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Juan Pablo II y los cristianos ortodoxos

El viaje del Sumo Pontífice por Grecia, Siria y Malta ha dado ocasión para replantear y repensar las relaciones de la Iglesia Católica con la Iglesia Ortodoxa, sin lugar a dudas la más cercana al catolicismo de las iglesias cristianas. El gran cisma que dividió a los ortodoxos del catolicismo tiene ya casi mil años. En la televisión se ha podido ver a Juan Pablo II dialogando con dignatarios vestidos con negras sotanas, barbados y con un tocado de forma rectangular en la cabeza; se trata de obispos y sacerdotes, tanto ortodoxos como católicos de rito oriental. Importa conocer un poco la historia y las peculiaridades de cada uno, para entender las palabras y el periplo papal. En Atenas, frente al arzobispo Christodoulos, líder de la Iglesia Ortodoxa Griega, el Obispo de Roma pidió perdón a sus hermanos ortodoxos: "Por ocasiones pasadas y presentes, en las que hijos e hijas de la Iglesia Católica han pecado de obra u omisión contra sus hermanos y hermanas ortodoxas, el Señor nos conceda el perdón que le suplicamos", oró el Papa polaco. La historia es muy antigua y se remonta a la transferencia del poder eclesiástico, de Roma a Constantinopla, siguiendo al poder civil y militar de la época, que trasladó la sede del Imperio Romano hacia la ciudad que ahora conocemos como Estambul. A fines del siglo V de nuestra era las presiones de los bárbaros en contra de Roma fueron decisivas para la caída del Imperio de Occidente y el surgimiento de Constantinopla como la capital del mundo en ese entonces conocido. El poder, y el prestigio, del Papa de Roma comenzó a menguar y, simultáneamente, la figura del Patriarca de Constantinopla fue adquiriendo prestigio y autoridad, por estar en el centro del mando político, civil y cultural de aquellos años. Las fricciones fueron inevitables y se dieron intermitentemente desde el siglo V hasta al XI, cuando las cabezas de ambas iglesias se excomulgaron mutuamente. A partir de entonces cada una se considera a sí misma la verdadera, no en balde ortodoxo significa "el que cree correctamente". Ambas iglesias fueron desarrollando tradiciones cristianas distintas a lo largo del milenio pasado. Probablemente la más determinante ha sido que la ortodoxia es una confederación de iglesias locales, de diócesis, en las cuales el Obispo tiene la autoridad y se considera uno entre iguales con los otros dignatarios de mayor prestigio, como son los arzobispos y los patriarcas. En la ortodoxia los sacerdotes pueden estar casados, pero sólo se consagran obispos aquellos curas que son célibes, o viudos. El perdón al que aludió el Pontífice romano se refiere a las matanzas que los cruzados realizaron, en su camino a Tierra Santa, en contra de las comunidades de cristianos ortodoxos que encontraron en su camino. Aquellos ejércitos, ignorantes y fanáticos, consideraban infiel a todo aquel que fuese diferente y no se tentaron el corazón para masacrar a comunidades enteras de cristianos no católicos que encontraron en el Medio Oriente. El colmo fue el saqueo de Constantinopla realizado por los ejércitos de los cruzados occidentales en 1204. En ese tiempo las relaciones tirantes devinieron francamente hostiles y pasaron nueve siglos, hasta 1965, para que las cabezas de cada Iglesia levantaran la excomunión que sus predecesores se habían lanzado. Ahora, treinta años después, Juan Pablo hace penitencia y reconoce los pecados de los católicos en contra de los ortodoxos. Eso puede presagiar un nuevo impulso hacia un ecumenismo que tuvo su punto más alto en el pontificado de Juan XXIII. Es interesante destacar que no todos los cristianos del Medio Oriente desconocen la autoridad papal. Desde muy pronto después del cisma ortodoxo algunos obispos de la región eligieron permanecer bajo la potestad del Obispo de Roma. Este, a su vez, reconoció como válidas las diferencias en el ritual y se fueron conformando así las Iglesias de Rito Oriental, muy semejantes en la superficie a las ortodoxas. Como ellas, los sacerdotes católicos de rito oriental sí pueden casarse, pero sólo los célibes pueden aspirar al episcopado. Hay en el catolicismo cinco ritos orientales: El bizantino, el alejandrino, el de Antioquía, el de Caldea y el armenio, y más de diez millones de católicos orientales pertenecen a alguno de sus ritos. Es un esfuerzo por reconocer la historia, por enfrentarla y aceptar los yerros que el catolicismo cometió. Es un paso a una posible transformación. Ernesto Camou Healy Dr. en Ciencias Sociales, Mtro. en Antropología Social y Lic. en Filosofía; Investigador del CIAD, A.C de Hermosillo.

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