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Política y medios

Contra todos los lugares comunes sobre lo que está ocurriendo en nuestra entidad, en la que se habla del alto bono democrático con el que llega el nuevo Gobierno, del poder democratizador ciudadano a través de las redes sociales, de una nueva era en la que jamás podrá ocurrir de nuevo la tragedia del padreísmo, lo que estamos experimentando es una especie de regresión civil, de “recesión democrática” en la que los principales indicadores sobre el Estado o salud de nuestra vida pública se encuentran en una situación de emergencia. En primer lugar, el nuevo Gobierno, desafortunadamente, no tiene como contrapeso a una sociedad civil organizada, ni a suficientes organismos plenamente ciudadanizados abocados a la vigilancia sobre el ejercicio de Gobierno que puedan significar un freno a los potenciales excesos de la nueva administración estatal. Lo que hemos visto en los últimos meses, salvo valiosas excepciones, ha sido la cooptación de varios movimientos sociales por las élites en pugna, incluso en movimientos masivamente bien intencionados como el “No más Impuestos”, en el que parte de la reducida dirigencia tuvo un amasiato con el tricolor. Por más legítimas que hayan sido varias de las demandas enarboladas por las organizaciones y por demás errática y torpe la respuesta del panismo en el poder, no pocos aceptaron gustosamente formar parte de los grupos de presión clientelar de los partidos dominantes. Es muy probable que la historia se repita y algunos de los que antes fueron “beligerantes”, ahora serán “lindos gatitos” del sistema. En segundo lugar, el Gobierno entrante tampoco tiene como contrapeso a una prensa crítica, incisiva, creíble, legitimada por su público. De nuevo caminamos aquí por el terreno de las siempre aplaudibles singularidades, pero lo que empezamos a observar, es una especie de reacomodo de las principales organizaciones mediáticas para unirse como en el pasado, al siempre aborrecible coro adulador. No hay que ser especialista en medios ni hacer un acucioso monitoreo del comportamiento de la prensa, sobre todo después del proceso electoral, para vaticinar lo que vergonzosamente viene. Algunos de los que se quedaron fuera de la jugada en el sexenio anterior, de la bolsa millonaria (deudora por cierto, pero simbólicamente millonaria) y que mantuvieron su rol de furiosa e instrumental oposición a la administración de Padrés, muy probablemente serán ahora, los más devotos defensores del nuevo Gobierno. ¿Por qué insistimos en la independencia de los medios como elemento fundamental para el desarrollo de nuestra democracia en pleno Siglo XXI?, simplemente porque pese a los millones de ojos, cámaras, oídos, voces que tenemos en las redes sociales, los medios profesionales, son los que deberían tener los recursos, la experiencia, el personal para poder darle seguimiento y difusión a posibles investigaciones periodísticas sobre: Corrupción, desvío de recursos, licitaciones amañadas, moches, ineficiencia, entre otros. No es que sean los únicos, ni tienen la exclusividad, además me podrán decir que existen muchos escándalos que han sido revelados y difundidos en redes sociales, estoy totalmente de acuerdo. Pero también hay que hacerse la pregunta: ¿Por qué en plena “revolución de las redes sociales” existe como nunca antes tanto despotismo, desfachatez, cinismo entre la clase política? Adicionalmente vemos un proceso amplio de despolitización entre las nuevas generaciones o simplemente creen que la política es confeccionar porras hacia uno u otro lado. También experimentamos en Sonora una quiebra moral absoluta en las instituciones de justicia, electorales, de derechos humanos, en los partidos, incluso en las instituciones académicas, en los grandes centros de pensamiento universitarios que deberían de arrojar luz sobre los grandes problemas sociales y en ocasiones sólo sirven de comparsa para reproducir temerosa y confortablemente el discurso establecido. Como lo dijimos en otra colaboración, el 73% de los potenciales electores no votó por el Gobierno electo, algunos celebraron la derrota de un Gobierno ajeno a los intereses de la gente, pero no creen que lo que viene, sea una fiesta democrática, por el contrario, muchos de ellos temen a la misma puesta en escena, pero con otro elenco de malos actores.

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