipal de Cultura en el Gobierno local y donde las casualidades tampoco existen. Un poco de mesura, de sana distancia entre el aprecio personal, familiar, grupal y el ejercicio público, es lo que siempre se le reprochó a Padrés. “La Gobernadora de la esperanza” está obligada desde antier, a no replicar tan desafortunado precedente.

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