Política y medios
Nunca como antes, las grandes corporaciones mundiales se habían interesado en contratar a tantos profesionistas en relaciones internacionales, politólogos, sociólogos. Ahora por sus pasillos, junto a los tecnócratas de siempre, deambulan especialistas en Medio Oriente, Asia, así como economistas con una orientación más geopolítica que de orden financiero. Los señores del dinero global están nerviosos sobre el futuro, intentan aferrarse a una ilusoria esfera mágica que les ayude a predecir lo que sucederá en varias regiones del planeta. La extrema volatilidad política sobre la que se ha instalado el capitalismo del siglo XXI, amenaza con devorar con un apetito más que destructor su contradictoria creación. En un artículo para la prestigiada publicación estadounidense The Atlantic Monthly, titulado “La desintegración del Mundo”, la ex editora del Financial Times y ahora congresista canadiense, Chrystia Freeland, afirma que el sistema político mundial de la posguerra se está resquebrajando y el futuro que viene podría ser de alta volatilidad, sobre todo para las grandes corporaciones. Ahora muchos ejecutivos de las multinacionales, se preguntan ¿dónde quedó el entusiasmo hacia el libre mercado que surgió en todo el planeta tras el colapso de Europa del Este? ¿Dónde está ahora la devoción hacia los valores y reglas occidentales que inspiraba la promesa de una economía global, sin fronteras, totalmente interconectada? De igual manera, los centros del poder económico se están desplazando aceleradamente hacia otras partes del planeta. Desde los años ochenta se nos decía que China, con su gran disciplina, conocimiento ancestral, impresionante población y un sistema político militar que de comunista sólo tenía el nombre y las formas heredadas de represión del estalinismo, se convertiría en una potencia económica que podría disputar la hegemonía mundial a Occidente. Recuerdo que esos pronósticos nos los revelaba nuestro maestro de historia en “La Prevo” en 1983. Todos pensábamos que el profesor alucinaba, pero de manera seria y contundente, cada mañana soltaba libremente sus vaticinios. Nosotros, chamacos de 13 ó 14 años, acostumbrados a escuchar del poderío en todos los órdenes de los Estados Unidos, de la fortaleza marcial de los soviéticos, no dábamos crédito. Según las proyecciones de los académicos Homi Kharas and Geoffrey Gertz, autores del texto “The New Global Middle Class”, China será el país donde el crecimiento de la clase media será exponencial en los próximos años y en la región Asia Pacífico se concentrará en sólo quince años más, en el 2030, el 66% de todos los clase medieros del mundo. Lo anterior traerá un efecto importante en el precio, distribución, adquisición de diferentes bienes a los cuáles no podían acceder la mayoría de sus mil 400 millones de habitantes. También las altas posibilidades de consumo de China o la India, contribuirán junto a Occidente, a generar una espiral depredadora ambiental nunca antes vista, misma que podría jugar tardíamente en contra de sus instigadores y facilitadores, es decir las corporaciones multinacionales que fortalecieron, con especial énfasis en China, su sistema político y social, exportando millones de puestos de trabajo. Tan sólo en China, se espera que en el cercano año de 2021 existan 650 millones de consumidores de clase media. Interesante el dato, porque hace tres años, en 2012, “apenas” rasguñaban los 150 millones. Latinoamérica será una de las grandes zonas perdedoras del nuevo reparto global, sus clases medias representarán sólo el 6% mundial, los Estados Unidos también experimentará un bajón importante, al pasar su clase media del 18%, a sólo el 7% en 2030, mientras que Europa, en pleno tobogán, pasará de una participación mundial del 36% en 2009, a sólo el 14% en la tercera década del siglo XXI. Pero mientras el resto del mundo se viene abajo, los barones del capital sólo alcanzan a preguntarle ahora a sus costosas esferas de predicción humanas, sí en quince años más, las condiciones geopolíticas y ambientales permitirán jugar tranquilamente al golf en Shanghai, o conseguir una langosta fresca en Nueva Delhi. Para ellos, todo seguirá siendo prácticamente posible.
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