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Política y medios

No tengo la menor idea de lo que ocurrirá el domingo, al menos, no del resultado en muchas elecciones cerradas, pero sí de muchas posibles escenas desafortunadamente insustituibles, decadentemente tradicionales el día de la jornada electoral, escenas de impudor y de liviandad política, en el que el perder el poco estilo, el escaso porte, no importa, perder o ganar el poder, vaya que importa, y mucho. No hace falta ser clarividente para ver que los batallones rojos y azules se van a dar macizo, posiblemente hasta con el desdichado caballito del carrusel electoral. Tampoco que desde muy temprano, en las colonias populares (usted nomás siga implacable la pista del olfato), serviciales señoras con suculento sazón, con toda la cándida amabilidad local, deleitarán a cientos de comensales con taquitos de cabeza, tamales, menudo, todo listo para que salgan a votar con el estómago bien contento. Que decir de los trabajadores del volante, los taxistas que ya esperan una ocupada jornada el domingo. Saben que en 48 horas, durante los dos largos días de “ley seca”, difícilmente llevaran parroquianos a los lugares de “rompe y rasga”, pero ya comparten desde las distintas centrales gremiales, mapas y rutas para hacer el rol de “buenos samaritanos”, transportando a personas de la tercera edad, o a quien se deje, a los centros de votación. Listos ya los asoleados “chamacos propagandistas”, la mayoría menores de edad que se ganaron el sustento vacacional bailando desganadamente en los cruceros, repartiendo hielitos o camisetas partidistas, de esas que agarra la gente con pena, dizque “para lavar el carro”. Ahora, no sólo les pedirán hacer “bulla”, sino subirse a otro nivel, a la tarea contrarreloj de arrastrar votantes a las urnas. Todo esto transcurrirá con seguridad el domingo, como cualquier domingo de elección en los últimos tiempos en Sonora. De nueva cuenta, como en recientes comicios, intentaré salir a ejercer mi derecho al sufragio, sabiendo con sobradas razones por quien no he de votar, pero con muy escasas razones para votar por alguien. No soy necesariamente “anulista”, pero hasta el momento, el linchamiento hacia ellos por parte de los partidos y analistas políticos me ha parecido excesivo, como si fueran “ciudadanos de lento aprendizaje”, “zombies de fuerzas oscuras”, tal como absurdamente lo sostiene cierto sector de la “izquierda” electoral, totalmente desesperada al no poder convencer a muchos electores críticos con el actual sistema político- electoral con ideas, y sobre todo, con verdadera congruencia democrática. Lo que sí es un hecho es que hoy 5 de junio, de nueva cuenta, deseablemente ajeno a lo electoral, más no al airado reclamo hacia la clase política, los hermosillenses saldremos de nueva cuenta en grandes números para recordar a los 49 niños de la guardería ABC. Aquí no hay acarreo mercantilista, compra de voluntades, espacio para los mercenarios de la política, o comercio impune de las necesidades. Aquí se milita con el dolor, se confeccionan artesanalmente los instrumentos de la protesta, se sale a desafiar los 46 grados de la agobiante tarde con el mismo deseo ardiente de justicia de hace más de dos mil días. Hoy, estoy seguro, que ese mismo anhelo se podrá escuchar, se podrá percibir, se podrá palpar ardorosamente. Faltan pocas horas y puedo escuchar los tambores en duelo, las campanas repicando recio, sónicamente, aturdiendo a la memoria, pero no lo suficiente para provocar amnesia alguna. El circo electoral, por fortuna, aún queda lejos del activismo verdadero. Hoy de nueva cuenta, ¡ABC, ni perdón ni olvido! El domingo celebrarán, los mismos de siempre, espero que tras el insufrible festejo, no vengan a tocar mi puerta para su “pos fiesta”, tampoco quiero que me salgan con que: “Ganó el pueblo”, prefiero no formar parte de tan contradictoria proeza.

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