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Política y medios

Todavía recuerdo la cartelera del absurdamente derruido Cine Sonora, cuando de pequeño, caminaba por el centro y la marquesina anunciaba la cinta dirigida por Don Siegel y estelarizada por el carismático Clint Eastwood, “Alcatraz, Fuga Imposible”. Yo no conocía a Eastwood, ni a Siegel, pero sí el otro Alcatraz, la famosa Isla de los Pelícanos frente a Kino, que tanta impresión nos había causado cuando un par de años atrás, viajamos por vez primera vez al mar. De niño, también habíamos escuchado de prisiones temibles, como las legendarios Islas Marías, donde recluyeron a presos políticos como José Revueltas, además de otros personajes de ficción interpretados por Pedro Infante, quien junto con la talentosa actriz Rosaura Revueltas, curiosamente hermana del proscrito escritor, sólo aparecían recluidos en el oscuro melodrama de las películas nacionales, o en la decadente, pero realista estética del “Indio” Fernández. Mucho tiempo después, apareció el mito infranqueable de Almoloya otra supuesta prisión infalible, sobre todo, tras la captura de un carrocero alucín avecindado en Tijuana, supuesto asesino de Luis Donaldo. La fuga de “El Chapo”, a diferencia del Alcatraz de la Bahía de San Francisco, lucía totalmente posible, al menos el 70% de los mexicanos, según estudios de opinión, así lo pensaban. Muchos de ellos sostenían que Guzmán sólo estaba de paso, que desaparecería tarde o temprano, algo impensable, según la “candidez” del “peñanietismo”. El escape llega en un momento no del todo malo para un Gobierno que acaba de enfrentar elecciones intermedias, pero realmente malo para el balance sobre el estado de la Nación que pudiera ofrecer a media ruta. Fatal para una administración federal devaluada, errática, acusada de corrupción, vergonzosamente ineficaz, reprobada por el tema de la inseguridad y cuyo incipiente elemento legitimador que representó la captura de Guzmán a finales de febrero de 2014, le estalla prácticamente en el rostro. El escape generó toda una intensa ola da especulación, pocas veces visto desde la ciudadanía, conectando el accionar de las fuerzas federales y el combate a otros cárteles enemigos de Guzmán Loera. También de resaltar el asombro, admiración, respeto, entre otros aspectos que ha despertado en propios y extraños la imaginería del sinaloense y las posibilidades de resolver las cosas. Tal adulación ciudadana y los sentimientos encontrados que genera, da cuenta de la intensa irritación hacia el Gobierno federal, en un punto de quiebre impensable. La video comparecencia el martes del comisionado Rubido, deja entrever, más que un ánimo de transparencia pura, el tercermundismo en ascenso de quienes custodian la “paz social”. Dentro del desfile de improvisaciones, resultan imperdibles el rostro de azoro de la señora procuradora Aracely Gómez, cuando le toca posiblemente visitar su primera obra negra, sobre todo una tan célebre, encontrándose un impresionante conducto subterráneo a sus pies. De antología la tremenda sacudida y dura amonestación que el ahora oficialmente ex presidenciable Osorio Chong le endereza en el escenario de la fuga, a un sumiso comisionado de Seguridad, todo ante el lente de los paparazis nacionales que captaban la escena a distancia. Ante tales yerros y por el otro lado, un lamentable ingenio pos hollywoodense, pues que a nadie le sorprenda la lamentable veneración hacia “El Chapo” por amplios sectores de la población. Guzmán no es el conservador republicano Clint Eastwood, por supuesto, pero su fuga, asegura su inmortalidad, más allá del reconocimiento pleno de que la guerra, tras un hecho tan emblemático definitivamente la está perdiendo el régimen y la sociedad expectante. El desconsuelo del poder, es que la batalla final se libró en el “lado ciego” de un baño penitenciario con supuesta tecnología de punta. El problema es que con un truco parecido, con un túnel bajo una bañera ya los había avergonzado antes. Siempre puede ser tarde para reconocer una derrota de tal magnitud, pero el decir envalentonado, no hay vuelta atrás, suele ser de los necios, también de algunos irresponsables.

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